El anticongelante también importa en verano. Aunque muchos conductores lo asocian solo al frío, el mecánico Juan José Ebenezer recuerda que su función principal es refrigerar y proteger el motor, incluso cuando las temperaturas rondan los 40 grados. La confusión aparece cada verano: si no hay riesgo de heladas, algunos conductores creen que pueden sustituir el refrigerante por agua del grifo para ahorrar dinero. Ebenezer rechaza esa práctica y lanza un aviso claro: “Si no quieres cargarte el motor, tienes que usar refrigerante, haga 28º o 40º”. El problema, según explica el mecánico, es pensar que el llamado anticongelante solo sirve para evitar que el líquido se congele. En realidad, su papel dentro del circuito es más amplio. Ayuda a mantener la temperatura del motor dentro de un margen seguro, reduce el riesgo de corrosión, lubrica componentes internos y protege el sistema de refrigeración. El error de usar agua del grifo en verano Ebenezer advierte de que rellenar el circuito con agua corriente puede salir caro a medio y largo plazo. El agua no ofrece la misma protección que un refrigerante adecuado y puede favorecer la aparición de óxido, pérdidas y averías en el sistema. “Después vas a tener que reparar el circuito porque se te ha oxidado, pérdidas de agua, un motor endurecido del óxido, y un montón de problemas en el circuito”, señala. El mecánico insiste en que el riesgo no se limita a que el coche se caliente. Incluso si el vehículo no llega a sufrir un sobrecalentamiento inmediato, el uso continuado de agua puede deteriorar el circuito desde dentro. Por eso recalca que el refrigerante debe utilizarse desde el principio, tanto en verano como en invierno. TE PUEDE INTERESAR Una de las claves está en la temperatura de ebullición. Ebenezer recuerda que el agua hierve a 100 grados, momento en el que empieza a transformarse en gas y deja de comportarse como líquido. En un motor, aunque el marcador exterior pueda indicar unos 90 grados, hay zonas internas donde la temperatura es mayor, especialmente alrededor de los cilindros. El sistema evita que el líquido hierva gracias a la presión del circuito, de forma similar a lo que ocurre en una olla exprés. El tapón del depósito ayuda a elevar esa presión y retrasa el punto de ebullición, pero eso no convierte al agua del grifo en una solución recomendable. El problema de fondo sigue siendo la falta de protección frente al óxido, la lubricación insuficiente y la menor capacidad de preservar el circuito. Por eso el mecánico rechaza también la idea de elegir refrigerante solo pensando en la temperatura mínima que soporta. “Cuanto mejor sea el refrigerante, cuanta mejor calidad tenga, mejor va a proteger tu circuito, mejor lo va a lubricar y mejor lo va a refrigerar tanto en verano como en invierno”, afirma. La recomendación de Ebenezer es sencilla: no sustituir el refrigerante por agua de grifo por vivir en una zona cálida o por pensar que en verano el anticongelante no hace falta. El motor necesita un líquido preparado para trabajar bajo temperatura, presión y contacto constante con metales y piezas internas. Con el calor intenso, los desplazamientos largos y los atascos propios del verano, el sistema de refrigeración trabja más que nunca. Revisar el nivel y usar el producto adecuado no es solo una cuestión de mantenimiento básico: puede marcar la diferencia entre un viaje normal y una avería grave en el motor. El anticongelante también importa en verano. Aunque muchos conductores lo asocian solo al frío, el mecánico Juan José Ebenezer recuerda que su función principal es refrigerar y proteger el motor, incluso cuando las temperaturas rondan los 40 grados.