“Llegás a los 40 años y, de alguna manera, te empiezan a decir: ‘Che, ¿no sos grande para ser mamá?’. ¿Podría haber sido mamá más joven? Sí, pero no estaba con la persona indicada. ¿Podría haber sido mamá antes? Tal vez sí, pero cuando realmente quise y tomé la decisión de ser mamá, las cosas se complicaron. A mí se me complicaron”, expresó María Belén Ludueña en Ellas, el ciclo de entrevistas de Infobae, donde repasó su recorrido personal, profesional y familiar tras convertirse en madre.Periodista, conductora de televisión y abogada, Belén se graduó en Derecho en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Sin embargo, poco después orientó su carrera hacia los medios de comunicación, donde dio sus primeros pasos como conductora de noticieros y programas de radio en su ciudad natal.En 2017 se radicó en Buenos Aires y continuó su trayectoria en señales como Canal 26, A24, América TV y eltrece. Con el paso de los años se consolidó como una de las figuras de la televisión abierta, primero como panelista y luego al frente de programas de actualidad, entre ellos Mujeres argentinas. Casada con Jorge Macri desde 2022, en abril de este año se convirtió en madre de Vito, una experiencia que -según sus propias palabras- transformó su vida.María Belén Ludueña: "La maternidad te hace descubrir un amor que hasta ahora no había conocido". Fotografias: Maximiliano Luna—Estoy feliz de poder hacer esta entrevista porque hace un montón que quiero tenerla en nuestro espacio. ¡Bienvenida Belén Ludueña! ¿Cómo estás? —¿Cómo va, Luli? Muchísimas gracias. Tenía muchas ganas de hablar con vos. Creo que es la primera entrevista que hago después de haberme convertido en mamá. Me acuerdo que vos me escribiste hace unos meses y yo dije: “No, todavía no quiero hablar”. Y bueno, ahora ya estoy volviendo al ruedo...—Me acuerdo que en su momento cuando te contacté fue porque me impactó mucho la naturalidad y la franqueza con la que compartiste y visibilizaste tu búsqueda de embarazo. —Sí, me acuerdo que fue cuando estaba en el programa de tele Mujeres Argentinas. Y en esos momentos que uno está en la búsqueda de un bebé, las mujeres sabemos que nos sensibilizamos un montón y creo que fue parte de lo que estaba viviendo no tener miedo a expresar lo que me estaba pasando. Después, te digo que un poco me arrepentí, porque se viralizó mucho y dije: “¿Por qué me puse así?”. Soy una mujer muy sensible y generalmente demuestro lo que me pasa, pero…—¿De qué parte te arrepentiste? —De exponerme tanto, de ponerme en ese lugar, de verme en el video llorando. Estaba compartiendo algo que por ahí era muy íntimo, porque me acuerdo que ni bien lo vio mi mamá, me dijo: “¿Por qué lloraste, hija?”. Y decís: “Ay, Dios”. Había muchas cosas en ese momento que me estaban pasando. Estaba arrancando un programa nuevo con un montón de mujeres, era un desafío para mí tener una conducción. Estaba en esa búsqueda de un bebé, con todo lo que eso conlleva, sobre todo por una cuestión hormonal muy grande, que las mujeres que atravesamos por eso sabemos de lo que estamos hablando, que es como que a veces no te podés controlar. Esto de sensibilizarte y llorar y también de tener algunos arranques. Los altibajos son muy normales. Y también estábamos en el medio de una campaña política muy fuerte. Estaba Jorge en el medio de esa exposición pública y fue un combo muy grande que hizo que yo explotara y me mostrara realmente como soy, ¿no? Que básicamente es lo que le pasa a muchas mujeres. Lo visibilicé y después, con el paso del tiempo y cuando logré quedar embarazada, muchas mujeres se identificaron y me preguntaban cómo había hecho y está bueno también ser un poco referente de eso. —Hay muchas cosas que te quiero preguntar, pero quiero empezar por la maternidad. Sin buscarlo, te convertiste en un espacio de contención para muchas mujeres que se acercaron a compartirte sus historias. ¿Te encontraste con testimonios en los que te sentiste identificada?