Tradicionalmente, un funeral en México implicaba una velación de un día o más, una ceremonia religiosa, arreglos florales, cafetería, cortejo fúnebre e inhumación en un cementerio; actores de la industria revelaron a MILENIO que ese ritual perdió fuerza mucho antes de la pandemia y ya representa un cambio que hoy parece irreversible.De acuerdo con el sector de servicios funerarios, las familias velan menos -sí es que lo hacen-, recurren más a la cremación, contratan servicios con anticipación y utilizan herramientas digitales para despedir a sus seres queridos.El escenario ha derivado en que las funerarias están dejando de depender de las velaciones tradicionales para buscar ingresos en nuevos segmentos que hace apenas dos décadas prácticamente no existían.“Las agencias funerarias vivimos de realizar el protocolo completo del servicio”, explicó Oscar Padilla, director general de J. García López, en entrevista con MILENIO; sin embargo, reconoció que ese protocolo completo "ya no es la norma".Si bien el mercado mexicano de servicios funerarios y de cremación registra un crecimiento sostenido en el que, de acuerdo con Grand View Research, se prevé que para 2030 alcance los 3 mil 965 millones de dólares; la industria enfrenta una transformación sin precedentes.¿Por qué la gente está velando menos a sus muertos?El fenómeno responde a cambios culturales -como menor religiosidad-, demográficos, tecnológicos y económicos. Y la pérdida de rentabilidad de las velaciones tradicionales está obligando a las empresas a transformar el servicio; las funerarias ya no venden únicamente una sala de velación, ahora comercializan experiencias.“Las familias están más volcadas a ver cómo pueden hacer este homenaje como un evento social más que como un evento religioso”, puntualizó Padilla y añadió que la tendencia ha impulsado inversiones en infraestructura.Y es que se trata de un sector donde solo la fuerza laboral de directores y gerentes de servicios funerarios comprende más de 21 mil personas -al primer trimestre de 2026-, trabajando alrededor de 49 horas a la semana, según información de Data México.Jairo Correa, presidente de Grupo AsisteYa International, explicó a MILENIO que las funerarias han tenido que abrazar el cambio y han abandonado gradualmente los espacios asociados al luto tradicional.“Antes era común encontrar salas con telas oscuras, olor a veladoras y ambientes asociados al luto tradicional, hoy los conceptos han cambiado de manera significativa”, subrayó.Los nuevos complejos incorporan iluminación especializada, arquitectura contemporánea, espacios de convivencia y servicios audiovisuales.“Actualmente, existen instalaciones mucho más modernas, diseñadas para ofrecer una experiencia distinta a las familias”, definió.J. García López, por ejemplo, ha desarrollado conceptos como Brindis de Homenaje y Experiencia Infinita, donde las ceremonias incluyen música personalizada, videos, fotografías y mensajes proyectados en pantallas LED, dejando la fe en el olvido.“Hoy existen pantallas digitales que permiten mostrar la historia de vida de la persona fallecida. Antes eso no se veía”, agregó Correa.El negocio cambia porque también lo hizo la forma de morirJairo Correa afirma que hoy la industria funeraria atraviesa una de las mayores transformaciones de su historia:“El negocio ha tenido un dinamismo impresionante a todo nivel. Si revisamos hace 40 años o 20 años, cómo era un servicio funerario, hoy por hoy ha cambiado enormemente en todos los sentidos”, externó a MILENIO.Parte de la explicación, la atribuye también a los cambios demográficos, pues argumenta que las sociedades latinoamericanas envejecen aceleradamente, mientras las nuevas generaciones modifican sus estructuras familiares y sus patrones de consumo.“Hoy vemos que las nuevas generaciones, como los Millennials, en muchos casos ya no buscan tener hijos. Esto implica que la población se vuelve cada vez más adulta”, expuso Correa.Al mismo tiempo, señaló que los integrantes de una familia cuentan con menos tiempo disponible para realizar rituales prolongados.“Antes era común velar a una persona durante 24 horas en una sala de velación; ahora muchas familias buscan hacerlo en 10 o 12 horas”, añadió.La consecuencia directa es una reducción en el consumo de varios servicios complementarios que históricamente elevaban el valor de cada contrato funerario.