Noticia Exclusivo suscriptores Rodrigo Uprimny habló con EL TIEMPO sobre la crispación institucional que rodea el cambio de Gobierno y defendió los principios de la Constitución.Rodrigo Uprimny, exdirector de la ONG DeJusticia Foto: Archivo particularPERIODISTA JUDICIAL07.07.2026 18:25 Actualizado: 07.07.2026 18:32
En conversación con EL TIEMPO, Rodrigo Uprimny defendió el papel de las instituciones, pidió que el gobierno entrante y la oposición construyan acuerdos mínimos para proteger la democracia y sostuvo que este es el momento de "recuperar el espíritu de la Constitución del 91".Las altas cortes aprovecharon la inauguración del Congreso Mundial de Derecho Constitucional para reiterar la vigencia de la Constitución de 1991, en un momento en el que el país enfrenta llamados a la desobediencia civil y a una constituyente. En ese contexto, ¿cuál es el llamado a la calma que usted hace?Yo creo que estamos frente a una paradoja muy fuerte. En este seminario, esta Conferencia Mundial de Derecho Constitucional, que es uno de los eventos académicos más importantes del mundo y en el que hay, sin exagerar, cientos de visitantes internacionales, una de las cosas que más se ha elogiado es la fortaleza de la Constitución colombiana. Es una Constitución que nació en un momento muy difícil, pero que logró consensos políticos muy importantes y que, poco a poco, ha sido apropiada por la ciudadanía. Lo vemos, por ejemplo, en mecanismos como la acción de tutela, que ha permitido conquistar derechos para muchas poblaciones; también hizo posible un proceso de paz complejo y polémico, pero que, a mi juicio, tuvo consecuencias muy positivas con las Farc; permitió la llegada al poder de un gobierno de izquierda, después de muchas décadas, y también la alternancia entre un gobierno de derecha, como el de Duque, y uno de izquierda. Paradójicamente, mientras en este congreso internacional se elogia esa fortaleza institucional, en el país vivimos una situación de crispación constitucional muy desafortunada, con enfrentamientos de lado y lado. Creo que lo que corresponde es adherirse a la Constitución y a sus mecanismos, que son los que permiten proteger la democracia. Pienso que el presidente electo ha hecho, en ocasiones, declaraciones muy problemáticas. A su vez, el candidato o excandidato Iván Cepeda ha planteado la desobediencia civil, una figura cuya justificación filosófica puede debatirse, pero que, en este momento, considero particularmente inoportuna. Al mismo tiempo, el presidente Petro sigue sosteniendo, sin mostrar pruebas contundentes, la idea de un fraude que, en mi opinión, no existió. Colombia tiene un sistema electoral con muchos defectos: hay compra de votos, amenazas de actores armados y otras irregularidades. Tampoco creo en la teoría del "voto fusil"; me parece una tontería. No porque no haya existido presión de actores armados, sino porque explicar la fortaleza de la votación del Pacto Histórico únicamente por ese fenómeno no tiene sustento. Ahora bien, una vez depositado el voto, creo que el sistema electoral colombiano funciona razonablemente bien y que ese fue el resultado de las urnas. Yo voté por Iván Cepeda; es decir, si se quiere, hago parte de quienes perdieron en segunda vuelta. Pero precisamente por eso creo que debe permitirse la transición y buscar acuerdos durante ese proceso.Usted mencionaba el discurso reiterado del presidente sobre un supuesto fraude electoral, pese a los fallos judiciales que le ordenan abstenerse de hacer ese tipo de afirmaciones sin sustento. ¿Cómo debería responder la justicia frente a este desafío para la institucionalidad democrática?Creo que, en este momento, quienes tienen la mayor responsabilidad son los líderes políticos. Claro que las cortes deben enviar mensajes, y ya lo hicieron con la medida cautelar del Consejo de Estado para impedir que el presidente siguiera hablando de un presunto fraude sin elementos probatorios claros. Pero aquí quienes deben mostrar grandeza son los grandes líderes políticos. El presidente electo debería hacerlo invitando a quienes serán oposición a construir unos acuerdos mínimos. ¿Por qué no lo ha hecho? ¿Por qué el presidente Abelardo de la Espriella no ha llamado al candidato derrotado para decirle: "Pongámonos de acuerdo en unos mínimos"? Del mismo modo, el presidente Petro también debería convocar a un acuerdo. Lo que está en juego es demasiado importante para la sociedad colombiana y esos acuerdos sí son posibles. Podemos fijar unos mínimos comunes y, a partir de ellos, mantener nuestras diferencias. También me parece muy desafortunado que el líder del empalme, el señor Lucio, diga que van a extraditar al presidente Petro. ¿Con