—Un montón de testimonios y tal vez hasta incluso más duros de los que yo había experimentado. Al escuchar y poner el oído, sentía que lo mío no había sido tanto. Pero sin lugar a dudas fue bueno también para dar una mano y alentar porque no hay que bajar los brazos. Sobre todo cuando también te convertís en una mamá grande, y digo así, grande, porque te lo hacen notar. Cuando por ahí llegás a los 40 años, es como que de alguna manera te dicen: “Che, ¿no sos grande para ser mamá?”. Y te vienen otros miedos. —¿De dónde venía ese “no sos grande para ser mamá”? —Y comentarios por ahí en redes sociales muy ofensivos: “¿No te parece que estás un poquito grande?” o “Sos vieja”. Y ahí vos decís: “Pero pará”. Una no es madre cuando quiere sino cuando puede y tal vez demoras en tomar esas decisiones. ¿Podría haber sido mamá más joven? Sí, pero no estaba con la persona indicada para serlo. ¿Podría haber sido mamá antes? Tal vez sí, pero realmente cuando quise y tomé la decisión de ser mamá, se complican las cosas, se me complicaron. Pero hay toda una mirada ajena a eso que no deja de invadirte de miedos. Porque vos decís: “Bueno, pará, yo me siento bárbara, estoy bien, tengo 40 y de repente voy a hacer lo que creo que va a ser más importante de mi vida que es convertirme en mamá”. Y tener esa mirada de: “Che, sos vieja”. Y no suma…—Igual es insólito que uno tenga que encontrar argumentos o dar explicaciones: “Si no fue antes, fue porque...” —Sí. Pero eso, Luli, me parece que también es como que yo abrí la puerta, porque podría haber pasado mi búsqueda de una manera tal vez no tan expuesta. Pero al trabajar en televisión, tener una cámara y contarlo, de alguna manera vos le das la bienvenida a que lleguen esos comentarios, pero bueno... —Vos me dijiste: “Me arrepentí en ese momento de haberme expuesto o del llanto, de la emoción”. ¿Te arrepentís también de haber compartido el proceso? —No, el proceso no. Porque yo también estaba bajo mucha presión y tenés que tener la cabeza tranquila para convertirte en mamá. Me acuerdo que después de haber llorado tanto, en un momento mi médico, el doctor Adán Nabel, que aprovecho y le mando un beso enorme, junto con la doctora Flor Nodart, que son unos profesionales de la hostia, me dijeron: “Bueno, pará, no es momento”. Porque me veían. Ellos ni siquiera sabían lo que yo estaba viviendo internamente. Pero con esa reacción pública quedó en evidencia. Yo estaba nerviosa por un montón de cosas y de repente él me dijo: “Bajemos acá, esperemos y cuando estés más tranquila, retomamos, porque no sirve de nada”. —¿Y cómo recepcionaste eso? Porque cuando una quiere ser mamá, arrancás la búsqueda y querés que sea ya. Cuando los tiempos no son como una espera, la ansiedad te abruma. Y que de golpe el médico te diga: “No es el momento”.—Sí, en realidad lo tomé bien porque lo entendí. Cuando me vi así en el video dije: “Bueno, no. No me voy a poder convertir en mamá ahora con esta ansiedad, con estos nervios que estoy teniendo. Me parece que tengo que bajar un poco la cabeza”. Obviamente, también ayudada por mi psicólogo, todos estuvimos de acuerdo en eso. Incluso yo me veía y decía: “Me parece que no estoy para, para seguir buscando ahora”. Esa búsqueda se cortó un poquito, en un momento lograron calibrarme y después ya todo se acomodó, yo estaba mucho más tranquila…—Porque es un tema emocional, hormonal. —Es todo junto. Sí. —Y cuando mirás hoy para atrás, ya con Vito con ustedes, ¿cómo te sentías vos en esa etapa? —Frustrada por intentar, frustrada porque también tenía pensamiento de recriminarme: “¿Por qué no lo intenté antes?”