En la cumbre de la OTAN de La Haya en 2025, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, fue el saco de boxeo de Donald Trump, presidente de Estados Unidos. El líder estadounidense, que llevaba seis meses en la Casa Blanca, cargó contra España por la negativa del Gobierno a comprometerse a aumentar su gasto en defensa hasta el 5% del PIB. Fue el único aliado que no lo hizo. El Ejecutivo español señaló que dedicando un 2,1% de su PIB podría cumplir con los llamados "compromisos de capacidades", es decir, lo que cada aliado debe adquirir para contribuir a la defensa colectiva del club. Trump, muy enfadado con España, cargó contra el Gobierno en la rueda de prensa posterior a la cumbre. Desde entonces, Sánchez se ha convertido en un blanco recurrente de los ataques de Donald Trump. El presidente estadounidense ha llegado a amenazar con imponer aranceles a los productos españoles, como hizo durante la cumbre de La Haya. También ha deslizado la posibilidad de expulsar a España de la OTAN y, más recientemente, tras la negativa del Gobierno español a permitir el uso de las bases de Morón y Rota en las operaciones contra Irán, ha advertido de que podría romper los vínculos comerciales entre ambos países. Durante la cumbre de la OTAN en Ankara este miércoles, Trump volvió a atacar al Gobierno, e insistió en la amenaza de romper relaciones comerciales, como ya hiciera en marzo. El Gobierno se ha acostumbrado a estas amenazas y ha concluido que, hasta cierto punto, le interesan de cara a su electorado. La confrontación con Trump tiene rédito electoral, al menos entre sus votantes. Las fuentes gubernamentales admiten que, sin buscarlo, tampoco van a llevarse las manos a la cabeza por un choque. Cuando este miércoles Sánchez habló tras la cumbre de la OTAN y fue preguntado sobre si había confrontado a Trump por sus palabras, el presidente del Gobierno se limitó a explicar que habían hablado de fútbol. Pero Ankara en 2026 no es La Haya en 2025. Las críticas de Trump no se han limitado a España. El presidente estadounidense llegó a Turquía atacando a prácticamente todos los aliados clave. Insistió en reclamar para EEUU el territorio de Groenlandia, que depende de Dinamarca, amenazando con retirar todas las tropas estadounidenses de suelo europeo, y criticó a Reino Unido, a Francia o Alemania por lo que considera que ha sido una falta de apoyo durante las operaciones de Washington contra Irán. TE PUEDE INTERESAR Durante las semanas previas a la reunión, el presidente estadounidense ha insultado por redes sociales a Giorgia Meloni, primera ministra italiana, sugiriendo que la líder ultraconservadora, antes considerada como una de sus principales aliadas en la Unión Europea, estaba "obsesionada" con él. Justo antes de la cumbre escribió un mensaje en redes sociales con una foto junto a Meloni y con un mensaje claro escrito: "Orden de alejamiento". Cuando se encontraron en Ankara y saludó al líder republicano, la primera ministra italiana mostró claramente su incomodidad y su enfado, dejando a Trump hablando solo tras un breve apretón de manos. La realidad es que a puerta cerrada Trump mostró otra cara. Se concentró en la cuestión de Irán y, una vez terminado el encuentro, el presidente de EEUU insistió una y otra vez en la "unidad" mostrada entre los aliados. Así son las cosas en tiempos trumpianos: el resto de líderes pueden ser atacados durante horas en público y después tener un encuentro totalmente tranquilo a puerta cerrada. Para que una organización sobreviva a esos vaivenes, todos los miembros deben acostumbrarse a ser flexibles y a un cierto grado de arbitrariedad. Vivir contra Trump Todos aprenden a vivir con ello en un sentido. En 2025 todavía había algunos líderes que veían el atractivo de ser vistos como alguien cercano a Trump, o que, desde luego, el presidente de EEUU respetaba. Era también el resultado de una Europa que, electoralmente, se ha movido mucho a la derecha: casi todos los líderes son conservadores. Solamente Sánchez, uno de los pocos jefes de Gobierno socialdemócratas, tuvo siempre el incentivo de no