Situada a cientos de kilómetros del frente, la autovía R-280 Novorrosiya no solo era hasta hace unos meses una tranquila ruta entre el sur de Rusia y Crimea. Era posiblemente la mayor victoria estratégica que se ha apuntado el Kremlin en cuatro años de invasión de Ucrania. Este corredor terrestre a lo largo del mar de Azov liberaba a la logística rusa de depender de su enorme puente del estrecho de Kerch para abastecer a la península, anexionada por Moscú en 2014, y al ejército desplegado en las regiones de Jersón y Zaporiyia. Sin embargo, las nuevas armas ucranias han convertido todas las rutas a Crimea en un camino muy peligroso, un caso parecido al bloqueo del estrecho de Ormuz en el golfo Pérsico, con el que Kiev tiene nuevas cartas para presionar a Moscú. Crimea, la joya del putinismo y centro de peregrinación de turistas rusos, ya no es segura ni tiene combustible.Kiev intenta asfixiar a las fuerzas rusas desplegadas en el sur de Ucrania y saturar las defensas antiaéreas en Crimea, lo que puede facilitar sus ataques en otras regiones. Los propios rusos reconocen que atraviesan un momento complicado en la guerra. Un columnista del diario del Gobierno ruso Rossískaya Gazeta, Yuri Knutov, ha llegado a recomendar el asesinato del presidente ucranio, Volodímir Zelenski, con armas nucleares tácticas para “resolver” esta crisis.Las fuerzas armadas ucranias disponen ahora de los misiles Flamingo, capaces de transportar más de una tonelada de explosivos a 3.000 kilómetros de distancia, y, sobre todo, los drones de nueva generación Hornet, equipados con inteligencia artificial y conectados a internet a través de los satélites de la red Starlink, vetada por Elon Musk a los rusos desde esta primavera. Con un coste de algo más de 4.000 euros, 5.000 dólares, por unidad, estos aparatos semiautónomos han golpeado a cientos de camiones rusos en la autovía R-280 desde abril, alcanzando incluso un punto que se creía a salvo: la ciudad ocupada de Mariúpol. Y con todos los accesos por tierra, mar y aire controlados por los drones y misiles ucranios, Crimea ha quedado desabastecida.“Lamentablemente, los camiones cisterna no pudieron llegar a Sebastopol esta noche. Hago un llamamiento a todos: hacer cola en las gasolineras es inútil. Y en cuanto a la fecha de caducidad de los códigos QR para obtener combustible, todos los emitidos anteriormente serán desactivados hoy”, advertía este jueves el jefe nombrado por Moscú en esta ciudad clave de Crimea, Mijaíl Razvozhayev.Estos cupones oficiales garantizaban hasta ahora un límite de 20 litros de gasolina o diésel por vehículo. Como medidas de racionamiento, el gobernador de la península del mar Negro, Serguéi Aksionov, suspendió desde el 4 de junio la venta libre de gasolina y diésel, y las autoridades publicaron tanto un mapa con las gasolineras que tienen reservas como un teléfono de atención al ciudadano que se ha quedado tirado en la carretera.“Ambulancias, transporte público y fuerzas de seguridad recibirán suficiente combustible”, remarcaba Aksionov, nombrado por Putin jefe de Crimea en 2014 pese a que en las últimas elecciones libres, bajo la soberanía de Ucrania, apenas había obtenido tres de los 100 diputados de la asamblea local.Destino vacacionalEsta crisis golpea a la península justo en temporada alta. A pesar de la relativa cercanía del frente a un par de centenares de kilómetros, Crimea había sido un destino vacacional preferente para millones de rusos estos últimos cuatro años. Los ataques puntuales contra sus instalaciones militares no habían espantado a los visitantes rusos de sus magníficas playas. Sin embargo, la intensificación de la ofensiva aérea ucrania sobre la península del mar Negro, las nuevas dificultades para acceder y el riesgo de quedar atrapado, han hecho pensárselo dos veces a muchos turistas estas últimas semanas.El número de reservas hoteleras entre la última semana de mayo y la primera de junio se ha desplomado un 31% respecto al mismo periodo del año pasado, según un informe del sistema hotelero Travelline publicado por el diario Kommersant. Los datos del