Actualizado 09/07/2026 - 06:40h.
En la estragadora cabalgada de contradicciones del 'mester de progresía' que inauguró Pablo Iglesias nadie esperaba la del gran faro moral de la izquierda con Hacienda. Hemos masticado piedras como la amnistía, que cuando no hacían falta los votos independentistas era inconstitucional y ahora es ... una necesaria herramienta de concordia, o como el acercamiento y liberación de presos etarras tras un acuerdo opaco con Bildu, ese partido con el que Sánchez perjuró que jamás se aliaría: «Con Bildu no vamos a pactar, si quiere se lo digo 20 veces». También hemos hecho la digestión del ponente de la moción de censura contra Rajoy por la corrupción del PP que ahora está en la cárcel o del «soy feminista porque soy socialista» que organizaba orgías con prostitutas en paradores nacionales. La política es en esencia una constante paradoja, un tira y afloja entre lo que se piensa y lo que se hace. Por eso es tan célebre entre nuestros representantes públicos la vieja idea senequista del «haz lo que yo diga, no lo que yo haga». La hemeroteca persigue al sanchismo con la misma furia con que le huye la moral. Su palabra es una baratija que fomenta la desconfianza ciudadana en las instituciones. La razón por la que este régimen pasará a la historia, que es lo único que preocupa al presidente, es la devaluación de la verdad como cimiento de la libertad. Y la capacidad de abducción del 'número uno' sobre sus súbditos. Resulta epatante observar cómo el ministro de Hacienda valenciano, Arcadi España, que promovió la foto del socialista Ximo Puig con el popular Juanma Moreno para denunciar el agravio del modelo de financiación diseñado por Junqueras, defienda ahora con ahínco ese plan. Por un puñado de votos. Pero nada de esto alcanza los niveles de cinismo de ZP.






