Actualizado S�bado,
julio
12:49Como s�mbolo de la naci�n, el emperador de Jap�n no puede expresar opiniones ni lanzar ideas de naturaleza pol�tica. Se lleva a tal extremo este principio que, en 2016, Akihito -entonces soberano- tuvo que hacer malabarismos verbales en un hist�rico discurso a la naci�n en el que admiti� que, por "su declive f�sico" y problemas de salud -hab�a sido sometido a dos importantes intervenciones quir�rgicas-, se ve�a "dificultado para llevar a cabo sus altas responsabilidades". Akihito necesitaba dar un paso atr�s, pero no pod�a decir abiertamente que su deseo era abdicar la corona. Y, de hecho, a la clase pol�tica nipona le cost� bastante tiempo asumir la jubilaci�n del monarca y dar luz verde a una alambicada reforma de la Ley de la Casa Imperial para permitirle, finalmente, abdicar.Vale este ejemplo para entender que cuando el actual emperador, su hijo primog�nito Naruhito, declar� en una conferencia de prensa hace escasas semanas que los esfuerzos en los que est�n inmersos el Gobierno y el Parlamento para garantizar el futuro de la dinast�a reinante m�s antigua del planeta deben "contar con la comprensi�n del pueblo", el soberano estaba dando vueltas a esa fin�sima l�nea roja de lo que se considera que un emperador puede o no puede expresar. Pero, a buen entendedor pocas palabras bastan. Y no es aventurado suponer que mostraba as� su gran preocupaci�n ante el proyecto de enmienda de la Ley de la Casa Imperial que el Gobierno de la conservadora Sanae Takaichi tiene previsto promulgar definitivamente la semana pr�xima, a pesar de que, por seguir con las palabras de Naruhito, parece que dif�cilmente puede digerirlo la ciudadan�a.La escasez de varones en una familia imperial en la que las mujeres est�n excluidas del orden sucesorio y tampoco pueden transmitir derechos al trono se ha convertido en el mayor problema institucional en un pa�s tan ultramoderno en lo econ�mico y lo tecnol�gico como conservador en lo social y lo pol�tico. Y, despu�s de d�cadas de debates, la C�mara Baja aprob� el viernes el proyecto del mayoritario partido gobernante que busca garantizar un n�mero suficiente de miembros en activo de la dinast�a imperial y tambi�n prever una soluci�n ante la hip�tesis de que en un futuro ya no hubiera banquillo para sentarse en el trono. Y lo que est� a punto de convertirse en Ley es la reforma que permitir� que las princesas imperiales conserven su dignidad real despu�s de casarse con plebeyos -para evitar as� que la familia siga jibariz�ndose de forma alarmante, ya que hasta ahora cualquier princesa deja de serlo al contraer matrimonio- y respaldar que la familia reinante adopte a varones de 15 a�os o m�s que desciendan por l�nea masculina de las 11 antiguas ramas imperiales que perdieron ese estatus con la Constituci�n de 1947, impuesta por Estados Unidos tras la derrota de Jap�n en la Segunda Guerra Mundial. Esos varones, hoy plebeyos, no tendr�an derechos al trono, pero s� se los transmitir�an a sus futuros hijos, igualmente varones, lo que abrir�a ya s� mucho las posibilidades de que dentro de algunas generaciones vuelva a haber un n�mero suficiente de principitos correteando por los bell�simos palacios de Tokio con posibilidades de reinar, como viene haciendo de forma ininterrumpida la dinast�a Yamato desde hace unos 2.600 a�os -los primeros emperadores, eso s�, se consideran de car�cter legendario-.Imagen de archivo de varias princesas imperiales, junto a los emperadores em�ritos.GettyTodo parece antihist�rico. Y basta ver lo que se est� diciendo en los medios de Jap�n para darse cuenta de lo alejada que est� su �lite pol�tica del sentir general hacia la primera de sus instituciones. Porque, detr�s de una reforma de la Ley de la Casa Imperial que se antoja tan incomprensible como kafkiana -como si fuera tan f�cil que mozalbetes nacidos como plebeyos en pleno siglo XXI, por mucho que desciendan de antiguos emperadores, puedan ser capaces de pronto de encajar en el encorsetado protocolo de una de las Monarqu�as con ritos m�s estrictos del orbe-, est� lisa y llanamente la cerraz�n de los partidos pol�ticos conservadores a abolir la l�y s�lica y permitir que las mujeres puedan acceder al trono. Todo a pesar de que el 70% de los japoneses, seg�n las �ltimas encuestas, lo desean."Detener el proyecto de ley"Este s�bado, y ante la cuenta atr�s para que el Gobierno d� luz verde a la