En un sistema de crianza en el que los padres suelen llevar el peso de las normas y los abuelos son el contrapunto indulgente, la de la tía es una figura con gran peso aunque a menudo subestimada. Para muchos niños y adolescentes la hermana de su mamá o papá puede convertirse en un referente único.

“Las tías tienen un lugar muy cercano y especial dentro de la familia porque, al igual que los abuelos, combinan cercanía afectiva y menor carga educativa y están más cerca de la edad de los padres”, explica la psicóloga Amaya Prado, especialista en infancia, adolescencia y familia, para quien este tipo de relación ocupa un espacio privilegiado en la jerarquía familiar. “Una tía puede tener un rol más relajado de escucha activa y disfrutar compartiendo, además las tías pueden ser ese puente en situaciones de conflicto entre los hermanos y sobrinos equilibrando ambas partes”, añade.

Uno de los pilares de este vínculo, más relajado que el de los padres, es la ausencia de miedo a las consecuencias inmediatas, aclara Prado: “La tía no se va a convertir en una aliada contra los padres, pero sí en una mediación, un equilibrio, una escucha activa cercana que complemente la labor de sus padres, muchas veces diciendo lo mismo, pero aceptado mejor”. Esa forma de apoyo y validación hacia el sobrino o sobrina convierten a la tía en lo que la psicóloga define como “una figura importante de apego complementario”.