sector apuntan a que por cada dos registros nuevos se están produciendo diez anulaciones. No hay acceso seguro a la joya del putinismo. El castigo ucranio sobre los camiones de la R-280 ha alcanzado tal extremo que el jefe de la administración impuesta en la zona ocupada de Jersón, Vladímir Saldo, ha prohibido el tráfico de mercancías “no esenciales” por su territorio.Según el comandante de las fuerzas de drones de Ucrania, Robert Brovdi, el tráfico de mercancías por el puente terrestre de la R-280 se ha desplomado de unos 3.800 a 1.100 vehículos diarios.Además, los puntos de entrada a Crimea han quedado parcialmente bloqueados por los ataques ucranios. Las autoridades rusas han suspendido desde este miércoles la circulación por la noche de los trenes de larga distancia. Ello incluye el puente de Kerch, al este de la región, donde los pasajeros deben abandonar el ferrocarril y continuar el trayecto en autobuses.El motivo de tomar esta decisión en el quinto año de guerra ha sido un ataque ucranio contra un tren ruso. Un dron impactó contra el convoy N.º 68 Moscú—Simferópol el pasado 8 de junio. La explosión mató al copiloto e hirió al maquinista, mientras que los pasajeros resultaron ilesos y fueron evacuados en autobuses. De hecho, el enquistamiento de la guerra amenaza con convertir los trenes en un blanco habitual. Tanto los soldados rusos como los ucranios comparten vagón con los civiles cuando marchan o vuelven al frente, y por las vías viajan mercancías y armas indistintamente. El operador ferroviario ucranio denuncia que las fuerzas rusas atacan las infraestructuras una media de seis veces al día, y ha habido varios bombardeos sobre trenes este año. Un ataque ruso mató a al menos cinco pasajeros en enero, y en junio otra incursión de drones cayó sobre otro convoy parado en una estación. En este caso sin heridos porque todos los pasajeros estaban refugiados.Drenar las defensas antiaéreas rusasSi el paso del este de Crimea está parcialmente obstruido, la situación no es mejor en el norte. En el estrecho de Chongar, en el cruce natural entre la zona ocupada de Jersón y la península, el tráfico está siendo suspendido constantemente estos días debido a la amenaza de drones. “El enemigo está concentrando los ataques en esta instalación para interrumpir el tráfico y crear problemas a la población”, reconocía el jefe de la administración en la Jersón ocupada después de uno de los últimos ataques de drones que han interrumpido el paso por el punto de control estratégico de Dzhankói.Además, Ucrania emprendió desde hace tiempo una campaña de bombardeos constantes sobre las defensas antiaéreas de Crimea, lo que está llevando a las fuerzas armadas rusas al dilema de la manta corta: moverlas para tapar una zona dejará al descubierto otras.“Existe la sensación de que, si no se toman medidas para contrarrestar la presencia masiva de drones ucranios [conectados] con Starlink, el sistema de defensa aérea de Crimea colapsará en menos de un año u obligará a traer defensas y radares de otras regiones, dejándolas expuestas”, admite un conocido canal militar de Telegram ruso con más de 600.000 seguidores, Voyénni Osvedomítel.No obstante, las campañas de bombardeos, y más en una guerra larga, nunca son absolutamente limpias. Otro ataque ucranio dañó este miércoles una instalación cultural rusa. El museo sobre la defensa de Sebastopol en la guerra de Crimea (1854—1855) fue alcanzado por la noche sin causar víctimas. Sin embargo, la obra del pintor Franz Roubaud sobre aquella batalla “ha quedado prácticamente destruida”, según denunció el gobernador de la ciudad, Mijaíl Razvozhaev, en sus redes sociales. La pintura original, de 115 metros de largo y 14 metros de alto, ya había sido parcialmente destrozada durante otro bombardeo en la II Guerra Mundial.
Ucrania asfixia Crimea: asedia las rutas de acceso por tierra, mar y aire y deja la península sin combustible
Kiev intensifica su ofensiva en el este ocupado para bloquear la lengua de tierra al norte del mar de Azov. Se desploma la llegada de turistas y escasea el combustible












