La justicia francesa abrió ayer la puerta a Marine Le Pen (57 años), líder del partido de extrema derecha Reagrupamiento Nacional, a volver a ser candidata al Elíseo por cuarta vez, y ella decidió aprovechar la oportunidad. El Tribunal de Apelación de París falló sobre el recurso que había presentado por su condena a cuatro años de cárcel y cinco de prohibición de concurrir a elecciones por malversación de fondos de la UE, al haber contratado durante años supuestos asistentes en el Parlamento Europeo que, en realidad, trabajaban para su partido en París.La sentencia, una compleja filigrana jurídica, rebaja la condena a tres años de cárcel, uno de ellos firme. Sin embargo, permite a la líder ultraderechista presentarse a las elecciones presidenciales de abril, rebajando la pena de inhabilitación. El fallo, sin embargo, obliga a Le Pen a llevar durante un año un brazalete electrónico. Ello significa que debería realizar la campaña electoral con ese dispositivo. “Si se me permite ser candidata, pero se me impide hacer campaña libremente, entonces comprenderán que eso no sería posible”, había declarado Le Pen la semana pasada, lo que supondría renunciar y dejar paso como candidato a su delfín, Jordan Bardella, actual presidente del partido.Anoche Marine Le Pen despejó la incógnita desdiciéndose de sus declaraciones anteriores y asegurando en una entrevista televisada que “me presentaré a la presidencia de la República sin brazalete electrónico” y que apelará la sentencia ante el Tribunal Supremo francés, mostrándose contenta de que el pueblo francés tenga la última palabra.La líder de la extrema derecha francesa dice que se presentará a las elecciones presidencialesUna de las incógnitas es el plazo y la duración efectiva de la condena a llevar un brazalete electrónico. Si Le Pen ofrece las garantías necesarias al juez de aplicación de penas, este podría acordar una reducción y podría tener que llevarlo solo durante seis meses. Lo cierto es que el tribunal se ha sacudido la responsabilidad de pronunciarse sobre si Le Pen podía o no ser candidata y le tocó a ella valorar si es oportuno que una potencial presidenta de la República haya sido condenada y pueda tener que acudir a los mítines de campaña con un dispositivo electrónico que podría llevar también en la toma de posesión de su cargo. Y ha decidido jugar esa carta.Marine Le Pen ha hecho en estos últimos años de Reagrupamiento Nacional el partido con más diputados en la Asamblea Nacional y en su último duelo con Macron, en las presidenciales del 2022, obtuvo el 41,4% de los votos, el récord histórico para la extrema derecha francesa. Ha estado inmersa en política desde la infancia, y es difícil imaginarla desempeñando un papel secundario. Quedó tercera en las presidenciales del 2012 y fue derrotada por Macron en el 2017 y, como decíamos, en el 2022. Con ventaja en las encuestas para las elecciones del próximo año, y sin Macron como candidato, esta era su mejor oportunidad para ganar la presidencia, y ha apostado por aprovecharla.Su mayor éxito ha sido limpiar la cara y desdemonizar el Frente Nacional que su padre había creado, para así incorporarse a la corriente política principal. Aunque las políticas antiinmigración siguen intactas, con promesas de priorizar viviendas, empleos y prestaciones para los ciudadanos franceses, ha desaparecido el racismo y el antisemitismo manifiestos de su padre, fallecido el año pasado, y en diversos campos, la frontera ideológica entre RN y los partidos de la derecha tradicional es difícil de apreciar.La justicia le permite ser elegible, pero le obliga a llevar durante un año un brazalete electrónicoLa que iba a ser la alternativa como candidato presidencial del RN, Jordan Bardella, es un hombre joven (30 años) que nunca ha trabajado fuera del ámbito político y que tiene buenas dotes para la comunicación, pero carece de experiencia de gestión, tanto pública como privada. Emplea la retórica populista y antiinmigración habitual del RN, indicando a los seguidores de la vieja escuela de Le Pen que continuará con su legado, pero se reúne con líderes empresariales y promete medidas para protegerlos de una “camisa de fuerza fiscal y regulatoria insoportable”. Afirma que quiere renegociar la pertenencia de Francia a la UE, lo que agrada a los euroescépticos, pero asegura que no pretende “destruir nada”.Las encuestas de estos días sugerían que tanto Le Pen como Bardella ganarían cómodamente la primera vuelta de las elecciones del 2027. Un sondeo en mayo pronosticaba que Le Pen ganaría la segunda vuelta contra el radical de izquierdas Jean-Luc Mélenchon, y contra los ex primeros ministros centristas Gabriel Attal y Édouard Philippe. Los dirigentes del RN insisten en que Bardella y Le Pen están unidos y harán campaña como un equipo, pero han surgido tensiones entre ambos, especialmente en lo que respecta a la política económica, ya que Bardella aboga por una línea mucho más liberal.