La mayoría de las dos o tres decenas de miles de españoles que residen en Marruecos y los cerca de un millón de marroquíes de origen afincados en España animaron a su manera a los Leones del Atlas hasta su caída en la noche del jueves ante la selección de Francia. Con el pitido final, muchos de ellos respiraron aliviados al verse truncada una eventual semifinal, el próximo martes, entre los equipos de ambos lados del Estrecho. Pero si la Roja supera a Bélgica en la noche de este viernes en cuartos de final, es de esperar que Lamine Yamal (un icono en las camisetas juveniles vistas en las calles del país magrebí) y sus compañeros de la selección española sean jaleados en las semifinales contra Francia con ululantes albórbolas de regocijo femenino y los ensordecedores toques de panderos y vuvuzelas de los hombres.FranciaFRA 2 Mbappé 59',Ousmane Dembélé 65'MarruecosMAR 0 FinalMarruecos ha pasado de las sonrisas a las lágrimas, pero los Leones del Atlas vuelven a rugir ya como anfitriones de la Copa del Mundo de 2030, y con aspiraciones a ganarla. El país ha vivido el torneo global de fútbol con fervor desmedido y pasión sin límites. En las azoteas de las medinas o los cafés populares, verdaderos foros ciudadanos, los seguidores de los rojiverdes han vivido con júbilo identitario -renunciando a veces al sueño en plena madrugada- sus segundos Mundiales más exitosos. Se han colocado entre los ocho mejores, pero han quedado un escalón por debajo de la hazaña de Qatar, hace cuatro años. “Marruecos aún está aprendiendo lo que significa ser miembro de la élite del fútbol tras haber alcanzado las más altas cotas en 2022”, admite este viernes la edición digital del semanario Tel Quel. Se ha demostrado que no ha sido una casualidad esta buena racha, culminada con la Copa de Naciones de África (a expensas de la decisión de la apelación de Senegal ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo de Lausana).“Mantenerse entre los mejores era el reto más difícil y los Leones del Atlas lo han superado”, sostiene esta misma publicación. “La decepción de Boston ha sido inmensa, pero el desafío de organizar el Mundial del 2030 comienza ahora para una generación de futbolistas que tiene talento, experiencia, la edad adecuada y que cuenta con una afición cada vez mayor”. Solo le hace falta ser implacable, como se mostró el jueves Francia.Es una selección fruto de la diáspora: 19 de los 26 jugadores convocados por Mohamed Ouahbi (nacido en Bélgica) vinieron al mundo fuera de Marruecos, como el madrileño Achraf Hakimi, el malagueño Brahim Díaz o el canadiense Yassine Bono. El seleccionador marroquí llegó a alinear el pasado 14 de junio a 11 jugadores con doble nacionalidad de hecho para empatar ante Brasil en la fase de grupos.El exceso de confianza en las grandes inversiones para formar jugadores en escuelas de fútbol de élite y los fichajes que prometían la gloria a españoles o franceses de origen marroquí (algunos captados tras haber disputado encuentros en todas las selecciones de la Roja o les Bleus, salvo la absoluta) no han bastado para batir a una Francia que refleja -aun más que la España de Yamal y Nico Williams- la multiculturalidad de las sociedades europeas contemporáneas.Marruecos ha recurrido a su diáspora para reunir a la mejor generación de jugadores rojiverdes, pero la estrategia tecnocrática de los grandes complejos deportivos y los cheques en blanco no ganan por sí solos los partidos clave en las competiciones globales. Polémica sobre YamalEn la víspera del encuentro ante el seleccionado galo, se hacía público que el presidente de la Federación de Fútbol de Marruecos, Fouzi Lekjaa, ha polemizado sobre la identidad de los jugadores de origen marroquí. “No conozco a ningún español que se llame [Lamine] Yamal”, asegura en una escena de un documental francés sobre el auge de los Leones del Atlas. Lekjaa reconoce que intentó fichar al joven jugador del Barça, de padre marroquí, en sucesivas reuniones con su familia en Marruecos y España, según informa la agencia Efe. No obstante, ha matizado que respeta su decisión de vestir la camiseta con el escudo nacional español coronado por una estrella. Ministro de Presupuestos de perfil tecnocrático y candidato del Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM, oficialista, miembro de la actual coalición gubernamental) en las elecciones legislativas de septiembre, Lekjaa fue comisionado por el rey Mohamed VI para pilotar la organización del Mundial de 2030 junto con España y Portugal. Sus comentarios a favor del futuro estadio Hasán II -en construcción con 115.000 localidades para convertirse en el más grande del mundo, a mitad de camino entre Rabat y Casablanca- como sede de la final de la próxima Copa del Mundo han suscitado una controversia con el presidente de la Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán, partidario de que el encuentro decisivo se dipute en el reformado Bernabéu, con un aforo de hasta 85.000 plazas, o en el pendiente de remodelación Camp Nou, de 105.000 asientos.“Como país sede del Mundial, Marruecos no puede simplemente participar con la ambición de ser uno de los principales contendientes. Tiene que aspirar a ganarlo”, concluye la reflexión marroquí en Tel Quel tras la derrota “Lo mejor puede estar aún por llegar, siempre y cuando dejemos de esperar a que llegue”.