Dos adolescentes caminan junto a la Ermita de Nuestra Señora de El Pasico en Torre Pacheco, Murcia. No llevan camiseta y se dirigen hacia la piscina municipal para mitigar los 41 grados de temperatura. Se cruzan con un vecino que los saluda y uno de ellos le dice: "Espero que no ocurra nada hoy, si no, mi madre me prohibirá ir a la piscina". Contaban que el día antes un policía local había empujado a otro chaval por el pecho porque había entrado sin pagar. Ahora ellos y sus familias tienen miedo de ir a la piscina. Así se vive en Torre Pacheco hoy. Un pueblo que aún no cierra las heridas abiertas por el conflicto entre la comunidad española y la de origen magrebí. Poco ha cambiado desde el verano de 2025, cuando el pueblo se llenó de medios internacionales para cubrir uno de los mayores conflictos de convivencia de la historia reciente de España. Apenas han avanzado los procesos judiciales abiertos a raíz de las palizas recibidas por varios vecinos, algunos habitantes se mantienen temerosos de salir a la calle, persisten los problemas de coexistencia y la segregación, y se han incrementado los sucesos, incluso asociados al narcotráfico. Todavía sigue hospitalizado en Murcia un hombre de origen senegalés que fue brutalmente atacado con un martillo por un argelino a finales de junio en una casa okupada de Torre Pacheco. Un profesor de un instituto público del pueblo denunció en redes sociales que había sido agredido físicamente a finales de mayo por un alumno durante una clase de educación física. Pocos días después, detuvieron a otras cuatro personas en el pueblo, una de ellas menor de edad, después de que golpearan y robaran a un vecino tras una discusión de tráfico. Los hechos extraordinarios se acumulan uno tras otro en Torre Pacheco, como la detención de otros cuatro individuos que presuntamente dirigían una red de tráfico de drogas. Según la Guardia Civil, les incautaron "gran cantidad de crack y cocaína". ¿Cómo están los vecinos "famosos" un año después? El Confidencial visitó la casa okupada donde ocurrió el ataque con martillo y al menos tres extranjeros salieron de su interior en actitud desafiante. Se negaron a dar declaraciones y cerraron con fuerza puertas y ventanas en señal de agravio. Ubicada en una zona muy céntrica del pueblo, la vivienda lucía muy desvencijada y sucia, pues para entrar y salir de ella sus habitantes movían con los pies los desechos acumulados en el suelo. Varios transeúntes preferían cambiar de acera para no acercarse al inmueble. Casa donde ocurrió la agresión a martillazos en Torre Pacheco. (A.H.S.) Esas actitudes se normalizaron completamente un año atrás en casi todo el pueblo, cuando los cuerpos de seguridad cortaron y se apostaron en varias calles del barrio de San Antonio. Allí ocurrió lo más gordo, desde las redadas de la Policía contra jóvenes magrebíes, hasta el asalto a un kebab que fue portada en muchos medios de todo el mundo. El local del Don Kebab de la Avenida Roldán está completamente remodelado después de haber perdido parte de su mobiliario. El dueño se negó a hablar con El Confidencial porque quiere "lejos a los periodistas". Estaba concentrado en la clientela que ahora disfruta de bancos, mesas y una decoración nueva que resplandece en medio del acuciante calor. Eso sí, sus clientes son magrebíes. Los españoles prefieren la terraza contigua de Telepizza. Este no ha sido el único kebab que ha mejorado en el pueblo. El Alyukuta, ubicado en la entrada principal de San Antonio, ya tiene una pequeña terraza. Hace un año allí se reunían decenas de periodistas para comer algo o aprovechar una esquina en la que poder tumbarse y escribir la crónica. Lo mismo ocurría en el restaurante chino que está a 20 metros y cuyo dueño tampoco quiso hablar con este diario, pero a ese le iba un poco peor. Apenas tenía comensales en hora punta de mediodía y parte del salón estaba clausurado. Vista del kebab Alyukuta.