. Empezás como a tener todas esas preguntas que decís: “Perdí el tiempo”, porque somos mujeres así independientes, que tenemos nuestra carrera y decís: “Voy postergando, porque hoy me voy a dedicar plenamente a este desafío”. Y después la verdad que la vida pasa por otro lado. Y creo que al convertirme en mamá me di cuenta de eso. Como que dije: “¡Uy! Por Dios, perdí mucho tiempo en eso”, ¿entendés? Hasta en tomar la decisión de congelar óvulos, que me acuerdo que estábamos en casa y Jorge me dijo un día: “Vos tenés que congelar óvulos”. —¡¿Él te lo dijo?!—Claro, porque sabía que quería ser mamá. Pero veía que todavía no estaba la decisión tomada. Entonces yo dije: “Voy a comprar tiempo”, porque cuando uno congela óvulos, básicamente, ¿qué hacés? Comprás tiempo, seguridad...—¿Y cómo te cayó cuando él te dijo eso? —En realidad bien, me gustó porque me parece que él ya había descubierto en mí esas ganas de ser mamá que yo todavía no había manifestado. —¿Pero era algo hablado? Porque Jorge al tener hijos, viste que es súper válido que por ahí digan: “Che, yo no voy a querer tener hijos”. —Sí, porque ni bien nosotros empezamos nuestra relación, lo hablamos porque nos llevábamos 20 años, él me lleva 20. Entonces, me acuerdo que en una charla, al toque de empezar a salir, yo le dije: “Yo no te voy a mentir, yo quiero ser mamá y quiero tener hijos. No ahora pero sí más adelante”. Estábamos, hacía, no sé, tres meses (risas). El tipo me miraba como diciendo: “Pero recién nos acabamos de conocer, nos empezamos a conocer”.—Claro. Señora, más despacio (risas).—“El que avisa no traiciona. Yo quiero esto para mi vida”, le dije. Es más, yo decía: “Mis hermanas ya son madres, ya se casaron y yo quiero lo mismo que ellas, quiero vivir eso”. Entonces como que ahí Jorge no es que se comprometió. Pero entendió que yo tenía esa necesidad y que yo quería eso. —Y estaba dispuesto a que si el vínculo y el deseo avanzaban… —Después pasaron los años, ya van ocho años, pero en su momento era como que él ya sabía que eso iba a pasar. No tenía fecha de vencimiento, pero era una presión de saber Belén quiere esto y yo también quiero acompañar.—Estuvo buenísimo que lo hables. —Lo hablé de entrada. Me acuerdo patente a dónde habíamos ido a comer y dónde yo estaba en esa charla y está bien, me parece que es parte de una pareja, ¿viste? Para que siga creciendo. —¿Cuántos años después él te dijo: “A mí me parece que vos tenés que congelar óvulos”? —A los 34 o 35, me acuerdo que me dijo. Y bueno, ahí yo dije: “Sí, ¿sabés qué? Voy a hacerlo”. Y ahí empezás a conocer un poco cómo es este camino de convertirte en mamá, que después deviene en un tratamiento. "Congelar óvulos fue comprar tiempo, pero también atravesar un cambio muy fuerte", confesó la periodista. Fotografias: Maximiliano Luna—Del que se habla poco.—Del que se habla poco y te digo que para mí congelar óvulos no sé si estuvo tan bueno, ¿eh? Yo congelé óvulos, estuvo bien el proceso, que también fue con Adán. Pero cuando me sacaron los ovocitos, cuando me hicieron la aspiración, estuve tres meses intratable. Tres meses que yo decía: “No puedo creer estar así”. Me despertaba hasta incluso como de mal humor. Me desconocía de alguna manera. Entonces, toda esa parte hormonal también te da un poco de miedo.—Sí, que es hormonal y también es anímico porque uno se enfrenta a una de las decisiones más importantes de su vida. Y más vos, con tu pareja estable y todo, pero diciendo: “Che, siento que no es el momento”. Y es esa lucha interna entre abandono a la que conocí hasta el día de hoy para convertirme en otra. —Exactamente, en esa nueva versión que un poco te da miedo, ¿viste? Es un duelo. De hecho, a mí me pasó también cumpliendo 40 años, que empezás a replantearte un montón de cosas, como diciendo: “Bueno, yo ya llegué hasta acá”. Y a partir de ahora, ¿qué quiero hacer? Y en ese camino del qué quiero hacer, que te ponés en pausa, porque la maternidad te pone en pausa, y te genera muchas preguntas que hasta el momento yo no me había hecho. Te preguntas: “¿Yo quiero seguir haciendo esto? ¿Esto me hace feliz? ¿Voy a llegar a mi casa angustiada por alguna cuestión laboral y se la voy a trasladar a mi hijo?