Felipe González no es de derechas, aunque muchas veces lo parece. Lo parece porque la actual legislatura se halla en un debate distinto el tradicional eje ideológico, un debate entre quienes defienden el sistema y los que lo atacan. Y él, como padre fundador de la actual democracia, evidentemente lo defiende. Lo curioso es que lo defiende especialmente frente a los dos presidentes del Gobierno socialistas que le han sucedido: José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez. Y se preocupa por la sanidad y la educación, la regularización de inmigrantes ("pero que se haga bien"), la viabilidad de los servicios públicos o la redistribución de la riqueza. Lo que tal vez no entienda ese oficialismo que intenta situarle en la derecha es que Felipe González siempre fue, y sigue siendo, un pragmático. Esta paradoja entre lo que es ser del PSOE y lo que es ser de izquierdas estuvo este martes muy presente en un debate entre González y Emiliano García-Page, el último socialista con poder orgánico en el partido que sigue pensando que el faro moral de la izquierda debe ser González y no Zapatero. O dicho de otra manera: que ser de centro izquierda es estar donde Felipe y no donde Zapatero o donde Sánchez. Al final, la conversación entre Felipe y el último felipista fue una enmienda a la totalidad del sanchismo en tres actos: Sánchez, el Zapatero de hoy y el actual modelo de partido. El acto, organizado por la Federación Empresarial Toledana (FEDETO) en su cincuenta aniversario, estuvo atravesado por las cuestiones judiciales que ponen a sus sucesores ante el espejo y que atraviesa la izquierda política y muy en particular al PSOE. La pregunta de fondo la formuló la moderadora, la periodista Ángeles Blanco: “¿Hay un PSOE distinto a lo que hay ahora?”. Y respondió González: “Sí lo hay”. Y ahí surgió el González más locuaz: “Ahí pasa como con los indios americanos del oeste. Yo pongo las orejas en el suelo y voy descubriendo si vienen caballos”. “¿Y esos caballos se mueven?”, preguntó Blanco. “Sí”, apuntó González, subrayando que el antisanchismo socialista existe. Siguiendo con el humor desveló una anécdota desconocida hasta la fecha y que marca una diferencia sustancial entre el partido que él refundó y el actual: "La placa conmemorativa del congreso de Suresnes de 1974 está firmada por Ábalos y... ¿cómo se llama el otro?". "Santos Cerdán", respondió rápido Page. Evidentemente, el nombre de Ábalos apareció nada más comenzar el acto, introducido por una moderadora que es periodista. Tras la sentencia contra el exministro, y en referencia a Pedro Sánchez, González dijo que que "hay una responsabilidad política evidente", que concretó en dos posibilidades: "dimitir o convocar elecciones". A este respecto, Page aseguró que no sabe “qué debería hacer el presidente Sánchez”, pero ha recordado que el próximo sábado está convocado un comité federal del PSOE: "¡Después de un año!", subrayó antes de ironizar: "¡Y no ha pasado nada en este año!". "Yo lo que pido como militante es que tenemos derecho a saber y a tener respuestas", apuntó anunciando que el próximo sábado las exigirá en el Comité federal del PSOE. “El problema no pueden ser los demás, ni una conspiración planetaria de la ultraderecha, y tendría que tener una consecuencia democráticamente hablando. Yo lo que quiero es claridad. Hace un año planteé anticipo electoral o moción de confianza. Yo necesito saber”, reclamó. La respuesta de González fue de nuevo en clave de humor: “No te preocupes, que estará mucho mejor que dentro de un año”. En línea con la valoración del expresidente sobre la sentencia, Page animó "a respetar a la Justicia" y ambos coincidieron en resaltar la unanimidad de la sentencia. TE PUEDE INTERESAR Opinión A raíz del contraste entre los 24 años de condena a Ábalos y los cuatro a Víctor de Aldama, González recordó que el actual Ejecutivo "incentivó a los delatores", en referencia al indulto concedido al principal denunciante de la trama Gürtel, José Luis Peñas. Por eso, explicó, "tenemos que ser coherentes". En su opinión, "Aldama es tan creíble como lo eran los otros". Page advirtió a quienes desde su partido han atacado la sentencia y al Tribunal Supremo: "Yo me cuidaría mucho de poner el dedo en la llaga de Aldama. Hay una directiva europea que ampara al anonimato y protege