Amira y Youssef caminaban de la mano por una callejuela del Marais parisino. Casados, los dos han nacido en Francia y son hijos de marroquíes. Pero Amira lleva la camiseta de azul y Youssef la roja. Dos visiones distintas de la patria, probablemente, también de la integración en ese concepto, sea lo que sea. “Al menos así seguro que gana alguien en la familia”. La pareja muestra la complejidad del sentimiento de muchos hijos de inmigrantes magrebíes hoy en Francia. Pero también un conflicto identitario y social que a veces aflora en las calles en las grandes celebraciones, como la del jueves por la noche, cuando toda Francia salió a celebrar la victoria contra Marruecos.París se había preparado para lo peor. El partido era de alto riesgo. Drones, miles de policías, controles en la calle. El duelo tendría lugar a más de 5.000 km de distancia, pero las consecuencias, ganase quien ganase, temía la policía, se palparían en las calles de París, tal y como ocurrió en las semifinales de 2022 durante el Mundial de Qatar, cuando Marruecos cayó por el mismo resultado y la policía detuvo a 266 personas y un adolescente murió. Esta vez, las fuerzas del orden blindaron la ciudad y cerraron algunas paradas de metro en el centro de la ciudad para evitar que los aficionados pudiesen invadir zonas como los Campos Elíseos.La rivalidad y tensión histórica y política entre ambos países no tiene nada que ver con la que mantiene París con Argel, pero en muchas de las heridas en el fracaso del proceso de integración de la inmigración afloran en este tipo de celebraciones. Media hora después de la medianoche, la situación seguía bajo un relativo control y muchos aficionados con la camiseta marroquí celebraban con hinchas de Francia.París ha vivido cada vez más episodios de disturbios en momentos de grandes celebraciones colectivas -Noche Vieja o el 14 de julio- o, más recientemente, tras grandes partidos del PSG. Los altercados, eso parece claro, no tienen que ver con un fenómeno estrictamente vinculado al fútbol. Del mismo modo que se explicó el año pasado, los ultras del PSG se encontraban esa noche fuera de París (esta vez en Budapest, donde se celebraba la final). El partido iba más allá de la mera rivalidad deportiva. La mayor parte del actual Marruecos fue protectorado francés entre 1912 y 1956, una historia de colonización que ha dejado huella en la sociedad marroquí. Paralelamente, millones de marroquíes emigraron a Francia tras la Segunda Guerra Mundial para trabajar, sobre todo, en una industria entonces escasa de mano de obra.Más un millón de residentes en Francia tienen la doble nacionalidad franco-marroquí. A ellos se unen otras 800.000 personas que viven en Francia con la nacionalidad únicamente del país magrebí. Tras los argelinos, es la comunidad foránea más numerosa en Francia. Las alineaciones de ambos equipos, sin embargo, explicaban más que el ruido y los datos y contienen elementos que explican los procesos de integración y asimilación, también las olas migratorias vividas en Marruecos. El equipo marroquí está compuesto mayoritariamente por futbolistas nacidos, criados y formados futbolísticamente en las principales escuelas de Europa. Jóvenes nacidos en Francia que, el futbolista Ayyoub Bouaddi, centrocampista de Marruecos de origen francés que disputará unos cuartos de final con tan solo 18 años, prefieren jugar con la selección del país de donde proceden sus padres. Una decisión que, a menudo, se interpreta como una falta de consideración al país que acogió a las primeras generaciones. Una traición a la República, en el caso de Francia, que se traslada también a una generación desencantada que recibieron sus padres y mira ahora a hacia esa vieja patria.
Francia sale a la calle para celebrar la victoria contra Marruecos
La policía blindó las grandes ciudades francesas ante el temor de que se repitieran los altercados de 2022, cuando ambos países se cruzaron











