—En su último libro, “Bukele, el rey desnudo”, hay una imagen que remite al cuento de Hans Christian Andersen, cuando alguien dice en voz alta lo que todos veían y nadie quería decir: “El rey está desnudo”. ¿Qué quiere decir con esto del rey desnudo para el caso del presidente del Salvador? —Es una referencia a ese cuento y no necesariamente algo directamente explícito y literal, pero sí me parece que es eso: Bukele, que todavía trata de mantener algunos rasgos democráticos, como ahora, que ha anunciado que va a haber elecciones, que son unas elecciones, bufas. Bukele todavía está compitiendo por una precandidatura interna del partido que controla plenamente y va a lanzar unas elecciones en 2027, una dictadura, a mi criterio y al criterio del periódico, como lo hemos expuesto editorialmente, que él va a ganar. Es decir, lo que estamos es ante algunos maquillajes de algo que aún pretende venderse como una democracia, cuando Bukele, creemos que en ese sentido sí es el rey desnudo. Bukele es, así empiezo el libro diciéndolo, un dictador, alguien que ha controlado todos los poderes del Estado utilizando lo que le otorgaron en las urnas de forma legítima, lo ha utilizado de forma ilegal para, por ejemplo, sustituir al fiscal general de la República, que lo investigaba; a la Corte Suprema de Justicia, que hizo una reinterpretación cantinflezca para decir que él sí podía reelegirse, etc, etc. —Ahora, Bukele militó casi diez años en el partido de izquierda salvadoreño, antes de romper con él y fundar su partido, Nuevas Ideas. ¿Qué quedó de esa etapa, esa forma de actuar y de ejercer el poder? ¿Qué implica ese salto radical de izquierda a derecha?