Después del choque este jueves entre la Iglesia y el Gobierno por las reflexiones del presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, que hizo suyas en una charla las palabras de San Agustín al deslizar, entre otras, que “cuando un Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones” y que a “los hechos” se remitía, el también arzobispo de Valladolid ha tratado este viernes de matizar, en parte, sus afirmaciones, aunque ha seguido apuntando al Ejecutivo. “Cada uno verá por qué se siente aludido, porque yo no he hablado del Gobierno”, ha señalado a primera hora ante los medios en Valladolid, al mismo tiempo que ha cuestionado que la respuesta de Félix Bolaños llegase antes a las redacciones que al interesado. En una carta muy dura, el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes le respondía el mismo jueves: “Para mostrarle que su razonamiento no es solo injusto, sino profundamente contraproducente para la institución que usted preside, permítame hacerle una pregunta. ¿Qué le parecería si un miembro del Gobierno calificase a la Iglesia entera como ‘banda de agresores sexuales, a las pruebas me remito’? Evidentemente, sería falso y profundamente injusto”, le dice Bolaños. “Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen una especial obligación de custodiar la palabra para desarmar el lenguaje”, añadía el responsable de Justicia después de la conferencia ofrecida por el jefe de los obispos en la Fundación Pablo VI de Madrid sobre el colapso de la democracia. “Es verdad, lo reconozco. En los aspectos de cuidar el lenguaje, yo a veces soy muy espontáneo y no lo hago bien”, ha concedido Argüello. “Pero en esta intervención, dentro de un curso, yo hacía una apelación a la hora de la regeneración democrática a la responsabilidad de todos los ciudadanos y la responsabilidad de todos los ciudadanos en todos los ámbitos, porque la dignidad humana, también lo dijo León XIV, es fuente de derechos, pero también de deberes. Esta es mi tesis. Luego, a la hora de poner los ejemplos en un aula, en un intercambio, pues uno puede ser más afortunado o menos en las expresiones”, ha señalado antes de hacer recaer la responsabilidad sobre los periodistas. “Es la ley de los medios. Ustedes tienen que hacer titulares y yo lo entiendo (...) pero al poner el foco en parte de las palabras, se desenfoca el sentido del relato entero”, ha justificado.“A mí siempre me alegra que podamos dialogar. Lo que me extraña de las cartas es que lleguen antes a los medios de comunicación que al destinatario”, ha reaccionado también sobre el escrito. Cuestionado sobre si el Gobierno debe asumir responsabilidades, Argüello ha rematado: “Yo he ofrecido unos criterios de discernimiento ético y cada cual que los aplique como crea conveniente”. El arzobispo ha tratado de defenderse frente a sus polémicas palabras acerca del colectivo LGTBI (dijo, por ejemplo, que el orgullo “es el pecado de Satanás”) y las terapias de conversión. “Nuestras leyes están consolidando cuestiones que tienen que ver con lo que antes se llamaba disforia de género y hoy se llama territorio del orgullo LGTBIQ+”, cuestionó. “Se prohíben las terapias de conversión y al mismo tiempo se consolidan las terapias afirmativas”. Este viernes ha ahondado en ambas cuestiones. “Yo hice referencia a la palabra orgullo, y la palabra orgullo es una palabra reivindicada por Luzbel. No dije otra cosa”, ha señalado ante la pregunta de si cree que las personas LGTBI están en un pacto con Satanás. “Yo siempre he manifestado el ser contrario a las terapias de conversión. Lo que dije ayer, y se lo he dicho a Ana Redondo [ministra de Igualdad] en algún otro momento, es que no vale penalizar las terapias de conversión y canonizar las terapias afirmativas, que es lo que hacen las exposiciones de motivos de las leyes ofrecidas”, ha insistido.