Decía el padre Brown, el sagaz cura detective creado por Chesterton, en una de sus novelas (El oráculo del perro ) que cualquier cosa que opine el menos autorizado afirmando su sentido profundo, se propaga indefinidamente como una pesadilla. Así que el padre Brown nos avisa de que cuando se tiene más fe en los hombres que en Dios, se pierde el sentido común y se extravía el sentido de la realidad. Escuchando las cosas que dijo esta semana el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, en un curso de verano de la Fundación Pablo VI, a uno le gustaría que religioso tan principal fuera tan humilde, tan comedido y tan misericordioso como el padre Brown.El presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello ACNArgüello, que ha impartido clases en el think tank de Vox y que compartió un foro con uno de los líderes de esta formación, ha provocado un choque con el Gobierno al tacharlo de “banda de ladrones”, palabras que han incomodado a un sector de la propia Iglesia católica, como ha dejado claro el presidente de la Conferencia Episcopal Tarraconcense, Joan Planellas, que las considera fuera de lugar y que hablan por si solas.El presidente de los obispos no es que no lea a Chesterton, es que no escucha al PapaHaría bien el prelado palentino en tener mas fe en Dios que en los hombres, como aconsejaba el padre Brown, sobre todo cuando estos están lejos de las palabras de San Agustín, que Argüello retorció para lanzar su diatriba y tan en las antípodas de las que pronunció el papa León XIV en el Congreso, pidiendo contención y menos ruido en la política.Pero, más allá de sus ataques al Gobierno –es posible que se sintiera interpelado por el aznariano “quien pueda hacer que haga”–, también dijo en el curso de verano que los inmigrantes tienen deberes a la hora de su integración, cuando lo que aprenden deprisa es el camino de los derechos y criticó que las democracias liberales se hayan “convertido en democracias asistencialistas”, en las que se da “una paguita” porque les interesan ciudadanos pasivos comprados por las subvenciones: “El Estado no ha de convertirse en una Cáritas laica que da limosnas”.Es fácil imaginarse la cara de un Papa que se ha ido a rezar a Lampedusa al leerlo. Tampoco entendería el padre Brown que Argüello se olvidara de la misericordia en su alocución en el curso.