Hay diagnósticos que cambian una vida en cuestión de segundos. Con más de tres décadas dedicado a la neurología, Premio Nacional de Medicina en la categoría de Neurología en 2022 y pionero en la aplicación de técnicas de estimulación cerebral en España, el doctor Francisco Mira Berenguer lleva años explorando nuevas formas de intervenir sobre el cerebro en enfermedades tan diversas como el alzhéimer, el parkinson, la depresión, la ansiedad, el trastorno obsesivo-compulsivo o determinados trastornos del sueño. Está convencido de que el mayor error ha sido asumir que, una vez aparece la enfermedad, ya no queda nada por hacer. No nos habla de milagros ni de curaciones imposibles, sino de algo más concreto y más valioso; el de conservar capacidades, ganar autonomía y retrasar aquello que durante demasiado tiempo hemos aceptado como inevitable.Es una realidad: vivimos más años que nunca, pero también convivimos cada vez más con enfermedades que erosionan la memoria, el bienestar emocional, la independencia y la identidad. Frente a la resignación, Mira defiende una neurología más activa, centrada no solo en prolongar la vida, sino en preservar aquello que nos permite seguir siendo nosotros mismos y con mejor calidad de vida. Porque de poco sirve ganar años si lo que se pierde por el camino es precisamente aquello que nos hace estar aquí.¿Hemos sido demasiado pesimistas con la capacidad del cerebro para cambiar incluso cuando envejece o enferma?Totalmente. En neurología se instauró una especie de nihilismo terapéutico. El mensaje era: “Esto es lo que hay”. Diagnosticábamos, acompañábamos y poco más. Y durante mucho tiempo, fue cierto porque no disponíamos de herramientas. Pero hoy sabemos que el cerebro conserva neuroplasticidad toda la vida. No es la misma a los cinco años que a los ochenta, evidentemente, pero existe. Y eso obliga a replantearnos muchas cosas. No podemos seguir diciéndole a la gente que no hay nada que hacer cuando sabemos que sí hay margen para intervenir.¿Cuál ha sido el gran error durante estos años?Confundir diagnóstico con condena. Cuando alguien escucha “alzhéimer” o “parkinson”, automáticamente imagina el peor escenario posible. Y muchas veces hemos reforzado esa idea desde la propia medicina. Hemos transmitido, durante demasiado tiempo, una derrota que no era del todo nuestra. La realidad es que quizá no podamos curar, pero sí podemos retrasar la progresión, mejorar síntomas, reducir ansiedad y mantener autonomía durante más tiempo. Y eso lo cambia todo.El cerebro conserva neuroplasticidad toda la vida; no es la misma a los 5 años que a los 80, pero existeFrancisco Miras¿Qué ocurre en la familia cuando se le da un diagnóstico a un paciente?Se instala el miedo. La gente deja de pensar en el presente y se proyecta directamente hacia el futuro más terrible. Piensan en pérdida de identidad, dependencia absoluta o sufrimiento. Y es comprensible. Pero además de acompañar, también debemos actuar. Hay intervenciones que pueden marcar diferencias muy importantes en la calidad de vida del paciente y de quienes le rodean.Entonces, ¿existe margen para actuar cuando la enfermedad ya ha empezado?Mucho más del que solemos transmitir y pensar. Si una persona entra en un programa estructurado de ejercicio físico, estimulación cerebral y abordaje de factores como depresión, pérdida auditiva o déficits nutricionales, podemos influir en cómo evoluciona la enfermedad. El problema es que hemos convertido el cerebro en un problema de farmacia, es decir que pensamos que solo se puede tratar con fármacos.Estamos demasiado centrados en los fármacos…Vivimos una medicina muy farmacocentrista, no porque los fármacos no sean importantes, sino porque monopolizan el debate. Hay intervenciones con evidencia científica que reciben mucha menos atención, como la estimulación cerebral. El futuro no será una única pastilla milagrosa, sino una combinación de estrategias.¿Qué es exactamente la estimulación cerebral?Son técnicas que utilizan distintos tipos de energía para modificar el funcionamiento del cerebro. Puede ser electricidad de muy baja intensidad, campos magnéticos, luz o ultrasonidos. No hablamos de electroshock ni de procedimientos agresivos. Son técnicas seguras, bien toleradas y cada vez más estudiadas. Lo que hacemos es intentar aprovechar la capacidad del cerebro para reorganizarse y responder al estímulo adecuado. Hay varias técnicas como la TMS o la TDCS.¿Qué diferencia hay entre estas técnicas?La TMS utiliza campos magnéticos y suele realizarse en la clínica o el hospital. La TDCS utiliza corriente eléctrica de muy baja intensidad y puede hacerse incluso en casa bajo supervisión médica. Ambas buscan estimular circuitos cerebrales concretos, aunque cada una tiene aplicaciones distintas.¿Qué resultados están viendo en pacientes con deterioro cognitivo al utilizar estas técnicas?Lo primero que nos sorprendió fue que funcionaban, que el deterioro no era el final inevitable que siempre nos habían dicho o pensábamos. Personas que esperábamos que empeoraran seguían estables. Otras mejoraban memoria, lenguaje o atención. Y muchas reducían ansiedad o depresión asociadas al propio deterioro. Cuando una persona vuelve a conversar con más fluidez o recupera cierta independencia, el impacto sobre su vida diaria es enorme.Lee también¿Podemos hablar de revertir enfermedades neurodegenerativas?Yo sería más prudente. Revertir implica volver al punto de partida. Pero sí podemos hablar de frenar, retrasar e incluso conseguir cierta recuperación funcional. Y eso, en enfermedades consideradas durante décadas inevitables, ya supone un cambio de paradigma.