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CatalejoLos cambios deben ser logrados a través de la presión ciudadana.
Recibí ayer el video con unas declaraciones del analista político Lionel Toriello sobre un tema con el cual una mayoría ciudadana está de acuerdo, la necesidad de cambios profundos a la actual Constitución Política de Guatemala. A mi juicio, sus criterios son atendibles, lo cual no necesariamente significa estar de acuerdo —o desacuerdo— con todos. Nuestra carta magna ya tiene cuarenta años de existencia y responde a la realidad nacional de un determinado momento histórico, y resistió el intento de autogolpe de Estado perpetrado por el aprendiz de dictador Jorge Serrano, quien se desesperó ante la constante oposición sistemática del Congreso, integrado como siempre y sin posibilidades de cambio por personajes cuya mayoría era de gente convertida en mercaderes.
En la actualidad, la multiplicación de partidos calificados correctamente por este analista como guardianes de los desmanes de hoy obliga a hacer uso de los mecanismos constitucionales indispensables, señalados dentro del texto creado por los constitucionalistas. Toriello indica con entusiasmo la integración de un grupo de ciudadanos autodenominado Poder Ciudadano, el cual busca reunir las cinco mil firmas para conseguir modificaciones constitucionales y señalarlas en forma puntual. Por supuesto, es la forma adecuada de hacerlo, pero la idea se vuelve casi un sueño porque quienes los decidirán son precisamente quienes se han burlado constantemente del espíritu y la forma del principal documento del Estado democrático nacional.










