El agua, alegoría ambivalente, está relacionada de forma directa con nuestra psique más profunda, con la protección del líquido amniótico, con la iniciación del bautismo, con el fluir de la vida y con su estancamiento final. En Las corrientes, la subyugante nueva película de la argentina Milagros Mumenthaler, el agua (de un río, de un grifo, de la lluvia) encierra el trastorno de una mujer que un día se deja llevar por un impulso y, tras recibir un premio en Ginebra, se arroja al río. De esa tentativa de suicidio, con la que se abre el tercer largometraje de Mumenthaler, emerge una película tan misteriosa y enigmática como elocuente y bella alrededor de una mujer en crisis.¿Qué le ocurre a Lina, esa joven guapísima, casada y con una hija pequeña, que regresa a Buenos Aires sumergida en esa corriente de dolor y locura de la que nadie, tampoco ella, habla? A partir de ese vacío existencial, materializado en una repentina fobia al agua, Mumenthaler filma con gran talento y elegancia el cauce del subconsciente de Lina. Un hilo invisible que recorre la película desde su arranque sin diálogos a secuencias tan portentosas como la del faro —también callada—, en la que los pensamientos felices de Lina sobrevuelan su ciudad acunados por una suite de Holst. Mumenthaler compone imágenes de una fecundidad sorprendente que remiten, sin caer en la cita momificada, a la idea de una identidad femenina rota de Vértigo, de Alfred Hitchcock, ya sea en la subida a ese faro o en la contemplación de una mujer a las obras de arte de un museo. El juego de colores, sobre todo los azules, envuelve la fobia al agua del personaje después de su caída al río, y las referencias pictóricas muestran el laberinto de una mujer definida a través de su mirada a otras mujeres, una cadena de pequeños e inquietantes detalles que llevan de su suegra a una rica clienta, de una mujer en silencio que toma las medidas de otra a una vieja conocida que regenta una peluquería de barrio, rincón entendido como un secreto consultorio médico para una mujer que ya no quiere lavarse el pelo. Como en su anterior largometraje, La idea de un lago, en el que el agua atravesaba la memoria familiar, Las corrientes contiene un dolor innombrable: el futuro negado a través de la repentina carga de una hija pequeña y el pasado como la losa de una madre cuyas cortinas cerradas lo explican todo, o casi todo. Tocada por la misma corriente romántica que el cine del alemán Christian Petzold, la nueva película de Mumenthaler revalúa el melodrama y sus personajes femeninos desde un suspense suave, con una música se abre a un tiempo más abstracto y mudo, quizá como respuesta a un mundo de tanta abundancia y ruido. Como en la última película de Petzold, Espejos Nº 3, la depresión se mira en el espejo de un río y es ahí, en esas oscuras y fangosas profundidades, donde el espectador y la propia Lina descubren todas las posibilidades del agua y de salir a flote con otro impulso. Las corrientesDirección: Milagros Mumenthaler.Intérpretes: Isabel Aimé González Sola, Esteban Bigliardi, Jazmín Carballo.Género: drama. Argentina, 2025.Duración: 104 minutos.Estreno: 8 de junio.
‘Las corrientes’: el espléndido cauce de una mujer en crisis
La tercera película de la cineasta argentina Milagros Mumenthaler bucea en el misterio de un personaje amenazado por la locura