“—¿Y cómo siguió todo después?—Te agarra, de alguna manera, esto de decir: “¿Cómo va a ser lo que viene?” Porque si esto de congelar óvulos, que era algo sencillo, para mí fue un cambio hormonal grande, ¿cómo será el tratamiento? Me acuerdo que estaba empezando un noticiero y yo era una cosa… Una loca (risas). ¿Viste cuando decís: “Che, no me puedo controlar”? Estaba nerviosa. Son cosas que poco se hablan, porque realmente el cambio hormonal es fuerte, pero vale la pena todo. Vale la pena haber pasado por todo eso, desde congelar óvulos, después mi tratamiento y todo los altibajos, para el resultado final. 3s un lugar común, pero realmente siento como que la maternidad te hace descubrir un amor que hasta ahora yo no había conocido. —¿Cuánto tiempo pasó desde que congelás óvulos hasta que la conversación fue: “Bueno, arrancamos la búsqueda”? —Pasó un tiempo, pasaron unos años, porque estaba en esta búsqueda de realización personal, ¿viste? De decir: “Quiero seguir creciendo en lo mío, estoy cómoda, me gusta nuestra relación como pareja. Está buena, estamos bien, estamos felices”. Te preguntás qué va a pasar con un nuevo integrante y demás. Y empecé una búsqueda hace dos años y yo creí que iba a ser más fácil. Uno tiene como referencia a la madre y a las hermanas. A mis hermanas no les había costado nada… —Jorge también tenía sus hijos. —Claro. Tenía sus hijos, todo natural, todos rápido. Y yo dije: “Bueno, va a ser más rápido esto”. Y la verdad que no, en algún momento también me tuvieron que hacer algunos estudios por mi útero, porque lo estaban analizando y tal vez eso también demoró un poco el tiempo. Después tuve un intento que no fue, que fue previo a todo ese llanto que yo estaba teniendo y que mostré en la tele. —O sea, cuando nosotros te vimos tan vulnerable y expuesta, ¿vos venías de perder un bebé?—En realidad no de perderlo sino que el resultado del tratamiento no había sido el esperado, que es bastante común también. Y con esto que te decía de compartir experiencias a partir de lo que yo había vivido, empecé a conocer otras historias mucho más duras de mujeres que están devastadas, entonces ahí sentís que no fue tanto tampoco en comparación de otras mujeres que la vienen luchando hace muchos años. Pero cada proceso es personal y después tiene que ver con no estar bien como para afrontarlo. Porque también uno, en el afán de querer, no es tan sincero con el profesional. Vos decís: “Bueno, yo quiero, perfecto, bárbaro, listo”. Pero no le decís: “Che, la estoy pasando mal, estoy bajo mucha presión, mucho estrés”, entonces todo de alguna manera queda ahí flotando, pero en realidad no lográs sincerarte de esa forma. Cuando él me vio así, como buen profesional y humano que es, me dijo: “Mirá, aflojemos acá, esperemos un poco, ¿te parece?” Y una vez que me relajé, ahí volvió la charla con Jorge y me dijo: “Bueno, dale, ¿cuándo empezamos de vuelta?”—Es entendible y es correcto que todos los ojos estén puestos sobre la mamá. Pero el hombre que acompaña en un proceso, un tratamiento de búsqueda de un embarazo, vive también sus etapas de angustia, de frustración, incertidumbre. ¿Cómo te acompañó tu marido en el proceso? —¡Uff! Mucho. Me acompañó un montón y es fundamental. No sé si lo hubiera podido hacer sin ese acompañamiento de Jorge. Y también, a ver, Luli, seamos sinceros, Jorge me lleva 20 años. También él tenía sus dudas. Me decía: “Todo bien con vos que estás con esto de los 40 y que hay críticas. Lo entiendo. Pero yo tengo 60 años. Y tengo tres hijos de 26, 27…" Como diciendo está bien que vos también estás con tus dudas y todo, pero avancemos, porque si bien no hay un reloj biológico para el hombre, de alguna manera hay cosas que le pasan por dentro y decís: “¿Voy a poder estar cuando él tenga 20?” Son cosas que interpelan. Pero más que nada el planteo de él era más a futuro, decir: “Yo quiero estar. ¿Y cómo voy a estar en este nuevo rol?" Él ahora se ríe y siempre dice: “Soy un pabu”. —¿Qué es un pabu?