El �ltimo esca�oRabat utiliza el f�tbol y financia asociaciones culturales para crear un sentimiento nacionalista marroqu� entre j�venes europeos Una aficionada de Marruecos en Par�s.EFEActualizado Viernes,

julio

23:42Audio generado con IAQue el f�tbol y la pol�tica van cogidos de la mano es de sobra conocido, pero conviene se�alar c�mo los �xitos de la selecci�n de Marruecos en los �ltimos a�os son utilizados por el nacionalismo marroqu� para construir un nuevo relato nacional en el que el pa�s emerge como contrapeso pol�tico y cultural de Europa, en un proceso de ajuste de cuentas hist�rico con las viejas metr�polis. La narrativa marroqu� presenta su f�tbol como una expresi�n alternativa a la europea: m�s pura, callejera y arraigada al pueblo que a la academia y al dinero. Una propaganda resultadista que, no obstante, se derrumba al primer an�lisis del combinado alau�: la mayor�a de sus futbolistas nacieron en Espa�a, Francia u Holanda, y se formaron en las acomodadas canteras de equipos europeos de elite como el PSC o el Real Madrid, y se criaron en el Estado de Bienestar europeo.Con independencia de que cada cual sea libre de escoger con qu� camiseta juega, es evidente que la actual selecci�n marroqu� es un equipo futbol�stica y culturalmente europeo, no africano. Y es esta europeizaci�n, mediante un programa de captaci�n de jugadores, la que expone una estrategia geopol�tica de Marruecos en Europa, pensada a largo plazo y que se aprovecha del complejo de culpa poscolonial de los europeos y su perseverancia en la negaci�n de realidad. Despu�s de la victoria de Francia a Marruecos, y ante el hecho de que no hubo disturbios en Francia, los medios de comunicaci�n celebraban que "marroqu�es y franceses" hubieran dado una muestra de civismo y convivencia despu�s del partido, normalizando con ese discurso que esos j�venes franceses seguidores de Marruecos en realidad son considerados extranjeros en su pa�s. Exactamente, lo que busca en plan de Rabat. Marruecos ha construido un ecosistema de ONG y entidades te�ricamente culturales o religiosas que, con el amparo de las administraciones locales y subvencionadas por Rabat, promueven el nacionalismo marroqu� entre ni�os europeos con un mensaje claro: no importa d�nde naciste, eres y ser�s siempre marroqu�. Una forma de contrarrestar las pol�ticas de integraci�n europeas y que fomenta un t�xico desapego con la sociedad en la que crecieron y viven.Al mismo tiempo, es una herramienta de Marruecos para el control de las comunidades en el extranjero, cada vez m�s numerosas, y para utilizarlas como instrumento de presi�n pol�tica y social sobre Europa. El desprecio p�blico a Lamine Yamal por parte de autoridades marroqu�es, reproch�ndole haber escogido jugar con Espa�a, se reproduce en privado en muchos barrios europeos con otros j�venes �Lamines� a los que se exige que tomen partido por Marruecos.Estamos, pues, ante una operaci�n de poder blando especialmente delicada para Espa�a, cuyo Gobierno considera a Marruecos un aliado estrat�gico y ha tomado decisiones muy controvertidas a su favor, como el abandono del pueblo saharaui, la tolerancia con las narcolanchas o la pasividad ante las maniobras de Rabat en la FIFA de Infantino para arrebatar a Espa�a la final del Mundial de 2030.