Opinión
Columnas Diarias
AlephVemos la necesidad de una educación superior pública de buena calidad, acorde a los tiempos.
Viendo el fraude que cometió, dos veces, el usurpador de la rectoría de la Usac, la única universidad pública de Guatemala, junto a su Consejo Superior Universitario (CSU), y, en paralelo, la cantidad de universidades fantasma o de garaje que han surgido para hacerle el juego al sistema y a las mafias, cabe preguntarse ¿para qué sirve una universidad en nuestro tiempo y nuestra sociedad? ¿Ejemplo de qué son hoy las “autoridades universitarias”? ¿Si la Ley de Comisiones de Postulación se derogara en Guatemala, seguirían existiendo muchas de estas universidades?
Federico Mayor dijo, hace ya tiempo, algo que nunca olvido: “La universidad no puede ser apolítica, jamás… su misión fundamental es ser la conciencia crítica de la sociedad”. De acuerdo. Una juventud sin conciencia del país y del mundo en que vive, que no sabe cuál es su historia ni qué país sueña, ni cuál es su lugar en la sociedad, ni qué ideas tiene de sí misma o de su futuro, que no puede participar plenamente y en libertad, ¿a qué va a la universidad? La universidad es una institución concebida para formar ciudadanía crítica, pensante, creadora y propositiva frente a las múltiples crisis. En ese sentido es política. Pero también puede ser algo muy distinto, como ha sucedido con la Usac del usurpador: una entidad secuestrada por las mafias corruptas que operan para desmantelar el Estado de derecho y burlar la Constitución, sacrificando el conocimiento. Y, por si fuera poco, a través de un proceso que busca legitimar el fraude como mecanismo ejemplarizante de cara a las elecciones de 2027 en Guatemala.







