El partido entre Marruecos y Francia invita casi de forma automática a una lectura histórica. La antigua colonia frente a la antigua potencia colonial. El Sur contra el Norte. La revancha simbólica de un país y su gente, Marruecos, que ya no acepta ser observado y tratado desde la vieja jerarquía. Pero esa lectura, poderosa y contextual, ya no trasciende de la misma forma.
Tras los pitidos finales de las victorias en el Mundial 2026 de Marruecos contra Canadá y de Francia contra Paraguay, los memes tomaron las redes sociales. Una simulación de una partida de Grand Theft Auto (videojuego donde los jugadores controlan a criminales en misiones como atracos o tiroteos), con coches incendiados, explosiones de edificios y un exceso de violencia venía a avanzar el escenario que acogería París el próximo 9 de julio tras el fin del partido, ganase quien ganase. Mañana qué.
La relación franco-marroquí atraviesa hoy una paradoja mucho más contemporánea que, en parte como en el meme, habla de distanciamiento social, identidad, violencia y rechazo. Mientras Rabat y París viven uno de sus mejores momentos diplomáticos en décadas, una parte creciente de la juventud marroquí se distancia culturalmente de Francia mientras que el debate político francés y la ultraderecha endurece su discurso sobre inmigración, identidad y pertenencia.











