Decía Almudena Grandes, de quien habría que leer al menos una de sus novelas, que “la vida privada de la gente corriente vale para explicar la historia social de una nación”. La cita no es exacta porque la apunté entre sollozos cuando veía el documental sobre su figura en el que sus declaraciones, comprensibles como su prosa, te acercan un poco más a la mujer que anheló ser como Galdós con sus Episodios nacionales. Y pensaba en ella cuando veía a Elisa, que no encuentra piso en València y acaba de reservar uno a 20 minutos de la capital si la V-21 no va hasta arriba de coches; de José, que tiene una habitación libre y la quiere compartir porque le acaban de subir la renta del alquiler y no llega; de Rosa, con beca de investigación en el norte de España, pero que en realidad donde quiere vivir es en casa, de donde se fue cuando la cosa se puso “muy mala” para los titulados. Una mujer lee en la orilla de la playa iStockDe Lina, que ha viajado a Colombia para ver casar a su hijo, pero que vuelve en agosto para seguir trabajando ahora que ya tiene “papeles”, ella que coge el metro de l’Horta Sud al Marítim cada día y se ha quedado sin línea por las obras de reparación. Me resuena la camiseta de la selección de todos los niños del barrio, incluido el mío, que pasean el nombre de Lamine Yamal entre pintadas de las juventudes comunistas y consignas fachas, cumbias latinas y charlas sobre la turistificación. Una sociedad diversa, que se apunta a cerámica para templar los nervios, a yoga porque “no puede más”, que toma helados a las ocho de la tarde porque no se aguanta el poniente, que agota los aires acondicionados, los ventiladores de cuello y hasta los abanicos del “puto calor”. Una ciudadanía que habla en valenciano con el hijo y se cambia para pedir el pan, que ya no va a la Malva-rosa porque está llena de guiris, que tiene paella con amigos cada domingo, que se saca la silla a la puerta en cuanto corre el aire, pero es que “ya no corre na’”...No sé qué libro hablaría de nosotros, de esta gente acalorada, sufrida y harta, muy harta de las malas noticias, la corrupción, la indiferencia por el pobre, el griterío o el dolor. Que está narcotizada viendo lo de Venezuela porque aún sangran las heridas de la dana, a la que Trump le da más risa que miedo, que grita al “Perro” y mañana, ¿a quién le gritará mañana? Gente que se manda mensajes de audio para contarse la vida porque la vida misma “no le da” para verse en persona, que se junta en los tanatorios porque ahí no se falla y que se ama en la distancia porque encontrarse en persona se ha encarecido tanto como la casa que nos da cobijo, aliento y sombra, mucha sombra. Hilaríamos una historia entera entre el gol de Merino y el calor de este verano, donde está nuestra rutina. Ahí, dice Almudena, hay épica. Falta escribirlo. Por eso, lean mucho este verano, sobre todo para comprendernos.Redactora en la Comunidad Valenciana. Escribe de actualidad empresarial y sociedad. Ha trabajado en VIA Empresa y Canal 9, y fue becaria en Las Provincias. Es licenciada en Periodismo y Comunicación y tiene un Máster en Periodismo Digital