Actualizado Domingo,

julio

00:46Nick Cave ha agarrado todas las manos que ha podido, ha mirado a los ojos a todas las personas que ha encontrado en su campo visual, ha acercado el micr�fono a todas las bocas de la primera fila y ha animado a cantar cada verso de cada una de las canciones de su concierto en el festival Mad Cool. Porque esto, en realidad, no ha sido un concierto. Ha sido una celebraci�n colectiva, ha sido una comuni�n, una ceremonia, una experiencia m�stica. "Que dios os bendiga", dijo Cave al despedirse, tras dar las gracias un mont�n de veces.Qu� animal esc�nico, este Nick Cave que lleva m�s de 40 a�os explorando el potencial transformador de la m�sica. Como hombre espiritual, tiene la certeza de que la m�sica es un medio para conmover el alma y alcanzar un �xtasis religioso, y tiene la determinaci�n de intentar lograrlo cada vez que canta en directo una canci�n, ya sea una balada melanc�lica, un medio tiempo sinuoso o una furiosa descarga de ruido.Sus discos est�n muy bien en general; de hecho, algunos se encuentran entre las mejores grabaciones de rock de las �ltimas cuatro d�cadas y en conjunto forman uno de los cuerpos creativos m�s valiosos de su tiempo, pero es en los conciertos donde Nick Cave supera a�n m�s sus virtudes y cualidades. Ah� es donde defiende con m�s �nfasis su compromiso de crear algo aut�ntico, no una imitaci�n o una simulaci�n. Algo 'de verdad'.Es un compositor soberbio: un devoto de la artesan�a de las canciones que perfecciona con perseverancia cada resorte y cada parte de ellas, estudioso de la historia del rock, pero inquieto como el heterodoxo que siempre ha sido, y por lo tanto capaz de crear siempre algo nuevo y original. Pero ese dedicado currante de las canciones que puede pasar meses dando vueltas a una armon�a, a un arreglo o al verso de una letra, buscando una expresi�n art�stica fuerte, profunda y hermosa, se supera a�n m�s cuando llega el momento de la interpretaci�n en directo, y convencido del poder de la espontaneidad, canta sus canciones con la pasi�n de intentar convertirlas en un momento irrepetible. En directo cambia sus prioridades: la m�sica entonces deja de ser un acto creativo (aunque los Bad Seeds tocan con un rigor y una destreza descomunales), para convertirse en una emoci�n compartida. En una celebraci�n colectiva en la que intenta que cada persona presente salga fortalecida y m�s viva. Como un predicador enardecido con los brazos movi�ndose sin descanso como si estuviera lanzando cada palabra y cada frase, Nick Cave se ha movido sin parar por el frente del escenario, pegado a las manos de las hechizadas personas de las primeras filas. Cantando con potencia y decisi�n, interpretando teatral. El australiano cree que la m�sica eleva el alma de quien la escucha. No lo cree: lo sabe. Sabe que el alma del oyente puede alcanzar un momento trascendental gracias a la m�sica, y sabe que puede conseguirlo si no est� solo, porque quien canta junto a otros se siente m�s fuerte y se siente mejor (de ah� el cuarteto g�spel que le ha acompa�ado en la mayor parte del concierto). Esto es algo que ha demostrado la ciencia, as� que incluso en un festival, que es como celebrar una misa en un centro comercial, incluso aqu� en Mad Cool, el intenso, emotivo y ya casi septuagenario Nick Cave ha subido al escenario con la determinaci�n de elevar el alma de 58.000 personas con canciones sobre el sufrimiento, el duelo, el amor, la belleza y, sobre todo, la alegr�a de estar aqu� y ahora.As� ha sido: una actuaci�n fant�stica, pero sobre todo una experiencia trascendental.Esta nueva visita de Nick Cave junto a los prodigiosos Bad Seeds, todos de traje oscuro y camisa blanca, es una extensi�n de la gira de Wild God, que ya pas� por Madrid y Barcelona en 2024. El repertorio de esta noche ha sido similar al de entonces, con varias canciones de ese disco cat�rtico (vale, todo ha sido siempre catarsis en Nick Cave), de 'Carnage' y del ambiental 'Ghosteen', temas inspirados en la muerte accidental de su hijo Arthur, tragedia ocurrida en 2015, cuando el chico ten�a 15 a�os. Junto a ellas, ha recuperado composiciones de los a�os 80 (Train Long-Suffering y las casi inevitables The Mercy Seat, From Her to Eternity y Tupelo), de los 90 (Red Right Hand, la versi�n de Henry Lee, Papa Won't Leave You, Henry', The Weeping Song) y ya de este siglo (Get Ready for Love, O Children, Jubilee Street), todas ellas recreadas con una textura extra: lo que fue siniestro y oscuro, ahora se manifiesta con un aspecto luminoso, con menos ruido y m�s teclados.El concierto ha tenido varias explosiones de rock en llamas y trances de intensidad m�xima que agarraba como un caballo salvaje y que manten�a arriba durante minutos y minutos, pero ha terminado con la balada Into My Arms, la m�s refinada y perfecta de sus composiciones. Qu� forma m�s incre�ble de cerrar. Solo en la noche al piano de cola, Nick Cave ha animado a cantar a todo el p�blico junto a �l esta letra de amor rendido y su melod�a, que parec�a ascender por encima de las cabezas. A fin de cuentas, este no era un concierto, sino una comuni�n: una celebraci�n del amor y de estar aqu� y ahora.Nick Cave ha sido el cabeza de cartel de la cuarta y �ltima jornada de Mad Cool. El festival madrile�o ha celebrado en 2026 su d�cimo aniversario con la mejor de sus ediciones: muchos buenos conciertos de varios estilos musicales, casi todas las 58.000 entradas diarias vendidas y sin incidencias de seguridad. Al cierre de esta edici�n a�n quedaban por actuar otros dos grandes nombres del cartel del s�bado, Pulp y David Byrne.