¿Qué le impresionó más de este cambio?Ver cerebros que, por definición, tendrían que ir a peor y comprobar que no lo hacían. Pacientes que llevan años estables. Personas con un alzhéimer establecido que siguen haciendo vida familiar, disfrutando de una comida con sus hijos o manteniendo conversaciones significativas. A veces olvidamos que la medicina no consiste solo en curar. También consiste en regalar tiempo de calidad.¿Por qué cree que algunas innovaciones generan enormes titulares mientras otras, con resultados prometedores, como las que nos comenta, pasan mucho más desapercibidas?Cuando se han hecho estudios que comparan los anticuerpos monoclonales contra la estimulación cerebral, ha salido mejor la estimulación cerebral, en términos de eficacia, seguridad y coste. Eso no significa demonizar los anticuerpos monoclonales, sino ampliar la mirada y explorar todas las herramientas disponibles.Mira es el fundador de MyBrain Barcelona. Beth MagreA veces medimos la edad por los años vividos y no por la calidad de los años que quedan, y ahí es donde realmente deberíamos poner el focoFrancisco Miras¿Qué supone para una persona de 90 años ganar uno o dos años de autonomía?Es oro. Significa seguir siendo uno mismo durante más tiempo. Poder caminar, conversar, decidir, comer con tus hijos o disfrutar de una rutina cotidiana. A veces medimos la edad por los años vividos y no por la calidad de los años que quedan. Y ahí es donde realmente deberíamos poner el foco.También trabajan con enfermedades como la depresión, ansiedad o TOC. ¿Cree que neurología y psiquiatría deberían ser disciplinas que caminen juntas siempre?Yo creo que son lo mismo. Históricamente nacieron unidas. Probablemente muchas enfermedades psiquiátricas tengan una base neurológica que todavía no comprendemos completamente. Hemos separado mente y cerebro por una cuestión organizativa, pero el cerebro es uno. Y el futuro pasa por equipos más integrados.¿La medicina está demasiado fragmentada?Sí. El paciente no viene dividido en compartimentos. No viene con una etiqueta que diga: esto es del neurólogo, esto del psiquiatra y esto del nutricionista. Somos sistemas complejos y necesitamos enfoques integrados si queremos obtener mejores resultados.Mucha gente cree que, a partir de cierta edad, el cerebro ya no puede cambiar. ¿Es un mito?Sí. Lo que llamamos neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reorganizarse y cambiar, está ocurriendo continuamente. El aprendizaje, los vínculos, el ejercicio físico o las experiencias dejan huella en nuestras conexiones neuronales. El cerebro responde a aquello que hacemos de forma repetida. Nunca deja de adaptarse; simplemente lo hace de manera diferente a medida que envejecemos.Entonces, ¿podemos entrenar el cerebro para que mejore?Por supuesto. Igual que nadie desarrolla un bíceps sin entrenarlo, es imposible estimular determinadas funciones cerebrales de forma adecuada y no obtener cambios. Otra cosa es que esos cambios sean más o menos intensos dependiendo de la edad o de la enfermedad. Pero el cerebro responde al trabajo.¿Qué le diría a alguien de 50 años que empieza a notar despistes?Que no entre en pánico, la mayoría de esos olvidos no significan una enfermedad neurodegenerativa. Pero también le diría que cuide su salud cerebral. Igual que vigilamos el colesterol o la tensión arterial, deberíamos empezar a vigilar nuestro cerebro.Igual que nadie desarrolla un bíceps sin entrenarlo, es imposible estimular determinadas funciones cerebrales de forma adecuada y no obtener cambiosFrancisco MirasDespués de todo lo que ha visto en consulta, ¿qué le hace ser optimista sobre el cerebro?Que si un cerebro enfermo mejora, ¿cómo no va a mejorar un cerebro sano? Esa es la pregunta que deberíamos hacernos. La prevención no consiste en esperar a que aparezcan los síntomas, sino en construir reserva cognitiva antes de que llegue el problema.¿Cómo imagina la neurología dentro de veinte años?Mucho más personalizada, preventiva y tecnológica. Con programas multidominio, detección precoz y tratamientos combinados. Dejaremos de ser espectadores pasivos para convertir al paciente en una parte activa del proceso.Después de todo lo que ha aprendido como neurólogo, ¿qué le gustaría que los pacientes escucharan más a menudo?Que todavía hay margen para actuar. Durante demasiado tiempo hemos transmitido la idea de que, una vez aparece una enfermedad neurológica, ya no queda nada por hacer. Y no es verdad. Quizá no siempre podamos curar, pero sí acompañar mejor, aliviar, preservar autonomía y mejorar calidad de vida. La dignidad también forma parte del tratamiento.Lee tambiénUsted trabaja cada día con personas que se enfrentan al envejecimiento y a la enfermedad. ¿Qué significa para usted envejecer bien?No consiste en sumar años a cualquier precio. Consiste en llegar al final manteniendo la capacidad de decidir, de disfrutar de quienes quieres, de seguir sintiendo curiosidad por la vida y de reconocerte a ti mismo. Para mí, una buena longevidad es conservar la autonomía el mayor tiempo posible.¿Qué significa para usted tener éxito como neurólogo?Yo lo que quiero es que mis pacientes se mueran como señores. En su cama, con dignidad, habiendo vivido bien hasta el final. Si conseguimos regalarles tiempo de calidad, aunque sea un año más, habrá merecido la pena.