—Él dice que es un papá abuelo (risas). Pero dice: “Estoy feliz porque lo estoy disfrutando de otra manera”. Y a mí lo que más me gusta también es verlo a él en ese rol. Yo ya sabía que era buen padre, pero ver que sea buen padre con un hijo que vos tenés en común es como que te genera mucha satisfacción y el amor se multiplica. —¿Qué fue lo que más te sorprendió de él como papá de tu bebé?—Que quiso estar siempre en todo momento y que se comprometió mucho también con temas míos, me decía: “Tenés que estar bien alimentada”, “¿Estás pensando en nutrirte bien?”. Él es atento con todo, con acompañarme, estar presente en las ecografías, a darme esas seguridades que por ahí él ya tuvo esa experiencia. En esto que yo decía: “Che, soy grande, tengo 40 años”, fue psicológicamente un gran compañero en todo eso. Y después estuvo en la cesárea, en todo momento conmigo…—Eso te iba a decir. Me parece espectacular, más allá de quién es él y de su trabajo, pensar en volver a convertirse en papá a los 60 años. ¿Cómo viven ese proceso de la cesárea, de los miedos?—Por ahí no sé si se va a abrir tanto y a contarlo, pero yo lo cuento. Me tomo la licencia porque soy su mujer y lo viví con él (risas).—¿Es como que vuelve a ser primerizo después de tantos años? —Sí. Y también el tema de poner límites. Los hijos de Jorge le dicen: “Papá, vos no le vas a poner un límite”. Y él dice: “No, yo lo voy a educar, le voy a poner límites”. Y realmente cuando lo ve, se derrite. Antes de ir a trabajar comparten tiempo y lo carga de energía. Quiere volver a casa, obviamente limitado porque tiene una responsabilidad y todo. Pero yo digo: “Es bueno que tenga esos momentos”. Porque es muy importante hacer parte al otro. En eso me acuerdo que mi psicólogo fue clave. Me dijo: “Mirá, vos tenés que hacerlo parte, Jorge. O sea, acá son tres”. ¿Viste que a veces hay como una cosa de mamá-bebé? Pero somos una familia, no es que es mi bebé. Porque yo cuando empezamos, cuando arrancaba con este proceso, era de decir “mi bebé”. Entonces, me reeduqué en eso y es nuestro bebé."Vale la pena haber pasado por todo para llegar a este momento", expresó Belén en diálogo con Luli. Fotografias: Maximiliano Luna—Dijiste antes: “Era un momento dificil para mí, estábamos en una campaña feroz”, ¿qué es lo más difícil de ser la mujer de un hombre tan importante? —Lo más difícil a veces es que vea la gente con otros ojos la persona que tenés al lado. Lo más difícil a veces es que la gente generaliza mucho la política y se enoja con la política, y vos por ahí dormís con esa persona y sabés las intenciones que tiene. Y de repente cuando por ahí la política empieza a cometer errores y vos te casaste con un político, salir con esa bandera no defensa, sino de decir: “Che, este para mí vale la pena”. Es como que hay un enojo muy grande.—Entendible, ¿no? Digamos que la política ha sido bastante cuestionable en nuestro país. —Por supuesto. Por eso también creo que tenemos un fenómeno de la política que es emergente, que Milei. La gente estaba muy enojada con la política tradicional y buscó algo diferente y creo que está bien también que suceda eso. Pero en los momentos de campaña se vive mucha violencia. Hoy creo que la política también está en un nivel donde no hay límite, ¿no? Como que traspasa todo. Hoy se pega abajo del cinturón. Se mete mucho en la familia, tenés que estar muy preparado para eso, tenés que estar bien protegido, tu hogar tiene que estar protegido.