qué argumentos? Ellos no son el poder judicial. Así como el presidente Petro no puede afirmar que hubo fraude porque no tiene esa competencia constitucional, el líder del empalme tampoco puede anunciar que extraditará al presidente cuando llegue al poder. Yo creo que Colombia debería hacer un acuerdo básico: a los expresidentes no se les extradita, salvo que exista un requerimiento de la Corte Penal Internacional. Ese sería un elemento de tranquilidad. Si un expresidente cometió delitos, lo juzgamos los colombianos. ¿Por qué tendrían que venir los Estados Unidos a decirnos cómo juzgar a nuestros expresidentes? ¿Cómo juzgamos al expresidente Uribe? Si el expresidente Pastrana tuviera un proceso judicial relacionado con los hechos que se mencionaron en Estados Unidos, yo tampoco sería partidario de extraditarlo. Que envíen las pruebas y lo juzgamos en Colombia. Me parece un asunto de dignidad nacional y también de paz institucional. ¿No es posible alcanzar unos acuerdos mínimos entre el presidente electo y el candidato derrotado? Renuncie a la nacionalidad estadounidense. Diga que no va a extraditar al presidente Petro. Garantice que respetará a la oposición. Ese es el espíritu de la Constitución del 91. Eso es lo que uno espera de los líderes: grandeza.Presidenta de la Corte, magistrada Paola Meneses, en el Congreso Mundial en Derecho Constitucional Foto:Corte.Una de las principales características de la Constitución de 1991 es el sistema de pesos y contrapesos. ¿Qué balance hace del control judicial frente a las extralimitaciones del Ejecutivo durante este cuatrienio?Yo defiendo mucho la Constitución del 91, lo que no significa que no tenga problemas. Los tiene y hay aspectos que requieren reformas. También defiendo mucho la labor de los jueces, no solamente frente a este gobierno, sino frente a gobiernos anteriores. En general, Colombia tiene un sistema de contrapesos institucionales bastante robusto. En cuanto al control judicial sobre este gobierno, tengo coincidencias y discrepancias. Creo que en algunas decisiones la Corte Constitucional se equivocó, y se equivocó gravemente. Fui muy crítico de la sentencia que anuló la prohibición de deducir las regalías en materia tributaria. Me parece una decisión radicalmente equivocada, entre otras. Pero también estoy de acuerdo con otras decisiones. Pienso que, en términos generales, la Corte acertó al limitar los poderes de excepción del Ejecutivo. No entro en cada detalle, pero en lo esencial creo que tomó la decisión correcta. Eso debería darnos confianza. Incluso si llega un nuevo presidente que ha mostrado rasgos autoritarios, como el presidente electo De la Espriella, seguiremos teniendo unos contrapesos institucionales representados en nuestras cortes.¿Cuáles son los principales retos para mantener los derechos fundamentales que la Corte Constitucional ha protegido durante estos años?Creo que la Corte tiene una buena historia. Cuenta con varios magistrados muy buenos. También he dicho públicamente que tengo discrepancias sobre la manera como fueron elegidos algunos de los magistrados más recientes, como el magistrado (Carlos) Camargo, a quien demandamos porque consideramos que llegó al cargo mediante un intercambio de favores con otras cortes y con el Senado de la República. A pesar de eso, creo que seguimos teniendo instituciones judiciales que ofrecen cierta confianza para mantener, dentro de la diversidad, las garantías de los derechos. A mí me preocupan varias de las medidas anunciadas por el gobierno que llega. Cada quien puede tener la opinión que quiera desde el punto de vista moral, pero me parece que nombrar en el Ministerio de Educación a una persona que llega con una agenda cristiana no es el mejor mensaje para garantizar los derechos de las diversidades sexuales en Colombia. También me preocupa el mensaje del líder del empalme. Esa idea de impulsar una "contrarrevolución cultural" no resulta tranquilizadora. ¿Qué significa exactamente esa contrarrevolución? ¿Quiere decir que se van a revertir las transformaciones culturales de los últimos años? Si ese fuera el proyecto del nuevo gobierno, sería muy preocupante. Creo que tanto el gobierno que llega como la oposición deben entender que el país está políticamente fracturado. Socialmente veo más consensos, pero políticamente estamos prácticamente divididos por mitades. Quien gobierne y quien haga oposición tiene que respetar al otro. Debe reconocer que existen visiones muy distintas del país y que, precisamente por esa diversidad, es indispensable construir acuerdos y consensos.Sara Valentina Quevedo Delgado Redacción Justicia Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.