al confidente". En su opinión, quienes "tienen que estar preocupados son los que hayan hecho algo malo". "¿Qué esperaban de Aldama?, ¿un comportamiento caballeroso?", bromeó. Que "devuelva cuanto antes" las joyas El otro nombre nombre de esta enmienda a la deriva socialista fue el de José Luis Rodríguez Zapatero. Ambos coincidieron en mostrar su sorpresa por el interés por el dinero que dibuja el auto del juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama. Hecha esta salvedad, González pidió a Zapatero que "devuelva cuanto antes" las joyas que la UCO encontró en su caja fuerte si corresponden a regalos que recibió en su etapa de presidente del Ejecutivo y que "explique lo que tenga que explicar"."No me ha interesado mucho el dinero, y no tiene mucho mérito. El mérito es que te guste mucho el dinero y te aguantes", insistió. El expresidente entre 1982 y 1996 volvió a tirar de memoria. Después de desvelar que habría tenido bastante con diez años en La Moncloa, contó su experiencia en relación con los regalos que recibió. En este punto, desveló otro detalle. Cuando dejó el Ejecutivo, los miembros de su gobierno hicieron "una larga lista" y los reunieron todos en las galerías del Consejo de Ministros, donde había "un cuchillo o un sable", entre otros artículos. Así, si bien recordó que entonces no había una legislación específica, se planteó que esos objetos podía "mandarlos a los sótanos del Banco de España", y así lo hizo. Con todo, González reconoció que no era lo mismo un regalo de un dirigente de un país europeo que de un país árabe y afirmó que le consta que algunos de sus ministros que recibieron determinados regalos —que no especificó— "los dejaron en el sitio". En este punto Page abrió un tercer debate que supone un ataque al modelo de PSOE diseñado por Pedro Sánchez como secretario general. "Lo verdaderamente grave es la ausencia absoluta de autocrítica", dijo, convencido de que "la militancia en un partido no debería significar complicidad; es más, debiera significar lo contrario". "Que conste", continuó, "que yo ya decía cosas que se salían del carril cuando el presidente y secretario general era Felipe, y creo que bastantes más cuando lo fue Zapatero y ya no digamos con Rubalcaba. Ahí estábamos desatados. Lo que pasa es que la permeabilidad para la crítica era distinta". A este respecto, González fue explícito: "Cuando yo era secretario general del partido, lo que estaba prohibido era levantarse en el comité federal para defender al Gobierno o al secretario general. Las voces eran solo las críticas". En definitiva, en un foro lleno de empresarios de Toledo, González y Page vinieron a coincidir en un mensaje optimista hacia el futuro del PSOE, a pesar de su actual liderazgo. El presidente de Castilla-La Mancha, que no desveló si en mayo de 2027 se volverá a presentar a las elecciones autonómicas, resaltó que "el espacio de la socialdemocracia, el del PSOE tal y como era conocido, es enormemente deseado, muy repetado para mucha gente y el que más consensos puede concitar". "Yo creo", añadió González, "que va a haber una generación de jóvenes de 20 añosque van a estar hartos de todo esto y que van a creer que hay políticas con vocación mayoritaria que tienen un fondo de respeto a la Constitución y a la regla del juego". Y así, Felipe González volvió a defender el modelo constitucional surgido de un proceso de Transición del que él fue destacado protagonista. Un modelo que sí o sí debe apoyarse en un PSOE capaz de concitar mayorías. Felipe González no es de derechas, aunque muchas veces lo parece. Lo parece porque la actual legislatura se halla en un debate distinto el tradicional eje ideológico, un debate entre quienes defienden el sistema y los que lo atacan. Y él, como padre fundador de la actual democracia, evidentemente lo defiende. Lo curioso es que lo defiende especialmente frente a los dos presidentes del Gobierno socialistas que le han sucedido: José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez. Y se preocupa por la sanidad y la educación, la regularización de inmigrantes ("pero que se haga bien"), la viabilidad de los servicios públicos o la redistribución de la riqueza. Lo que tal vez no entienda ese oficialismo que intenta situarle en la derecha es que Felipe González siempre fue, y sigue siendo, un pragmático.