Construyendo ideasDurante años hemos medido el desarrollo por la cantidad de obras que inauguramos, cuando quizá deberíamos medirlo por nuestra capacidad para conservarlas.

Las cosas no se arruinan de un día para otro. Se arruinan cuando dejamos de cuidarlas.

Lo mismo ocurre con una carretera. Con un puente. Con una escuela. Con un hospital. Y, muchas veces, también con un país.

Cada invierno los guatemaltecos volvemos a enfrentar la misma escena: derrumbes, carreteras dañadas, puentes con restricciones, drenajes colapsados y comunidades incomunicadas. La lluvia suele llevarse toda la culpa, pero la realidad es otra. Ninguna carretera colapsa por una tormenta de un solo día; las lluvias únicamente hacen visible el deterioro acumulado durante años.

Durante años hemos medido el desarrollo por la cantidad de obras que inauguramos, cuando quizá deberíamos medirlo por nuestra capacidad para conservarlas.