OpiniónNuestra identidad no está en lo que se describe en la tarjeta de presentación, sino en todo lo que nos hace palpitar.CONSULTORA DE COMUNICACIONES, ESCRITORA Y COLUMNISTA05.08.2026 22:01 Actualizado: 05.08.2026 22:01 Eso me preguntó un oficial de inmigración hace unos días. Que a qué me dedicaba. Quise responderle que, por encima de todo, soy lectora; que también soy catadora de atardeceres y coleccionista de momentos con mi familia; que invento conversaciones en mi cabeza que después me sirven para poblar mis escritos. Pensé en explicarle que estudié derecho, que estudié relaciones internacionales, que he tomado decenas de talleres de escritura. Que bailo todos los días y en las tardes salgo a caminar con Canela, mi perrita. Que disfruto lavando los platos más que cocinando, pero que, aun así, cocino.Son respuestas muy amplias para responderle a un funcionario o para escribir en una casilla; y suenan a broma si hay que presentarse en una reunión de trabajo o en una fiesta entre copas de vino. Y por eso respondemos que somos lo que hemos estudiado, o nos referimos al cargo que desempeñamos. Permitimos que nuestra profesión nos defina. En mi caso, he sido abogada, comunicadora y consultora. Desde hace casi diez años me dedico de lleno al oficio de escribir. Soy el resultado de todo eso, pero cuando en un formulario tengo que responder cuál es mi ocupación, no estoy segura de cómo responder.¿De qué valen los títulos y diplomas, de qué valen los nombres rimbombantes de cargos ejecutivos, si ninguno de ellos logra definir lo que somos?Quizás el problema esté en el verbo que usamos. Decimos que somos tal cosa, como si lo que hacemos fuera parte fundamental de nosotros mismos. El mismo verbo que describe si somos altos o bajitos, el que usamos para hablar de nuestra nacionalidad o nuestro sexo. En otros contextos somos la hija de, la hermana de, la esposa o mamá de. Y aunque los roles familiares pesan a la hora de definirnos como personas, tampoco alcanzan para explicar nuestra verdadera esencia.Y aún más extraño todavía es cuando alguien se presenta con el título del cargo que ya no ocupa: soy exgerente de tal empresa, exministra de tal país. Y los que se han jubilado responden así, tal cual: soy pensionado. Después de ofrecer más de 40 años de sus vidas a generar desarrollo, a educar a los jóvenes, a construir carreteras, a salvar vidas o sea cual sea haya sido su aporte o su pasión. ¿Por qué no responder con lo primero que nos sale del corazón? ¿De qué valen los títulos y diplomas, de qué valen los nombres rimbombantes de cargos ejecutivos, si ninguno de ellos logra definir lo que somos? Al final, nuestra identidad no está en lo que se describe en la tarjeta de presentación, sino en todo lo que nos hace palpitar. Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.
¿Cuál es su ocupación?
Nuestra identidad no está en lo que se describe en la tarjeta de presentación, sino en todo lo que nos hace palpitar.











