El drama de los incendiosUn total de 64 personas perdieron la vida en un episodio tr�gico con algunos paralelismos con el drama actual en Almer�aDos aviones combaten el fuego en Pedr�g�o Grande (Portugal), en junio de 2017.EFEActualizado S�bado,
julio
16:49"Bolas de fuego. Todo era una bola de fuego". Es la imagen apocal�ptica que se grab� en la retina de los vecinos de la peque�a aldea portuguesa de Pobrais que, casi milagrosamente, se salvaron de la devastadora emboscada de llamas en el tristemente conocido como incendio de lacarretera de la muerte, que en 2017 se cobr� la vida de 64 personas. Fue aqu�l un a�o aciago en el que nuestro pa�s vecino y Grecia sufrieron las mayores cat�strofes de esta naturaleza en Europa en lo que va de siglo, con m�s de dos centenares de vidas perdidas entre las dos naciones por la fiereza de las llamas.Portugal tuvo que hacer frente en el a�o citado a 563.674 hect�reas ardidas. Pero en la mente de todos los ciudadanos lusos est� especialmente presente el incendio forestal de aquel mes de junio, que por desgracia tiene muchos paralelismos con la tragedia ocurrida ahora en Almer�a. El incendio, que coincidi� con una inusual ola de calor con temperaturas superiores a los 40 grados ambientales, comenz� en la villa de Pedr�g�o Grande y se extendi� con enorme rapidez por docenas de peque�as aldeas del �rea, como la mencionada Pobrais, por culpa de unas criminales rachas de viento que agigantaron la desgracia. La investigaci�n no pudo concluir de modo definitivo las causas que provocaron las llamaradas, aunque se cree que pudo iniciarlas una fatal tormenta el�ctrica.La mayor�a de las v�ctimas fueron personas que se vieron atrapadas por aquellas "bolas de fuego" dentro de sus coches cuando decidieron salir huyendo, en la carretera rural 236, que liga las aldeas de Figueir� dos Vinhos y Castanheira de P�ra. Apenas tuvieron tiempo de darse cuenta de que se encaminaban hacia una ratonera mortal en aquella carretera id�lica que discurre entre verdes bosques frondosos del interior de Portugal y en la que, sin embargo, en la noche de aquel 17 de junio s�lo dominaba el rojo infernal. De repente se vieron rodeados por las llamas. Nada pudieron hacer, nada pudo hacerse. Aunque es duro recordar c�mo muchas de las v�ctimas intentaron salvarse saliendo de los veh�culos con la presumible desesperaci�n de no saber hacia d�nde encaminarse. Y es que m�s de 20 cad�veres fueron hallados calcinados en los andenes de la carretera y en el bosque, donde hab�an intentado huir a pie. A otra treintena las llamas les devoraron dentro de los coches. La mayor�a quedaron completamente irreconocibles, como relataron desolados bomberos que jam�s hab�an afrontado un episodio de aquellas caracter�sticas. Debe tenerse en cuenta de que, seg�n los investigadores, se alcanzaron temperaturas de hasta 1.000 grados en aquella carretera de la muerte.La imagen de muertos calcinados, terriblemente dolorosa, se antoja comparable a la de quienes fueron sorprendidos en Pompeya en el siglo I por el rugido del Vesubio. Pobrais contaba entonces con 30 vecinos; 11 de ellos perecieron aquel d�a. El dato da por s� solo la magnitud de la hecatombe."Los que decidieron escapar en su coche y llegaron a la ruta, a la EN236, perecieron. Yo par� el coche. Lo abandon� y sal� corriendo antes de llegar a la carretera. Volv� por instinto", explic� a Cr�nica Armando Casinhas, uno de los supervivientes de la aldea, junto a su esposa Isabel Lopes, que pudieron contarlo gracias a una de esas decisiones que no puede explicarse por qu� se toman y que result� su salvavidas.En las mismas jornadas de luto nacional que vivi� Portugal, arreciaron las cr�ticas al Gobierno que entonces encabezaba Ant�nio Costa. Su gesti�n en materia de prevenci�n de incendios fue muy cuestionada. Y tambi�n se debatieron enormemente otras fallas durante los momentos de agon�a de los vecinos de la regi�n afectada por la falta de comunicaci�n de las autoridades sobre si deb�an refugiarse en sus casas o evacuar la zona. Aunque por momentos pareci� que la cabeza del propio Costa estuvo en el alero por aquella tragedia, finalmente la responsabilidad pol�tica se zanj� con la dimisi�n de su ministra de Interior. Hoy muchos portugueses recordar�n con especial sensibilidad aquel devastador incendio mientras les llegan las noticias del horror en Almer�a.












