Miles de empresas y empleos se sostienen gracias a una certeza: usted se va a morir. Una verdad inapelable que golpea a más de 400.000 personas cada año en España. Ellos, o sus familiares, han pagado su último viaje con creces, probablemente a través de un seguro de decesos. No hay que olvidar la fuerte implantación que tiene este producto, conocido popularmente como el seguro de los muertos: el 46% de la población española tiene cubierto su sepelio a través de una póliza que abona durante una media de entre 40 y 50 años, según el servicio de estudios d...
el sector asegurador ICEA.
Los primeros números antes de entrar en detalles: morirse en España tiene un coste que difícilmente baja de 3.500 euros. Un servicio funerario habitual comporta una media de 3.700 euros, de acuerdo con un estudio elaborado por la OCU en 2023. Pero puede variar sustancialmente dependiendo de la localidad: “En una ciudad son unos 4.500 euros y en un pueblo alrededor de 2.700”, según los cálculos de la aseguradora Santalucia. Y, por supuesto, de los extras que los familiares quieran incluir, algo que puede elevar la factura hasta 12.000 euros o más.
El descanso eterno es el pilar de una industria con solera en España de la que viven funerarias y aseguradoras y cuya demanda es estable. Porque si algo caracteriza al sector de las pompas fúnebres es su carácter anticíclico —la muerte no entiende de crisis económicas o del contexto geopolítico—. Las primeras, las funerarias, facturaron 1.679 millones de euros en 2023, un 1,58% más respecto a 2022, un crecimiento modesto, pero sostenido, de acuerdo con la Asociación Nacional de Servicios Funerarios (Panasef), que agrupa a empresas que prestan más del 70% de los trabajos fúnebres en España. Las segundas, las aseguradoras, ingresaron 2.835 millones (incluyendo coberturas complementarias), un alza del 5,5%, según ICEA.