evitar el choque con el presidente estadounidense o incluso, en alguna ocasión, buscarlo. Un año después, pocos líderes ven como un activo electoral llevarse bien con Trump. Con un líder que no olvida una sola afrenta, que es irascible y difícil de manejar, muchos líderes han perdido el interés por adaptarse a él, dejando a Mark Rutte, secretario general de la OTAN, que haga el trabajo sucio de adular a Trump y cumplir con su rol de “susurrador” del presidente estadounidense. Un papel que el holandés sigue jugando como pocos. En la cumbre de Ankara ha vuelto a elogiar sistemáticamente al inquilino de la Casa Blanca, en una estrategia centrada en convertir en éxito todo lo que tenga que ver con la Alianza Atlántica, mientras que aquellas cuestiones que generan tensión, como son las amenazas contra Groenlandia, quedan limitadas a asuntos bilaterales. El último en intentar jugar ese papel de adulador fue Friedrich Merz, canciller alemán, que apoyó con entusiasmo las operaciones estadounidenses contra Irán. Unas semanas después, sin embargo, acabó criticando la guerra y convirtiéndose también en blanco de los ataques de Trump. El presidente estadounidense ha cancelado el despliegue de sistemas de largo alcance en Alemania —que incluía misiles Tomahawk y misiles antiaéreos SM-6— y ha retirado del país a 5.000 efectivos. Para figuras como Meloni, ser visto como cercano a Trump ha dejado de ser atractivo. En Italia, las encuestas de YouGov muestran una caída en picado de la popularidad del inquilino de la Casa Blanca, desde el 28% de finales de 2025, a un 7% en mayo, que ha subido al 9% en junio. Las encuestas apuntan a una caída en su popularidad en todos los grandes estados miembros de la OTAN. TE PUEDE INTERESAR De alguna forma, Sánchez está enseñando el camino al resto de líderes de la Alianza Atlántica. Preguntado por cómo había encajado los últimos ataques por parte de Trump, el presidente del Gobierno ha señalado que con "calma, paciencia y una cierta normalidad". En realidad, esa está siendo la estrategia en general de los socios europeos en esta segunda presidencia Trump: no entrar en las provocaciones, ser pacientes y admitir que los ataques por parte del presidente de EEUU son la nueva normalidad mientras esté en la Casa Blanca. La fórmula de supervivencia pasa por reducir la exposición y tener paciencia y flexibilidad. La OTAN está tomando medidas en el primero de los puntos. Se esperaba que de esta reunión en Ankara surgiera ya una fecha para la siguiente cumbre, que se debe celebrar en Albania. Sin embargo, la declaración conjunta de los líderes no hace ninguna mención y Rutte ha admitido que todavía hay que poner fecha al encuentro. Según fuentes internas citadas por Bloomberg, el secretario general pretende posponer el encuentro para reducir las opciones de que Trump ataque a sus aliados. Especialmente en un país, Albania, que está precisamente entre el grupo de socios que no están cumpliendo con el objetivo que se había marcado para La Haya el año pasado de dedicar un 2% del PIB a defensa. En la cumbre de la OTAN de La Haya en 2025, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, fue el saco de boxeo de Donald Trump, presidente de Estados Unidos. El líder estadounidense, que llevaba seis meses en la Casa Blanca, cargó contra España por la negativa del Gobierno a comprometerse a aumentar su gasto en defensa hasta el 5% del PIB. Fue el único aliado que no lo hizo. El Ejecutivo español señaló que dedicando un 2,1% de su PIB podría cumplir con los llamados "compromisos de capacidades", es decir, lo que cada aliado debe adquirir para contribuir a la defensa colectiva del club. Trump, muy enfadado con España, cargó contra el Gobierno en la rueda de prensa posterior a la cumbre.
Sánchez fue el saco de boxeo de La Haya. Un año después, Trump tiene golpes para todos
Trump llegó a la cumbre enfrentado con buena parte de sus aliados: insistió en reclamar Groenlandia, amenazó con retirar las tropas de Europa y criticó a Reino Unido, Francia y Alemania por el escaso apoyo durante las operaciones contra Irán













