El presidente catamarqueño Ramón Castillo recibía insoportables presiones para que el país rompiera la neutralidad en la Segunda Guerra Mundial, mientras el resto de América Latina expulsaba embajadores del Eje. Una de las formas de resistencia de Castillo fue el off the record con los periodistas. Uno de los más importantes, Félix Laíño, de La Razón, había sido su alumno cuando él era profesor de Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Lo invitó a la quinta presidencial, lo subió al auto junto con su nieto y fueron a la playa de Olivos. Bajaron el chofer y el nieto del presidente, y ellos se quedaron hablando en el auto con la puerta abierta para que entrara el aire. Ahí le explicó que Inglaterra le había pedido informalmente que no ingresara a la guerra para asegurar el aprovisionamiento marítimo y le sugirió que ese escándalo resonaba en Buenos Aires pero no en el resto del país. Castillo necesitaba que Laíño viera el mundo desde sus ojos. La prensa es una gran herramienta para los presidentes, pero también para sus opositores. Gran parte del arte de gobernar es la muñeca que se tiene con los periodistas.

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