Cuando Diana y Andrés decidieron casarse, eligieron un testigo peculiar para la ceremonia civil: Luna, una perra pequinés que estampó su huella en el acta de matrimonio, una práctica impulsada por el Registro Civil de Ecuador.
Con la regulación del matrimonio “pet friendly” Ecuador se adelantó a la mayoría de países de Latinoamérica, en los que solo se aceptan testigos humanos. En Argentina y México se han registrado casos excepcionales por decisiones puntuales de las autoridades.
Aunque la huella de las patas no tiene validez legal, sí posee un valor sentimental para las más de 50 parejas que desde mayo han acudido con sus perros y gatos a las agencias del Registro Civil a nivel nacional.
“Que ella (Luna) esté aquí es realmente espectacular”, explica Diana Tupiza a la AFP tras la ceremonia oficiada en Quito.
Esta ingeniera en telecomunicaciones de 38 años indica que la idea de llevar a Luna como testigo fue de su esposo, Andrés Alquinga.