(A.H.S.) El Alyukuta se ha convertido en el sitio preferido de los adolescentes para merendar. Como el dependiente no habla español, ellos le sirven de traductor. Se ríen entre ellos, hay buen ambiente. Muchos lucen camisetas de fútbol de la selección masculina de Marruecos. En sentido general el pueblo estaba tranquilo horas antes de que se disputara el partido entre Francia y Marruecos del Mundial de fútbol, pero había muchas expectativas de "follón" ante una hipotética victoria marroquí. Cualquier chispa puede prender nuevamente los ánimos en Torre Pacheco. Finalmente, Marruecos perdió y la noche de este 9 de julio transcurrió muy bien, pero el conflicto está latente y en cualquier momento puede salir a la luz nuevamente. "Todo está relacionado con la droga" Paulino Ros, un periodista natural de Torre Pacheco y que lleva décadas estudiando la comunidad extranjera, cree que no se puede analizar la situación sin hacer un recuento histórico. Todo comenzó en 1979, cuando la llegada al pueblo del Trasvase Tajo-Segura revitalizó la agricultura y comenzaron a venir personas de fuera, primero desde otras partes de España y luego desde el extranjero, generalmente de Marruecos, explica Ros. En los 90 se añaden los rumanos y los latinoamericanos, y de ahí nace esta mezcla cultural que hay ahora mismo. "Los conflictos actuales vienen de muy atrás", explica el editor del blog local Islam en Murcia. "En 1993 hicimos Tertulia entre hermanos, un programa de radio en árabe y español que fue un éxito hasta en el norte de África. Ese mismo año intentamos hacer un concierto en Torre Pacheco con uno de los grupos más famosos de Marruecos para toda esa gente que se vino a trabajar. No lo pudimos hacer hasta 1997 porque los españoles del pueblo se negaban y decían que 'nos invaden los moros'". Este hombre lleva toda su vida apostando por la integración social de los extranjeros en Torre Pacheco, pero asegura que cada día resulta más difícil de lograr. El esposo de su hermana es marroquí y tiene varios sobrinos que a su juicio nadie ve como españoles aunque nacieron aquí, y señala que esa discriminación se extiende hasta las propias instituciones públicas. Vista de la calle Trasvase, que le rinde homenaje a la obra hidráulica que transformó al pueblo. (A.H.S.) "Desde el verano pasado no ha habido más enfrentamientos entre la comunidad extranjera y la española nativa", aclara Ros. "El problema es que la gestión de las autoridades no ha sido la mejor. Tenemos todavía un alcalde que hace dos meses dijo en un pleno municipal que teníamos un problema con los jóvenes extranjeros, que al final son los que sostienen el pueblo, porque ningún español quiere trabajar en el campo. Por eso estos chicos no se sienten cómodos ni en su pueblo. Aunque la gran mayoría nunca ha estado en Marruecos y algunos ni hablan árabe, pero no son reconocidos como españoles". A pocos metros de la Ermita de Nuestra Señora de El Pasico hay varios solares que se han ido urbanizando poco a poco con casas enormes y lujosas. Son una especie de refugio para los españoles que "no quieren mezclarse con los extranjeros", explica Ros. Comprar o construir una casa en esa zona es un símbolo de estatus por el que apuestan incluso algunas familias de origen extranjero que se han enriquecido con el paso del tiempo y desean desmarcarse de su origen a toda costa. Estos comportamientos sociales se han condicionado desde edades muy tempranas, pues algunas de las escuelas de Torre Pacheco tienen un 90% de alumnos de origen extranjero y en otras ocurre todo lo contrario. O sea, la segregación parte desde los mismos colegios, porque muchas familias españolas "no quieren que sus hijos se mezclen con estos chicos", explica Ros. El mismo fenómeno también se nota mucho en los negocios, sobre todo en bares y restaurantes. "Muchos de estos chicos dejan los estudios con 15 años y entran en el crimen" Es muy raro ver a blancos aparentemente españoles comiendo en un bar marroquí de Torre Pacheco. Muchos de estos negocios tienen la pretensión constante de ser aceptados, y por eso tienen un montón de símbolos como la bandera de España. La comida y los trabajadores eran de origen árabe en el Kassari, un restaurante con menú del día por ocho euros a un par de calles de la estación de ferrocarril local, pero estaba repleto de banderas de España y no lucía ninguna de Marruecos. Ros lamenta que el discurso de formaciones políticas como Vox vaya en contra de los inmigrantes que han convertido a Torre Pacheco en el sexto municipio más habitado de la Región de Murcia. El aumento de la natalidad entre la comunidad de origen extranjero