Donald Trump lo llena todo, así que la guerra en Ucrania ha quedado desde hace meses un tanto desdibujada, como en segundo plano. Todos saben que existe, pero sobre el tablero están en primer término las urgencias que marca en su agenda el actual inquilino de la Casa Blanca. Las provocaciones que dispara en diferentes direcciones son de tal magnitud que consigue lo que pretende, que se hable de él, y que se hable mal, pero que centre durante cada rato cualquier conversación. Si se sumaran y sopesaran las críticas que Trump ha recibido desde que tomó las riendas de su segundo mandato, la conclusión más previsible es que cuanto ha hecho es un desastre, y que ya no levantará cabeza. Pero ahí sigue con una firme determinación y convencido de que su inmenso poder va a darle finalmente la razón.Uno de sus golpes más contundentes lo ha dado contra Europa. La quiere abandonar a su suerte, le resulta muy cara, y la considera una especie de peso muerto que le dificulta avanzar en la liquidación de los organismos multilaterales y que tampoco lo apoya de manera incondicional en sus distintas aventuras —Venezuela, Irán, su cercanía a Netanyahu, lo que vaya a hacer en Cuba, etcétera—. La OTAN es uno de esos organismos multilaterales, y Trump quiere diluir ahí el protagonismo que ha tenido hasta este momento Estados Unidos. Y es ahí donde habría que poner más luz sobre Ucrania. Con el tiempo, es posible que solo Europa colabore en su defensa. Y la guerra sigue ahí, igual un poco postergada, pero llena de complicaciones, y de dolor y de sufrimiento. Los ruidos que vienen del pasado no ayudan. El 26 de mayo, Volodímir Zelenski decidió darle a una unidad militar que lucha ahora contra los rusos el título honorífico de Héroes del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), el brazo armado y clandestino de la principal organización nacionalista de Ucrania que participó durante la Segunda Guerra Mundial en la matanza de entre 50.000 y 100.000 polacos que yacen en fosas en la región de Volinia. La reacción diplomática de Varsovia fue inmediata: le revocó a Zelenski la Orden del Águila que le concedió en 2023. Kiev, por su parte, anunció después que tres expresidentes que habían recibido durante sus mandatos condecoraciones de Polonia renunciaban a ellas. Quizá sea el cansancio que provoca la guerra lo que empuja a Zelenski a recuperar las viejas gestas nacionalistas que laten en la memoria de su país para darles un poco de brío a los suyos, pero el pasado es una ciénaga en las que se embarran las intenciones más patrióticas, y volver a ellas es peligroso. Polonia sirve hoy como principal corredor para el suministro de armas a Ucrania. Ese es el presente que importa en la lucha contra Rusia. Y no la maraña de escabechinas en las que se envolvieron las fuerzas de Polonia y Ucrania entre 1943 y 1945.El pasado es un hervidero de agravios que no conviene recalentar. Más todavía en mitad de una guerra donde resulta difícil encontrar el camino de la paz. Los propios combates que se libran en Ucrania son distintos a los que se han librado en conflictos anteriores y es que ya no importan tanto, como antaño, los encontronazos entre soldados. El protagonismo lo tienen los drones, y la inteligencia artificial: las máquinas. La cita en Ankara al menos le ha servido a Ucrania para obtener de Trump la licencia para fabricar misiles antiaéreos Patriot, imprescindibles para su defensa. La cumbre de la OTAN dio para poco más. Trump volvió a llenarlo todo. ¿Y Ucrania? De perfil bajo.
Ucrania, perfil bajo
Zelenski consigue en Ankara la licencia para fabricar misiles Patriot en una cumbre de la OTAN donde Trump vuelve a llenarlo todo con su megalomanía












