Que nos quiten lo bailaoCada vez que jugaba Espa�a, la chavaler�a de Lekeitio se pon�a la camiseta del equipo rivalAFPActualizado Viernes,

julio

23:43Audio generado con IA1 Tentaciones de infanticidio en el Bar CavourAlfredo Rela�o, genio del periodismo deportivo, viaj� a la final del Mundial de Sud�frica, y tuvo la previsi�n de escribir la cr�nica de la victoria de Espa�a mucho antes del partido. Era una cr�nica que celebraba de manera abstracta esa victoria cuyo resultado desconoc�a. Rela�o sab�a que si ganaba Espa�a estar�a festejando con tanto furor que no ser�a capaz de escribir una sola l�nea, pero si perd�an, se encerrar�a solo en el hotel sin nada mejor que hacer que escribir la melanc�lica cr�nica de la derrota. Yo debo entregar estas l�neas antes de conocer el resultado del partido, pero voy a hacer como Rela�o y voy a escribir como viv� el partido antes de vivirlo. Tanto si gana como si pierde Espa�a, yo me jugar� la vida otra vez, animando a mi selecci�n, que es el �nico equipo que veo y me importa.Estoy en Cetona, un min�sculo pueblo al sur de la Toscana y soy el �nico espa�ol aqu�. No tengo televisi�n en la casa medieval en la que me hospedo y he de ver el partido en el Bar Cavour, el �nico que est� abierto de noche. El Portugal-Espa�a lo vi junto a veinte ni�os aut�ctonos hostiles que disfrutaban s�dicamente gritando Forza Portugal en mis orejas y silbaban a Espa�a cada vez que tocaba el bal�n. Yo les dec�a: sed un poco hospitalarios, para un solo espa�ol que hay en el pueblo, qu� m�s os da animar a mi equipo. Uno de ellos me dijo que no conoc�an a ninguno de los jugadores, pero que Cristiano Ronaldo hab�a sido su �dolo desde que ten�a tres a�os, y por eso iban con Portugal. Como se me hac�a insoportable ver el partido en tales condiciones, les promet� a todos que les comprar�a un helado si animaban a Espa�a. Les falt� poco para decirme que me metiera el helado por el culo, eran insobornables. A partir de ah� decid� no achantarme y empec� a llamar terroristas a los jugadores que comet�an faltas, a decir que CR7 es un vanidoso que no tiene ya nivel pero est� secuestrando al equipo para lucimiento personal, y cuando por fin lleg� el gol de Espa�a me di la vuelta para mirar a aquellos chavales y les dije que hab�an perdido un helado y un partido, y mis gritos de gol debieron de o�rse hasta en Roma. No me lincharon de milagro, pero desde entonces me miran de reojo cuando salgo a la calle, y ya me han dicho que el viernes por la noche me espera toda esa turba en el Bar Cavour. Si pierde Espa�a puede que queme el local con todos dentro. Si ganamos, es posible que me lapiden. Busquen hoy en las p�ginas de sucesos.2 La tortura de ir contra el futuro ganadorEn 2010 naci� mi hija peque�a y resguardamos al beb� de la can�cula y�ndonos en julio al pueblo de mi abuela, mi adorado Lekeitio. All� ni siquiera pon�an los partidos de la selecci�n en los bares, solo se ve�an los deportes ancestrales de EiTB 1, levantamiento de piedras y estas cosas. Cada vez que jugaba Espa�a, la chavaler�a se pon�a la camiseta del equipo rival. Uno creer�a que pidieron cr�ditos bancarios para hacerse con la equipaci�n de Chile, Paraguay, Portugal y Alemania. Para cuando lleg� la final, los locales se hab�an arruinado y no les quedaba ya para la camiseta naranja de Holanda, de modo que se vistieron con camisetas del Euskaltel, equipo ciclista vasco que usa el mismo color y da el pego.As� como los hinchas de las dem�s selecciones solo pasan el mal trago de perder una sola vez, la gente del pueblo sufr�a el tormento de ser derrotados en cada partido por el equipo que m�s odiaban. De noche, cuando jugaba Espa�a, la gente cerraba hasta las contraventanas y hab�a un silencio estruendoso en las calles. Solo o� cantar dos goles en todo el mundial: los dos �nicos que nos metieron.El d�a de la final no pude evitar salir al balc�n y dar alaridos de gol con tanta jactancia como lo hice en el Bar Cavour. Perfor� el silencio f�nebre que se apoderaba del pueblo, sub� al coche, rode� el pueblo tocando la bocina y me march� directamente a Madrid para experimentar esa alegr�a fraternal que busca el abrazo con el extra�o, y escapar as� del impulso suicida de celebrar en territorio hostil.