Actualizado Viernes,

julio

21:51Dios es muy mal aficionado: Pamplona esperaba a Morante de la Puebla, pero los toros de gloria de la desrazadita corrida de �lvaro N��ez cayeron en las manos de Borja Jim�nez. As� que uno tore� sin toros y el otro, con toros, no. Que nadie se enga�e con la excusa de la espada: Jim�nez no cuaj� ni al segundo —y Gavil�n era excepcional— ni al quinto —con talento, pero no tanta humillaci�n—. Podr�a meter en la ecuaci�n a Pablo Aguado, tambi�n penalizado por la suerte. Mas la gente hab�a acudido con la mente y el coraz�n puestos en Morante. Sucedi� tambi�n que no todo lo que sac� el maestro de la chistera cont� con el eco debido, confirm�ndose la luminosa frase del periodista Jes�s Bayort de que, a veces, la gente va a verlo y no sabe verlo. A las 18:53 ya hab�amos visto m�s toreo, no digo ya que en la tarde anterior, sino que en toda la feria. Pero ya hab�amos avisado en la l�nea final de la �ltima cr�nica: �Cuando venga lo bueno, no lo sabr�n ver�. Morante de la Puebla volvi� a Pamplona despu�s de la t�mbola de orejas y no se enteraron. Ni del modo de andar con el descarado toro, ni de asentarse con �l. Ni siquiera, me temo, de las tres chicuelinas —pura maravilla— sobre las que gir� ralentizado el mundo entero. Eran las 18:40 cuando se hab�a parado totalmente en una media que pos� el capote en la cadera. El toro, que hab�a marcado la querencia en sol varias veces —un puyazo en uno y otro caballo—, ven�a con el poder contado, la raza en m�nimos y con la incomodidad de puntear. Morante se dobl� con �l con sabor, trat� de sacarle limpios los derechazos —cosa que logr�— y dibuj� un cambio de mano de peculiar trazo, tan abajo. Menos empuje a�n cont� la embestida a izquierdas, pero, al final, tres naturales portentosos pusieron el colof�n a una obra hecha a golpes de monumentos, a falta de la redondez. Como ese camino de trincheras que se col� en el ecuador: el toreo al paso, ya digo. Se despidi� con media estocada y all� no asom� ni un pa�uelo. Salud� una ovaci�n haciendo as� con la montera: �En el siguiente�. Pero en el siguiente no fue, a�n m�s vac�o: el dep�sito de la bravura por debajo de la reserva; la expresi�n de seriedad en el l�mite. Morante aprovech� su salida para levantar un monumento a la ver�nica, hundi�ndose con la embestida todav�a viva. Dur� poco. Lo dem�s, desde entonces, corri� a cargo de la invenci�n del maestro. A base de buscarle las vueltas, provocarle y pisarle el sitio con la izquierda —esa serie contuvo la luz de Sevilla— consigui� alegrar al muermo, entre no pocos cabezazos. Mucho torero para tan poco toro. Abroch� con pases de costadillo, pinch� en los bajos y enterr� una estocada tambi�n baja. La �ltima ovaci�n la recogi� con cierto sinsabor de expectativas no cumplidas; nada en su debe.A las 19:15 un silencio sepulcral —un decir en Pamplona— hab�a descendido sobre Borja Jim�nez con peso de losa. Yac�a ya en el ruedo un toro de proverbial cuello, elasticidad may�scula, una expresi�n cariavacada para sentirse y una clase categ�rica, especialmente por la mano izquierda: Gavil�n planeaba sin inercias colocando su embestida de quilates a ras de suelo. Lo hab�a anunciado en un quite estupendo a la ver�nica de Pablo Aguado, as� como parando el vuelo. Jim�nez arranc� faena con la cabeza puesta en Pamplona, no en el toro, empleando pases cambiados de rodillas y una velocidad vertiginosa. La mano derecha empez� a atemperarse en la segunda serie y, cuando cogi� la izquierda, logr� una tanda de naturales que prometi� el para�so, y ninguna m�s del mismo nivel. Por lo que sea, como dicen ahora. Para cuando agarr� la espada, la sensaci�n de toro desperdiciado ya se hab�a instalado antes de los pinchazos. Lo mismo ocurri� con un quinto no tan humillador pero muy talentoso. Borja Jim�nez volvi� a demostrar sus limitaciones antes de estrellarse con la espada en modo haraquiri. Una ruina.Los tres cinque�os de la corrida —1.�, 3.� y 5.�— se abrieron en los lotes. Sueltas las carnes, con sus desigualdades en algunas seriedades menores y una igualdad en la falta de raza —y quiz� tambi�n en la preparaci�n, no s�—, no le sonri� la suerte a �lvaro N��ez, pecados propios a parte. Pablo Aguado ech� la tarde con mucha actitud y cosas toreras ante un toro no s�lo sin bravura, sino tambi�n sin clase. Y el �ltimo, que contaba con ella para hacerlo bien, se aflig�a en la muleta. Aguado no. Quiso mucho y mat� con seguridad.NOTA: La tarde hab�a arrancado con una formidable bronca por unas pancartas en los tendidos de sol contra Espa�a y su selecci�n de f�tbol. �Puta Espa�a� y �Puta selecci�n� escribieron unos putos anormales, hijos de la euskaldunizaci�n de Navarra. Una degeneraci�n no s�lo permitida, sino fomentada. La contestaci�n desde la sombra con gritos de ��Viva Espa�a!� y ��Yo soy espa�ol!� son� a infantil consuelo a falta de la ausente intervenci�n de la autoridad.MONUMENTAL DE PAMPLONA. Viernes, 10 de julio de 2026. Lleno de "no hay billetes". Toros de �lvaro N��ez, tres cinque�os -1�, 3� y 5�-; de desiguales seriedades, sueltos de carnes; compusieron un conjunto falto de raza y poder; destacaron el excelente 2� y el 5�Morante de la Puebla, de canela e hilo blanco. Media estocada (saludos); pinchazo en los bajos y estocada baja (saludos).Borja Jim�nez, de celeste y oro. Dos pinchazos, estocada contraria y trasera y descabello. Aviso (silencio); cuatro pinchazos y estocada contraria (silencio). Pablo Aguado, de tabaco y oro. Estocada contraria (saludos); estocada atravesada. Aviso (saludos).