—Qué difícil eso, ¿no? ¿Cómo lográs atravesarlo? —Entendiendo dónde estoy parada, siempre con mucho sentido común, acompañando, involucrándome, porque está bueno también conocer las realidades, pero ya siendo un actor. O sea, conocer a la gente, cuáles son las verdaderas necesidades para poder empatizar, poder entender también los enojos a veces. A mí me gusta realmente involucrarme.—¿Te ves en algún momento haciendo política? —Esa es siempre la pregunta que viene (risas). —Es que me decís involucrándome y digo... —No, yo desde este lugar. Me convertí en la mujer del jefe de gobierno, pero antes, cuando Jorge era intendente de Vicente López, siempre me gustó hacer. Estar al lado de él, pero utilizar bien ese rol. No es fácil acompañar, porque a veces el acompañamiento te pone en un lugar de mujer accesorio. Y vos decís: “Pará, yo tengo voz, tengo micrófono, me recibí, soy más que eso”. Sí me pongo al lado y me visto para un evento, que tenés que estar impecable y todo eso, pero me parece que uno también puede capitalizar esos lugares desde un lugar mucho más sutil. —Es un lugar de mucha responsabilidad. —Yo lo tomé así y tengo mis propias causas y me gusta. Ahora estoy con un proyecto que se llama Alumbrando Futuro, que ayudo a mujeres madres en situación de vulnerabilidad en distintas maternidades de la ciudad de Buenos Aires: en Maternidad Sardá, en el Hospital Fernández y en el Elizalde, el ex Casa Cuna, donde otorgamos capacitación y oficios a estas mujeres que acaban de ser mamás, que se encuentran con un montón de preguntas sin respuesta. Hay talleres de costura, de maquillaje, de monetización de redes sociales…—De herramientas para que puedan salir adelante. —Y todo esto se hizo con un estudio previo. Porque yo puedo darle un taller de costura a alguien, pero si después ese taller no lo quieren aprovechar, ¿de qué sirve? Entonces, estuvimos con un trabajo de seis, ocho meses viendo cuáles eran las necesidades como para tener resultados efectivos. Y estoy chocha porque ya pasaron más de cien mujeres por allí. Así que eso me pone recontra feliz. —Hace un rato dijiste: “Estoy en un proceso también de búsqueda, de entender si quiero seguir dedicando tiempo, energía a esto o pertenezco a otro lado”. ¿Sentís que estás como encontrando un nuevo lugar a nivel profesional?—Sí, creo que todo se complementa. Creo que una vez que tenés la posibilidad de poder hablar y de tener un micrófono y cierta visibilidad, es más fácil en ese sentido. Podés complementar. A mí me encanta estar en la tele, me gusta, es mi pasión, pero en el último tiempo lo sufrí. No era algo que vos decías: “Bueno, voy a la tele y es mi lugar en el mundo”. De repente la tele se volvió para mí muy hostil, muy del resultado, muy del rating, de la presión y sinceramente no… Por ahí hasta incluso de tocar ciertos temas que a mí no me generan, no se identifican conmigo. Viste que hoy es todo por rating. Entonces, de repente yo tengo que hablar de alguien y no tengo ganas de hacer eso. Uno lucha mucho también por generar, por tener tu propia independencia, tu micrófono, por trabajar en la tele, por ocupar un espacio. Yo ya no tengo que rendir cuentas de nada, trabajo en noticieros desde los 19 años. Pero cuando de repente te convertís en “la mujer de”, parece ser que todo llega de una manera muy fácil y de repente aparece la típica frase: “Esta está acomodada”. Y la verdad que no. Y son muchas más las veces que por ahí me quedo afuera que las que estoy. De repente se pone mucho más la lupa en lo que consigo que en lo que pierdo en el camino. Obviamente, es un trabajo personal, es algo que tenés que hacer vos para plantarte de otra manera y decir: “Yo no tengo que rendir cuentas, ya está. Estoy