ley, uno de los peri�dicos de mayor tirada del pa�s, el Asahi Shimbun, no puede ser m�s claro en su editorial, que titula: "Hay que detener el proyecto de ley que pretende modificar la Ley de la Casa Imperial". "La Administraci�n de la primera ministra Sanae Takaichi est� avanzando imprudentemente con una revisi�n de la Ley de la Casa Imperial incluso sin el consenso del poder legislativo ni de la ciudadan�a", se lee en el duro texto. "Se trata de un acto indignante mediante el cual el Gobierno est� destruyendo el mismo 'ambiente de calma' que dec�a ser necesario. Si el proyecto de ley se aprueba tal como est�, dejar� una mancha negra en la historia, adem�s de causar problemas en el futuro. El Gobierno debe revocar la medida y comenzar de nuevo las deliberaciones desde el principio", exige el editorial.La palabra "indignaci�n" destaca en muchos otros an�lisis de la prensa japonesa. La principal cr�tica se centra en que los cambios consolidan "la discriminaci�n de las mujeres" en la Casa Imperial. Ya no s�lo porque Takaichi y los suyos -como el grueso de los legisladores desde principios de siglo- se niegan en redondo a considerar que una f�mina pueda ocupar el trono. Sino porque la medida desesperada de permitir que las princesas sigan dentro de la familia real tras casarse tambi�n est� rodeada de incongruencias, ya que ni sus esposos ni sus descendientes tendr�an otro estatus que el de plebeyos al margen de la instituci�n. Eso, sostienen los cr�ticos, generar� muchos problemas. Y se est� poniendo el acento en la hipocres�a y la incongruencia por parte de expertos, activistas y ciudadanos en general con los partidos mayoritarios de la Dieta -Parlamento-, ya que se niegan en redondo a reformar la ley por la cual hoy culquier pareja de japoneses que se casa ha de adoptar un apellido com�n -lo que se justifica en nombre de la "unidad familiar"-, y con la enmienda de la Casa Imperial se dar� la situaci�n de que las princesas que contraigan matrimonio no tendr�n apellido, mientras que sus esposos e hijos s� disfrutar�n del suyo.No son pocos los cr�ticos con lo que est� sucediendo que temen que la discriminaci�n de g�nero en la Monarqu�a acabe socavando su popularidad y el afecto hacia la instituci�n por parte de las generaciones m�s j�venes.Los actuales emperadores, Naruhito y Masako, s�lo tienen una hija, la princesa Aiko. Estuvo a punto de hacer historia como posible futura emperatriz, ya que, cuando naci�, ante la escasez de varones en la dinast�a, se inici� el debate parlamentario para abolir la ley s�lica. Sin embargo, en 2006, el hermano del actual emperador, el pr�ncipe heredero Akishino, tuvo un hijo, el pr�ncipe Hisahito. Y es este joven quien est� llamado a ser en el futuro el monarca del trono del crisantemo. Su nacimiento abort� aquel incipiente proceso en marcha para permitir que las mujeres pudieran reinar.Hoy la princesa Aiko no tendr�a asegurado ni su futuro en la dinast�a. Aunque si se acaba aprobando la mencionada reforma de la Ley de la Casa Imperial s� podr� mantener al menos su estatus aunque se case y seguir� pudiendo representar a la Corona. Lo contrario que le ha pasado a otras princesas, como su prima Mako, quien, tras pasar por el altar en 2021, se convirti� en una plebeya an�nima, expulsada de la familia imperial -a la que ya apenas puede ver- y que reside desde entonces como una ciudadana cualquiera en Nueva York. Cabe imaginarse lo duro que tiene que ser pasar de un d�a para otro de tener una vida regida cada segundo por las f�rreas normas cortesanas a tener que aprender c�mo se usa un abono transporte o se pone una lavadora.El panel de derechos humanos de la ONU inst� en 2024 a Jap�n a revisar sus leyes para acabar con la discriminaci�n por raz�n de genero en la sucesi�n al trono. Aquello sent� fatal en Tokio, que tach� de "extremadamente lamentable" lo que consider� una intromisi�n ileg�tima de Naciones Unidas al sistema medular sobre el que se sostiene todo el entramado institucional del archipi�lago asi�tico. Con todo, se ve que si de verdad dejar�n hablar a los japoneses, muchos est�n m�s de acuerdo con lo que dijo la ONU que con sus propios gobernantes.La cerraz�n de la clase dirigente se entiende menos cuando, no se olvide, la f�rrea ley s�lica es producto de las normas promulgadas durante la Era Meiji (1868-1912), ya que antes Jap�n s� hab�a tenido hasta una decena de emperatrices.










