El turismo, histórico motor económico de la península ocupada por Rusia, abandona una región que solo tiene recursos para cubrir las necesidades básicas

La península ucrania de Crimea, anexionada ilegalmente por Rusia en 2014, se encuentra en una situación crítica. Obstaculizadas sus dos únicas vías de acceso por los recientes bombardeos de Ucrania, la grave crisis de combustible que sufre Rusia alcanza un nivel extremo en este territorio enclavado en el mar Negro —con una población de apenas 2,4 millones de personas que solía duplicarse cada año por la llegada de turistas— que hasta ahora era un referente para los viajes de placer.

Las gasolineras han tenido prohibido durante semanas vender combustible a particulares y empresas —la prohibición se levantó parcialmente este sábado—, y prácticamente no queda un turista: así, la principal fuente de ingresos de la región está hoy seca. No solo por el temor de los visitantes a quedarse tirados en la carretera, sino por los constantes cortes de luz y los bombardeos ucranios contra instalaciones militares y energéticas.

Las autoridades rusas han anunciado este sábado la venta libre de combustible en 99 gasolineras de la península, mientras que en la mayor ciudad de la región Sebastopol, continúa su entrega con un código QR del que solo puede recibirse uno a la semana. Además, la escasez ha provocado que los precios se disparen: la gasolina se vendía este fin de semana a más de 200 rublos el litro, unos 2,3 euros, cuando está fuertemente subvencionada por el Gobierno y en Rusia, a pesar de que se ha disparado por la crisis, vale menos de la mitad, unos 100 rublos el litro.