Marine Le Pen está ya en campaña presidencial gracias a la luz verde, aunque ambigua, que le dio el martes la justicia. La líder de la extrema derecha francesa, condenada por segunda vez por malversación de fondos del Parlamento Europeo, se desplazó a la localidad de La Flèche, en el departamento de Sarthe (centro-oeste), a tres horas en coche de París.El cuarto intento de Le Pen de alcanzar el Elíseo -su padre, el fallecido Jean-Marie, se presentó en cinco ocasiones- ha sacudido la escena política porque se produce en circunstancias insólitas. La dirigente del Reagrupamiento Nacional (RN), que encabeza destacada los sondeos, aspira a la máxima magistratura a pesar de una sentencia severa del Tribunal de Apelación de París, por hechos graves, y de un escenario jurídico que podría todavía complicarse.La candidata, de ambición tenaz e incombustible, ha optado por un riesgo calculado y no ha mostrado ningún pudor ético. Sigue proclamando su inocencia. Después de las dudas jurídicas iniciales que planteó la sentencia, muy compleja, hay algo claro: nada impedirá en principio a Le Pen concurrir a los comicios previstos, en dos vueltas, el 18 de abril y el 2 de mayo del 2027. Ese fue el sentido de las declaraciones a la televisión de la procuradora general del Tribunal de Apelación, Suzanne Le Quéau. Le Pen comenzará la campaña sin tobillera electrónica. La única duda es si deberá terminarla con el dispositivo puesto.El recurso presentado por los abogados de Le Pen ante el Tribunal de Casación -equivalente al Supremo español- podría resolverse a finales de este año o, como máximo a principios de abril del 2027, según se indicó en un comunicado. Hay dos posibilidades: que confirme la última sentencia o que la anule y ordene un nuevo juicio. En el primer caso, se mantendría la pena de tres años de cárcel, aunque solo uno firme, que se cumpliría en su propio domicilio y con salidas autorizadas y monitorizadas con un aro electrónico. Eso podría dificultar logísticamente la campaña de Le Pen en el tramo final, pero no impedirla. Además, no se sabe si el juez de aplicación de penas la obligaría a llevar el dispositivo todo el tiempo o tendría en cuenta el contexto. Suele haber flexibilidad. En el supuesto de una confirmación de la condena, si Le Pen ganara las elecciones no habría obstáculo legal para que asumiera la presidencia. El cumplimiento de la pena quedaría suspendido porque, como jefa de Estado, gozaría de plena inmunidad. La purga del delito se reanudaría en cuanto abandonara el Elíseo.El fallo del Supremo será en abril como máximo, y aunque sea condenada, no le impedirá a Le Pen ser presidentaHábil para llevar el agua a su molino, Le Pen reiteró en La Flèche, que tiene alcalde del RN, que el Tribunal de Apelación le otorgó el derecho a ser elegida, al considerar cumplidos los 15 meses de inhabilitación impuestos, y que solo está haciendo pleno uso del Estado de derecho y de la democracia. Ni palabra sobre el embarazo ético que supone aspirar al cargo más alto de la República como condenada.Le Pen acudió a Le Flèche acompañada por su delfín y presidente del RN, Jordan Bardella, de 30 años, que habría sido candidato en la eventualidad de que a ella los jueces le hubieran cerrado el paso. Ahora Bardella vuelve a ser el hombre designado para primer ministro, como ocurrió en el 2024, si el RN gana las legislativas que habrá después de las presidenciales.La candidata va a un mercado a tres horas de París y la reciben manifestantes que la llaman delincuenteLa primera excursión de campaña de la flamante candidata fue fugaz. La intención era visitar el mercado local, un deseo que se vio rápidamente truncado por la presencia de manifestantes de izquierda que abuchearon a Le Pen y la llamaron “delincuente”. Pese a todo, ella y Bardella estrecharon manos de simpatizantes y accedieron a hacerse selfies. En breves declaraciones, insistió en dejar atrás el contencioso judicial y en concentrarse en el mensaje a los votantes para reconstruir el país.A Le Pen le preguntaron por el cartel de campaña, que ya estaba preparado y fue desvelado después de que confirmara su candidatura en el telediario de TF1. En él se ve a la candidata sonriente y con los brazos abiertos, en pose de Moisés, y este texto: “Por Francia. El renacimiento”. Fue una elección curiosa porque el partido de los simpatizantes de Macron se llama Renacimiento. Le Pen negó que fuera un guiño al exprimer ministro Gabriel Attal, actual líder de la formación macronista, y que al hablar de renacimiento piensa en las escuelas, la justicia, la seguridad ciudadana y la soberanía nacional.Las reacciones a la decisión de Le Pen entre los otros partidos son muy críticas. Otro candidato a la presidencia, Édouard Philippe, exprimer ministro de Macron y líder del partido de centroderecha Horizontes, puso de relieve las contradicciones de la aspirante ultra y sostuvo que la sentencia “la coloca ante su propia conciencia”. De todos modos, indicó que prefería enfrentarse a ella en las urnas en vez de que verla eliminada por los jueces.En su editorial, Le Monde denunció “los principios fluctuantes de Marine Le Pen”. Para el rotativo, su decisión de presentarse “recuerda la naturaleza del RN, una formación en la que un clan familiar controla celosamente el destino después de más de 50 años”. Según el diario, la llegada al poder de la extrema derecha, por sus “ideas nefastas” en temas como la inmigración y su inconsistentes propuestas económicas, sería “un peligro de primer orden para Francia”.Corresponsal de 'La Vanguardia' en París desde el 2018. Anteriormente fue corresponsal en Alemania (1994-2002), en Estados Unidos (2002-2009) y en Italia y ante el Vaticano (2009-2018)