y la llegada de inmigrantes ha transformado para siempre el pueblo, que dentro de poco tendrá una cuarta mezquita. La población extranjera de Torre Pacheco es de las mayores entre los municipios de Murcia: la tercera más grande en porcentaje (30,04%), solo por detrás de Mazarrón (37,12%), y Los Alcázares (36,79%), y muy por encima del promedio nacional de 14,07%. En 30 años el pueblo ha duplicado su densidad poblacional, por lo que el tema de la vivienda también se ha convertido en un grave problema a resolver, aunque no precisamente por falta de casas. Muchas familias magrebíes tienen serias dificultades para encontrar un piso porque nadie quiere alquilarles una casa por el simple hecho de ser extranjeros, precisa Ros. El parque de viviendas de Torre Pacheco creció mucho más deprisa (+131%) que su población (+54%) entre 2001 y 2021, en un salto concentrado en el boom constructor de los 2000. El resultado es que la vivienda principal, donde alguien reside todo el año, pasó de ser el 76% del parque en 2001 a apenas la mitad (56%) en 2021, de modo que hoy casi el 44% de las casas no son primera residencia. Y aun así se vive apretado, con 3,0 personas por hogar frente a la media española de 2,5. Esto significa que el problema no es de falta de viviendas, sino de un parque que en buena parte no aloja a residentes permanentes. La "enorme" población juvenil de origen magrebí tiene pocas opciones de ocio y eso ha incrementado el auge de los negocios de azar en el pueblo, alerta también Ros. "Muchos de estos chicos dejan los estudios con 15 o 16 años, se convierten en carne de cañón para el crimen organizado y encima les dicen que no son españoles… Por eso muchos tienen una crisis de identidad tremenda, caen en la droga y algunos terminan suicidándose". Pintada antirracista en Torre Pacheco. (A.H.S.) En Torre Pacheco siempre ha sobrecogido la cantidad de coches de clase media-alta que ruedan por sus calles. Se convirtieron en un medio de transporte aspiracional para muchos jóvenes y los datos confirman este fenómeno. Analizando las matriculaciones de turismos en Torre Pacheco entre diciembre de 2014 y mayo de 2026, Volkswagen es la marca con más matriculaciones (12,7%) y Mercedes-Benz la segunda (8,5%), por delante de Dacia, Citroën, Peugeot y Renault. El peso de Volkswagen y Mercedes-Benz es, además, superior a la media nacional de turismos (8,2% y 5,2%, respectivamente). En cuanto a la criminalidad, un año después de los disturbios los datos del Ministerio del Interior no respaldan la percepción de inseguridad: Torre Pacheco lleva toda la década por debajo de la media nacional (46,7 hechos conocidos por cada 1.000 habitantes en 2025, frente a 50,4 en España). El tráfico de drogas se mueve en cifras muy pequeñas, aunque 2025 marca el máximo de la serie estadística oficial, con 13 casos. "Todo lo que ha pasado en el pueblo últimamente está relacionado de una forma u otra con la droga, incluso los que golpearon a Domingo hace un año iban hasta arriba", señala Ros. "Esto de los martillazos ocurrió también entre consumidores, porque en Torre Pacheco hay un serio problema de tráfico de cocaína y de crack, como dijo muy claramente la Guardia Civil en un informe que sacó en octubre pasado. Se consumen también pastillas y medicamentos que se mezclan para buscar efectos sobre el sistema nervioso, como el Retrovir con Lyrica, y todo eso acrecienta la sensación de inseguridad. Lo del verano pasado sembró el miedo en muchas familias de sacar a sus hijos a las calles. Tanto los naturales de aquí como los de origen extranjero se han retraído de hacer una vida normal y mucha gente no sale de su casa por miedo a que le roben o le hagan algo". Halim, un filólogo de 33 años que con solo 10 llegó al pueblo desde Marruecos, coincide en que han crecido los puntos de venta de drogas. Ahora se encuentran dispersos por todo el municipio y tienen ramificaciones muy fuertes en pedanías cercanas como Roldán. Halim atiende a este diario en una cafetería-panadería enorme con muchas mesas y pocos clientes. Todos los presentes murmuran y los dulces y panes expuestos parecen bastante viejos. "Incluso en este sitio donde estamos ahora se mueve un poco de todo", explica el joven, que domina cinco idiomas y quiere opositar para