Pese a los esfuerzos del Ayuntamiento y la Generalitat para recuperar la normalidad, la desconfianza vecinal crece en Sant Gervasi-La Bonanova. La gente aún teme que todo empeore.Los más o menos 300 vecinos desalojados este martes de ocho edificios de este barrio ante la aparición de un gran socavón provocado por las obras de prolongación de la L9 del metro no podrán regresar a sus 93 pisos como poco hasta pasado este sábado. Y todo apunta a que esta vuelta a la normalidad será en el mejor de los casos progresiva. Probablemente los inquilinos de los edificios más cercanos a las zona cero, los de las calles Rubinstein y Teodora Lamadrid, tarden más en regresar a sus hogares que los de los de los más alejadas, los de Sant Gervasi de Cassoles.A mediados de junio un vecino ya preguntó en el consell de barri si acaso la gente tenía que preocuparseUna procesión de hormigoneras se encargó la noche anterior de rellenar el agujero de ocho metros de diámetro y cuatro de profundidad que de buena mañana se tragó el cuarto de baño de la pizzería Verona. Aquí está el punto cero de esta crisis. Estos días los técnicos de la Generalitat comprobarán de manera sucesiva la estabilidad de los inmuebles afectados. El monitoraje y seguimiento de los edificios y los terrenos es continúo.“La verdad es que anoche no podía dormir y salí a caminar... y luego ya pude dormir un rato –contó Domingo Finez, el administrador de la pizzería Verona, quien descubrió el socavón que se había tragado su cuarto de baño, en una cola en unas dependencias municipales a fin de conseguir un certificado que le pide su gestor para tramitar un erte caso de que finalmente lo necesite–. No tengo claro cuándo podremos abrir, y ya nos toca pagar muchas cosas”.Lo del socavón que se tragó el cuarto de baño de la pizzería Verona es la cuestión más en boca en la mercería, el mercado municipal, el salón de belleza... ¿Y si el agujero se hubiera abierto a la hora de la cena? ¿y si alguien hubiera estado usando el baño? ¿y si...? Las incertidumbres también están alimentando la desconfianza de la gente del barrio hacia el Ayuntamiento y la Generalitat, una desconfianza que se venía fermentando a base de pequeñas grietas acá y allá desde hacía semanas.Los del PP rescataron este miércoles una grabación del consell del barri de mediados de junio donde un vecino recordaba que ya hacía unas cuantas semanas que se había hundido parte de la acera de la calle Sant Gervasi de Cassoles a la altura del convento de las Mercedarias y preguntaba si aquello podía tener algo que ver con el paso de la tuneladora, si ya habían comprobado el estado del convento y si acaso los vecinos tenían razones para preocuparse. La edil responsable del distrito de Sarrià-Sant Gervasi, Maria Eugènia Gay, respondió que todo estaba revisado y controlado. Los de Junts exigen una comparecencia urgente del alcalde Jaume Collboni.Los técnicos de la Generalitat explican que sus últimos registros indican ya que a medida que el hormigón del socavón se consolida los movimientos detectados más inquietantes se desaceleran. De todas formas los técnicos no se confían y esperan que estos datos positivos se repitan durante al menos tres días consecutivos antes de tomar decisiones trascendentales. Los técnicos también están comprobando si estos días se generaron otras cavidades en el subsuelo. Entretanto la tuneladora Hospi prosigue su camino y ya está cerca de dejar atrás las zonas con edificios. Además, el Ayuntamiento está montando encuentros con los afectados en el centro cívico Vil·la Florida, finca por finca, para mantenerlos informados de la evolución de la situación.Lee tambiénLo que pasa es que en estos momentos en este lado de la ciudad las administraciones están más cuestionadas que nunca. Sus explicaciones no terminan de convencer a nadie. Los comerciantes se quejan de que, con tanta gente desalojada, en sus tiendas no entra un alma. A la gente hasta le da reparo caminar cerca de los inmuebles afectados. En todos los encuentros en la calle comentan si a Fulano o a Mengano le apareció otra grieta en el recibidor. La geología y la ingeniería dominan las charlas. “Ya verás cómo al final haya que tirar alguno”, dicen en la puerta del salón de belleza, de la mercería, del estanco... “A lo mejor luego ven que tienen que desalojar más pisos”. Mucha gente aún se pone en lo peor.Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas . Desde el año 2000 escribe reportajes en La Vanguardia , en su mayor parte sobre el ámbito local.