super preparada para los lugares que me dan, con mejores o peores resultados, pero no hay dudas de que estoy acá desde que soy chiquita, desde que estaba en Mar del Plata fui haciendo mis pasos y hoy me toca conducir”. Yo me tengo que sacar esa mochila, porque la mirada ajena siempre va a estar. Siempre soy consciente de que Jorge tiene un lugar súper relevante y la política es muy dinámica y uno tiene que ser consciente de que eso no es para toda la vida, que tenés otra vida para vivir con tu pareja, con tu marido y nunca perder eso, ¿viste? No perder ese eje. Entonces no hay que subestimar. Soy todo: mujer, ahora madre, periodista, esposa y soy lo que soy. Los años que vine haciendo mi propia carrera y dando mis propios pasos, dan cuenta de que yo estoy preparada para eso.—Para ir cerrando y volviendo un poco a todo tu proceso de maternidad, me contaste cómo fue la búsqueda, la concepción y el parto. Contame, ¿cómo estás con esta etapa ahora?—Estoy feliz. Como decía, es un lugar común, pero realmente conocés el verdadero amor de tu vida cuando te convertís en mamá. Estoy como en una situación de alerta constante porque estoy con vos hablando y de repente quisiera ver mi celular para ver cómo está Vito. Pero estoy feliz y súper adaptada. Los primeros días fueron difíciles porque es una situación completamente nueva y este ser depende únicamente de vos (risas).—Y no viene con un manual.—No, claro. También está bueno guiarse por propio instinto y decir: “Bueno, esta soy yo como mamá”. No escuchar tanto ruido de afuera, ¿viste? Porque realmente todo el mundo quiere opinar. Entonces, de repente vos decís: “Pará, pará”. Ahí hay que frenar la pelota y decir: “Bueno, yo soy mamá, esta es mi nueva versión”. Obviamente estoy feliz. Lo único que me está costando un poquito es el tema de la lactancia.—Es un re tema.—La lactancia es difícil, sobre todo para mujeres como yo, que no tienen tanta leche y que entonces el camino es la lactancia mixta. Y cuando vos hacés lactancia mixta tenés que competir con una mamadera que no genera nada de trabajo y tu bebé lo único que te pide cuando tiene hambre es traeme esa mamadera. Estoy en esa etapa de que es muy importante la lactancia porque yo quiero que mi bebé tenga los nutrientes necesarios. Pero por otro lado veo que estoy produciendo poca leche, estoy haciendo todo lo que tengo que hacer y trato de no frustrarme tanto. Tener profesionales también que te aconsejan y te dicen: “Bueno, vamos de a poco, tres meses, vamos por los tres meses, después vemos si podemos los seis meses”.—Sí, regular la autoexigencia.—Sí y tal vez no sentirte que sos menos mamá porque vos no podés amamantar. Muchas veces es como que yo me ponía esa presión al principio. Tomo tres litros de agua y de repente miro y nada… Vito me mira como diciendo: “Todo bien, mami, pero tengo hambre”. Y sinceramente, esto de no juzgarnos tanto, no ser tan autoexigentes con la maternidad, con la lactancia y decir: “Bueno, pará, me está pasando esto, lo voy a tratar de llevar de la mejor manera posible”. Obvio que estoy super concentrada y enfocada en que mi bebé sea feliz y que esté bien y nutrido. Pero de repente tengo que sacarme esa idea de no soy tan buena mamá porque no le puedo dar tanta teta. Me encantaría. Ojalá fuese de esas mujeres que veo en Internet, que veo en los reels (risas). Pero bueno, fue lo que más se me complicó. El embarazo estuvo bárbaro, la cesárea también y esto lo estoy llevando.—¿Se encuentra con una linda versión de vos Vito?—Yo creo que Vito se encuentra con mi mejor versión. Esto que te decía, ¿no? De volverme mucho más analítica y de ser un poquito más egoísta, en el buen sentido, de pensar un poco más en lo que me hace feliz a mí para poder dar mi mejor versión a este bebé. Yo digo: “No quiero estresarme tanto”. Quiero estar un poco más enfocada en disfrutar y en estar más tranquila porque todo pasa. Es como que a veces los trabajos decís: “Bueno, si en algún momento quiero volver a trabajar, voy a volver”. No es que se cortó la vida porque ahora me convertí en mamá, sino que es una nueva versión y creo que la mejor.