En su todavía muy pertinente ensayo de 1949 Apuntes sobre la novela policiaca, Raymond Chandler dictaminó, con esa vehemencia que lo caracterizaba: “La situación inicial y el desenlace [de un relato policial] deben tener unas motivaciones verosímiles. Deben mostrar los actos verosímiles de personajes verosímiles en una situación verosímil, recordando, además, que la verosimilitud depende en buena parte de un problema de estilo”. Y luego precisó: “…la verosimilitud es un cuestión de efecto, no de hechos”.

Si traigo a cuento al autor de El sueño eterno y sus consideraciones sobre la verosimilitud en literatura, específicamente en el género policial (cuestión que no debe confundirse con un ejercicio de reproducción mimética de la realidad), es porque en la contratapa de la novela El señor Bowling compra el periódico, publicada en 1943 por el británico Donald Henderson, los editores de su recién estampada traducción española citan al autorizado Chandler cuando afirmó que este es “uno de los libros más fascinantes escritos en los últimos diez años. Todos los que lo han leído en mi limitado círculo, están de acuerdo conmigo”. Pero es que, a primera lectura de esta novela semejante afirmación podría chirriar cuando la contrastemos con la exigencia sobre lo verosímil que proclamó el propio Chandler, aunque se salvaría si acatamos la precisión que el padre de Marlowe desliza al final: efecto, más que hechos. O sea, literatura, más que sucesos.