"Yo no soy escritor", repetirá un par de veces Unai Sordo durante la entrevista. Aparentemente, no lo es: todo el mundo sabe que él es el actual secretario general de Comisiones Obreras (CCOO). Sin embargo, tras publicar Al norte (Hoja de Lata Editorial), su primera novela, Sordo muestra hechuras de buen literato. El escritor lo lleva dentro.PublicidadAunque ya había publicado un libro de relatos en 2023 —Cuentos con oficio (Catarata)—, en su debut en la novela el líder de CCOO demuestra conocer el terreno que pisa. Sordo maneja con soltura los códigos de la literatura para contar dos historias paralelas que convergen en un final inesperado. Al norte aborda los problemas del mundo laboral, pero es también un fino ejercicio de memoria en el que, con gran pulso narrativo, Sordo entreteje historias humanas sobre la familia, la emigración o la venganza. Todo ello, además, aderezado con tintes de thriller y de novela negra en una narración que mantiene enganchado al lector. ¿De dónde le viene su vocación literaria?Es verdad que vocación literaria en el sentido estricto no es que haya tenido nunca, pero desde chaval siempre me ha gustado escribir. La afición me viene de toda la vida. Yo siempre me recuerdo escribiendo cosas sin mayor pretensión. De hecho, siempre escribo los textos relacionados con mi actividad en el sindicato, pero la ficción es un tema más complicado.¿Cómo nace Al norte?En los últimos años había hilvanado varias ideas para hacer relatos cortos. Eso me animó a armar una novela. En principio quería que fuera corta, aunque al final ha sido menos corta de lo que estaba previsto. Pero hasta que no se me ocurrió el final no tenía muy claro escribirla. Todo cobró sentido cuando de repente vi el final.¿Quiénes son sus referentes literarios?Me han preguntado mucho sobre ello. Si tengo que citar alguna influencia a la hora de escribir la novela, yo diría que el escritor gallego Domingo Villar. Siempre me ha gustado ese tipo de autores que van construyendo tramas con lazadas abiertas y que en la parte final de la novela enlazan todas ellas. Ese era el reto que me había marcado para esta novela.PublicidadComo la cabra tira al monte, usted escribe una novela sobre el mundo del trabajo, la explotación y las enfermedades profesionales, en concreto sobre los estragos del amianto.Yo no soy un escritor y creo que no tendría capacidad —o en todo caso necesitaría mucho más tiempo para hacerlo— de escribir ficción sobre algo que no tuviera nada que ver con mi vivencia estrictamente personal y profesional. Aunque es ficción, escribo mezclando recuerdos y elementos que yo conozco bien, hasta desde el punto de vista geográfico. No creo que fuera capaz de construir una novela ubicada en un manglar del Caribe, por ejemplo¿Cómo logra convertir una temática que de entrada se presta tan poco a la literatura en material literario?Yo sí creo que hay temáticas laborales que tienen un potencial narrativo enorme en términos literarios. Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con las enfermedades profesionales. Recuerdo un trabajo que hicimos hace años en Euskadi entrevistando a trabajadores que habían sufrido directamente enfermedades profesionales. En todas las entrevistas los trabajadores aludían mucho a la experiencia personal, familiar y vital. Y puedo asegurar que en muchos de esos casos la realidad superaba ampliamente a la ficción. Y ahí yo veo siempre un punto emocional que a veces utilizamos poco en el ámbito sindical y político. La emoción da mucho más sentido a los mensajes políticos. Unai Sordo: "Los conflictos de clase aparecen de forma permanente en todas las historias de la novela"En este sentido, la trama que construye sobre los trabajadores extranjeros que trabajan en Países Bajos en plataformas de logística y son controlados por un algoritmo es muy novelesca, casi distópica.La historia que aparece sobre los emigrantes económicos españoles en los centros logísticos del centro de Europa está basada en un informe real y en entrevistas reales. Cuando lo leí hace ya unos cuantos años me pareció una absoluta distopía. En esa trama hay cosas reales y otras ficcionadas.Publicidad¿Es Al norte una novela sobre el conflicto de clase?Sí, los conflictos de clase aparecen de forma permanente en todas las historias de la novela. Pero me interesaba mucho que el libro no tuviera un tono panfletario, aunque reivindicara la labor de los sindicatos en el mundo del trabajo. Tampoco quería escribir una novela maniquea donde el empresario es absolutamente perverso, maligno y demoníaco y el trabajador, un ser de luz. Quería describir la complejidad humana, incluso en situaciones que, por ejemplo, el empresariado vasco ha vivido en el pasado: por un lado, existían situaciones de explotación como las que aparecen en el