—Y si pudieses tomarte un mate con esa Belén de hace algunos años atrás que estaba por ahí un poco más angustiada o un poco más exigida por sí misma y por su entorno, su profesión, ¿qué te dirías?—Que siempre sea fiel a sí misma, que uno sabe lo que tiene que hacer. Que se tiene que escuchar un poquito más, no para agradar a todo el mundo, sino concentrarse en lo que la hace feliz. Sacar el ruido externo. Uno también en determinados lugares tiene que cumplir un montón de estándares: tenés que estar bárbara, divina, acompañar y ser una buena compañera. Y de repente ahora también tenés que ser una buena mamá y si vas a trabajar, tenés esta carga tal vez de sos periodista, sos conductora, pero a la vez también sos la mujer de un jefe de gobierno. Entonces, de repente es todo un combo. Te juro que le diría relajá porque todo pasa. Nada es tan grave. Yo creo que esa Belén que por ahí aparece el año que viene y vuelve a retomar su trabajo, creo que le diría eso. Creo que Vito vino para eso, para decir: “Mamá, acá estoy yo, lo más importante soy yo”. Y es eso, ya está. Es como una vez que te convertís en mamá, cambian todas tus prioridades.El Dr. Adán Nabel es médico ginecólogo y especialista en Medicina Reproductiva, con más de dos décadas de experiencia dedicadas al diagnóstico y tratamiento de la infertilidad. Graduado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y con formación de posgrado en Ginecología y Obstetricia, desde 2005 forma parte del equipo de CEGyR, uno de los centros de reproducción asistida más reconocidos de Argentina, donde integra el Comité de Ética y coordina Preservarte, el programa de preservación de la fertilidad. Un hombre con cabello canoso y barba, vestido con una camisa oscura de cuello en V, sonríe y mira directamente a la cámara sobre un fondo azul texturizado. (Imagen Ilustrativa Infobae)Comparte su práctica clínica con la Dra. Florencia Nodar, médica especialista en Medicina Reproductiva, con quien acompaña a personas y parejas en tratamientos de fertilidad desde un abordaje interdisciplinario y personalizado. A lo largo de su carrera, el Dr. Nabel también lideró el programa de ovodonación del Instituto de Reproducción Israelí Panamericano (IRIP), en República Dominicana, y asesoró a centros de medicina reproductiva en distintos países de América Latina. Dr. Adán Nabel - Dra. Florencia NodarAutor de publicaciones científicas y expositor habitual en congresos nacionales e internacionales, combina la práctica clínica con la investigación y la divulgación sobre fertilidad, reproducción asistida y los avances que hoy amplían las posibilidades de quienes buscan formar una familia. La Dra. Nodar, por su parte, integra el equipo de especialistas de CEGyR y desarrolla su labor en el diagnóstico y tratamiento de la infertilidad, con foco en la atención integral de los pacientes y en la aplicación de las técnicas de reproducción asistida más avanzadas.
“Una no es madre cuando quiere, sino cuando puede”: María Belén Ludueña habló de la maternidad a los 40, su proceso de búsqueda y por qué decidió visibilizar el tratamiento de fertilidad
En Ellas, la periodista recordó los desafíos que atravesó antes de la llegada de su hijo Vito, habló de la frustración, la ansiedad y la presión social durante el camino para convertirse en mamá. Además, destacó el acompañamiento de especialistas en medicina reproductiva, reflexionó sobre el impacto de la exposición pública y contó cómo esta experiencia transformó sus prioridades y su forma de vivir









