12 de junio, 2026 - 07h30Hay sociedades que se distinguen por la magnitud de las obras que construyen. Otras destacan por la capacidad de conservarlas. En Ecuador, ha llegado el momento de hablar más sobre esta segunda virtud, la cultura del mantenimiento. Cuando pensamos en progreso, solemos imaginar nuevas carreteras, hospitales, escuelas o sistemas de infraestructura. Pero pocas veces reconocemos el valor de quienes trabajan para que aquello que ya existe continúe funcionando de manera segura. Mantener rara vez genera titulares, pero su ausencia termina afectando la calidad de vida de millones.La ingeniería ha demostrado por décadas que el mantenimiento preventivo es más eficiente que la reparación tardía. Estudios internacionales coinciden en que intervenir oportunamente reduce significativamente los costos futuros asociados a reemplazos, rehabilitaciones o interrupciones del servicio. En otras palabras, cuidar a tiempo cuesta menos que reconstruir después. Pero este no es únicamente un asunto técnico o presupuestario. Se trata de una cuestión cultural. Una sociedad que valora el mantenimiento comprende que los recursos son limitados y que cada inversión representa el esfuerzo colectivo de los ciudadanos. Cuidar lo que tenemos es una forma de respeto hacia ese esfuerzo.La cultura del mantenimiento puede empezar en acciones sencillas, como conservar los espacios públicos, utilizar responsablemente los servicios básicos, proteger el mobiliario urbano o enseñar a los más jóvenes el valor de la prevención. En el ámbito institucional, implica planificar con visión de largo plazo, establecer cronogramas adecuados de intervención y entender que el éxito no solo radica en inaugurar una obra, sino en garantizar que siga prestando un servicio adecuado muchos años después. Esta reflexión también puede trasladarse a otros aspectos de nuestra vida. Mantenemos nuestra salud mediante chequeos preventivos, fortalecemos nuestras relaciones a través del diálogo constante, desarrollamos nuestras capacidades mediante el aprendizaje continuo. Esperar a que aparezcan los problemas para actuar suele resultar más costoso que prevenirlos.Quizá por eso el mantenimiento representa una de las expresiones más maduras de la responsabilidad. Exige disciplina, constancia y una comprensión profunda del futuro. A diferencia de las decisiones impulsivas, sus resultados no siempre son inmediatos ni visibles. Pero son precisamente esas acciones silenciosas las que sostienen el bienestar cotidiano de las comunidades. En tiempos en los que se habla con frecuencia sobre innovación y transformación, vale la pena recordar que avanzar no consiste únicamente en construir. También implica preservar aquello que funciona, corregir oportunamente aquello que se deteriora y transmitir a las nuevas generaciones el compromiso de cuidar lo que reciben. Tal vez el verdadero desarrollo no deba medirse solo por la cantidad de obras que un país es capaz de ejecutar, sino también por su capacidad para conservarlas y hacerlas perdurar. Porque mantener no es quedarse en el pasado: es proteger el futuro. (O)
José Luis Sampietro Saquicela: La cultura del mantenimiento | Columnistas | Opinión
(...) cuidar a tiempo cuesta menos que reconstruir después. Pero este no es únicamente un asunto técnico o presupuestario.