convertirse en profesor de inglés. "Antes eran solo un par de sitios pero ahora casi todos los locales de por aquí venden y eso incrementa el consumo. Veo a mucha gente enganchada a los juegos de azar, algo que suele estar vinculado también a las drogas. Algunos gastan apostando todo el salario que ganan en el campo". El padre de Halim llegó con 25 años a España en 1987 para "buscarse la vida". Luego trajo poco a poco a su familia y hoy es un jubilado que "vivió situaciones infrahumanas" en el trabajo para salir adelante. Extranjeros como su padre no vienen a quitarle el trabajo a nadie, sino a hacer lo que muchos españoles no quieren, explica Halim. "Yo ahora trabajo para una organización que asiste a solicitantes de asilo y son gente muy vulnerable que necesita estar aquí para huir de guerras o discriminaciones sexuales". Un año después, la justicia no llega Ismael, un joven de madre vasca y padre marroquí que tiene 17 años y justo cuando cumplió 16 el verano pasado recibió una paliza colectiva en plena calle, es uno de esos chicos que ya no logran hacer una vida normal en el pueblo. Su caso saltó a la prensa rápidamente a través de las denuncias constantes de su madre, pero un año después no deja de pedir justicia para que "pase algo" con la decena de imputados por agredir a su hijo. "Ismael sigue medicado y con tratamiento psiquiátrico", explica Kesia Barranco, la madre del menor. "Jamás había suspendido una asignatura, pero aprobó este curso de milagro debido al estrés postraumático que le han diagnosticado y que le hizo suspender tres asignaturas. A mi hijo le cayeron a golpes y patadas mientras le gritaban 'moro de mierda' e 'hijo de puta' en plena plaza del Ayuntamiento. En los videos se ve cómo 13 o 14 personas lo golpeaban, no eran menores ni niños. Algunos son padres de familia de aquí del pueblo, como uno que le pisó la cabeza a mi hijo y me lo tengo que cruzar todos los días. Ese no ha sido imputado". En este caso hay nueve personas llamadas a declarar y hasta la fecha solo han ofrecido su testimonio dos. En Torre Pacheco la justicia es lenta, como en el caso de un hombre que acaba de ser condenado porque en 2023 cometió los delitos de agresión sexual, exhibicionismo y provocación sexual contra dos menores. Por eso Barranco se muestra "súper decepcionada" con la justicia, y no solo por el proceso que busca ajusticiar a los agresores de su hijo. El caso de Domingo, el señor apaleado a mediados de julio de 2025 y que desencadenó los disturbios, tampoco se ha resuelto. Entrada principal del barrio de San Antonio. (A.H.S.) Después de la paliza, Ismael fue acosado por redes sociales y todavía no habían desaparecido los hematomas cuando tuvo que lidiar con sus propios agresores por Instagram. "Ese día mi hija mayor, que sí parece más marroquí por su aspecto físico, también fue interceptada en la calle y comenzaron a gritarle barbaridades", detalla la madre, quien a raíz de estos sucesos se ha vinculado estrechamente al activismo en el pueblo. "Cuando mi hija le pidió ayuda a un policía local, este le contestó en árabe: ‘Cállate, puta’". Ismael tiene problemas para dormir, ha bajado mucho de peso, vive en constante alerta y perdió a todos sus amigos porque se negó a salir de casa, cuenta su madre. Solo va al instituto y los fines de semana sale del pueblo para ver a su novia. Ha faltado mucho a la escuela de forma injustificada, ya no quiere estudiar en la universidad y solo espera terminar el Bachillerato para irse definitivamente del pueblo. "Todo esto que hemos sufrido en mi familia es consecuencia de un conflicto que sigue latente y la calma que vemos no es verdadera", concluye Barranco. "Mi abogado exige justicia por lesiones y delitos de odio, pero esto es una constante aquí. No les dan oportunidades para integrarse. Cuando llegué aquí hace 23 años con mi pareja marroquí y paseábamos de mano por el pueblo, la gente me miraba muy mal, como si hubiera matado a alguien. Ahora ocurre lo mismo, más las drogas. Conozco muchos puntos de venta y trato con chavales que se han enganchado. Hace poco se hizo viral en redes un video que mostraba a un grupo de adolescentes pegándole a otro en el suelo. Yo hablé después con ellos y me reconocieron que lo hicieron después de haberse metido cocaína".