“Un día como cualquier otro supe que nunca iba a ser madre”. Así empieza Ser sin ser madre (editorial Lunwerg), el libro que la matrona Gloria Labay Rodríguez acaba de publicar sobre el proceso en el que intentó ser madre y no pudo, y en el que narra su duelo por la infertilidad. Labay conecta ese duelo con el de muchas otras mujeres, un duelo en el que la infertilidad parece entenderse como un fracaso, una ruptura en la identidad femenina, todavía marcada por el mandato de la maternidad. Ante la incomprensión social y la falta de espacios de acompañamiento, Labay creó en 2018 una comunidad, La vida sin hijos, en la que muchas mujeres han encontrado un refugio.
¿Cómo ha sido afrontar los problemas de infertilidad y la no maternidad siendo matrona y estando en contacto a diario precisamente con la maternidad?
Yo era matrona antes de que se me destapara este deseo de ser madre. Durante mucho tiempo pensaba que llegaría mi momento y, luego, cuando las cosas empezaron a complicarse con los abortos, las pérdidas... hubo algunas cosas de mi trabajo que se me hacían especialmente dolorosas. Fíjate que no era asistir partos, eso siempre me ha gustado, eran más temas más de acompañamiento, por ejemplo, en el grupo de mamás que acababan de parir, los grupos de postparto y de crianza. Afortunadamente, he tenido suerte, yo siempre he contado lo que me pasaba y mis jefas han empatizado conmigo y me retiraban de según qué sitios.












