Y yo, que casi todo el tiempo soy majísimo y fantástico, excepto cuando tengo hambre, que me enfado, o cuando tengo sueño, porque me pongo triste, tengo por costumbre llevarme bien con todo el mundo porque, será por mi personalidad afable o mi capacidad extrema de hacerme el tonto, casi cualquier interacción conmigo resulta en un qué majete es este tío y cuánto aprecio su existencia. No estoy exagerando; podéis preguntar a quien queráis, excepto a un puñado de personas que he apuntado en las notas de iCloud para no olvidar mi enemistad con ellxs. Tengo la costumbre de caer bien, que es una cualidad muy humilde porque no requiere de la potencia del ser carismático y a cambio tiene el coste de que generas menos rechazo en quien te rechaza, y esa costumbre de caer bien me ha hecho desempeñarme con cierta gracia en ciertos momentos de mi vida en los que si no es porque le caigo bien a la gente de mi alrededor me habrían despedido, mutilado o secuestrado de verdad, no como aquella quedada-secuestro en el polígono de La Paz en la que casi me detienen. Así que soy un tipo majo, por si quedaban dudas. Bien. Ahora puedo continuar mi historia.

La realidad detrás de este contexto es que no me gusta la tela de polo. Es áspera y rígida y he de reconocer que lo he vestido mucho para jugar al tenis, pero desde entonces ha quedado justo para eso: para hacer cosas de pequeñoburgués sudoroso, y lo que yo estaba haciendo hace un par de semanas no era de pequeñoburgués en absoluto, aunque sí de sudoroso, porque hacía calor, mucho calor, un calor que poco podría envidiar a las paredes abotonadas de piedra del séptimo infierno, un calor que, siendo murciano, me abochorna reconocer que es superior a mis fuerzas, ya que 27 grados es primavera, pero es que el calor del mar de Wadden es pesado como una plancha de plomo y más denso que el audiolibro del Péndulo de Foucault. Y me pasa que cuando voy incómodo con la ropa que llevo, tiendo a desconcentrarme y pierdo parte de esa gracia innata natural que tengo que, por otro lado, no requiere de concentración por mi parte, pero supongo que el de desconcentrado es un estado diferente al normal en el que mis propias reglas cambian o se desplazan un poquitito.