libro, pero por otro muchos empresarios vascos eran extorsionados por ETA con el llamado impuesto revolucionario.Este también es un libro sobre la venganza. ¿La venganza nos hace más humanos?La venganza es una pulsión que también tiene que ver con la lucha de clases, pero al mismo tiempo es una pulsión que hay que controlar para seguir siendo civilizados. La pulsión vengativa que aparece en el libro está continuamente matizada hasta el final. La venganza tiene un potencial narrativo enorme y ayuda a comprender la reacción de algunos personajes del libro ante el drama que les toca vivir. En la novela usted contrapone dos mundos laborales: el del siglo XX, con los sindicatos presentes, frente a otro en el que un algoritmo decide cómo y cuándo se trabaja, y donde no aparecen las organizaciones sindicales. Al contraponer la relación laboral industrial fordista a la relación laboral regida por el algoritmo, intento también describir formas de vida distintas. Por un lado, tenemos la forma de vida del pueblo, o de la comarca, vinculada a la fábrica y luego esta forma absolutamente impredecible de estas nuevas generaciones. Y en efecto, la acción sindical aparece de una forma muy arquetípica en el primer caso y en el segundo no aparece. Esa contraposición es perfectamente consciente. ¿Por qué? Porque, primero, la trama ambientada en Países Bajos y el uso del algoritmo está basada en un hecho real y, segundo, porque quería darle un velo de distopía en el que no aparecieran los sindicatos. Lo hago a propósito para resaltar toda la potencialidad negativa que tiene el uso perverso del algoritmo de la Inteligencia Artificial en las relaciones laborales.Unai Sordo: "El uso perverso de la Inteligencia Artificial puede dejar la ley laboral en papel mojado"¿La irrupción de la Inteligencia Artificial en el mundo del trabajo puede reconfigurar el papel de los sindicatos en el futuro?Ese es uno de los grandes retos que tenemos por delante los sindicatos, el de cómo intervenir en sectores laborales donde la organización, la gestión del trabajo o incluso la vida, como es el caso de la novela, no dependen de un humano, sino de una herramienta que de forma aparentemente neutral organiza todo eso. Pero en realidad esa herramienta no es tan neutral. En la novela se juega mucho con eso, pero es que eso es precisamente lo que está ocurriendo en el mundo: el algoritmo no programa, no decide y no acumula datos de una forma neutral, sino que lo hace en función de unos intereses. El algoritmo de Glovo tiene en cuenta unas variables, pero no tiene en cuenta otras. El uso perverso de la Inteligencia Artificial puede dejar la ley laboral en papel mojado. ¿Le preocupa la pujanza de la Inteligencia Artificial, sobre todo en el mundo laboral? En la actualidad la Inteligencia Artificial ya está generando unos sesgos de desigualdad tremendos. Hay datos que aparecen en el libro que son ciertos. Más del 70% de los currículum vitae que llegan a las empresas no los ve ningún ojo humano. Es la Inteligencia Artificial la que toma decisiones que pueden tener unos sesgos de desigualdad que directamente incumplan la ley. Me refiero a sesgos de género o de raza o del barrio donde vivas, que sirven para descartar al candidato o candidata. Y todo esto ya no se hace con un criterio que tú puedas denunciar ante un juzgado, sino que nos la muestran como una fórmula aparentemente técnica y aparentemente neutral.La novela es también un ejercicio de memoria en el que la familia, las mujeres empoderadas y la emigración interior la España de los años 60 y 70 del siglo XX están muy presentes.Eso tiene mucho que ver con mi propia biografía. Al final lo que hago es poner en narrativa historias que he oído en mi casa durante toda la vida. Mi madre y mis tías salieron del pueblo con 15 años para servir en Madrid o en Bilbao. Sobre los tiempos pasados, dice usted en la novela que ahora se tiende mucho a idealizarlos, que fueron buenos pero que también fueron duros. Estamos ante una reinvención retrospectiva de la historia que, en mi opinión, tiene mucho que ver con la realidad reaccionaria que vivimos. Ahora nos dicen que en esa época, cuando yo era un niño y un adolescente, vivíamos un tiempo idílico y en una sociedad aparentemente más segura. Esa visión no se compadece para nada con la realidad, al menos con la realidad que vivían las clases populares en los barrios en aquellos años 70 y 80. Eso es algo que me enerva. Cuando oigo hablar de la seguridad de los años 70 o de los años 80 me pregunto dónde vivía esta gente, porque yo, que nací en 1972, recuerdo aún lo que era la heroína o lo que suponía salir con 50 pesetas a la calle. No volvías con ellas. O recuerdo que te despedían y te quedabas sin nada. España era entonces un país infinitamente peor que el actual.