“¡No tiene hijos!”, le dijo un día mi sobrina más pequeña, Bonnie, a mi hermana refiriéndose a mí.
“Por eso tiene tanto tiempo para darte amor”, le respondió ella. Bonnie se quedó pensativa, con esa mirada profunda y sincera que tienen los niños pequeños cuando realmente están reflexionando sobre algo. Luego asintió con la cabeza, como diciendo: sí, es una respuesta muy acertada. Ojalá todo el mundo lo entendiera tan fácilmente.
En muchos sentidos, no soy una candidata adecuada para la maternidad. Necesito, por ejemplo, más de 10 horas de tranquilidad a solas al día para poder funcionar. He visto a mis amigas y a mi hermana convertirse en madres; me lo he imaginado con gran detalle, hasta el punto de resultarme insoportable, y he decidido que no es para mí.
Más allá de cualquier razonamiento lógico, simplemente nunca he sentido la necesidad de crear a una persona con mi cuerpo. Y no creo que sea obligatorio solo porque tenga los órganos para hacerlo.
¿Pero ser tía? Nací para esto.









