Cuando se habla de deuda pública y se debate su sostenibilidad, el caso de Japón siempre irrumpe en la conversación o debate de aquellos que aseguran que la deuda no es un problema siempre que el país ostente la soberanía monetaria. Este paradigma podría estar a punto de romperse en mil pedazos. La economía de Japón se asemeja hoy a dos trenes que van a colisionar a cámara lenta, con una política fiscal (un tren) y política monetaria (el otro tren) que de mantenerse en la dirección actual terminarán colisionando (son insostenibles). La prueba de ello es la fuerte depreciación que está sufriendo el yen y la subida de la inflación, que antes o después forzarán a las autoridades japonesas a endurecer su política monetaria (con los riesgos que conlleva) o a recortar el gasto público para cuadrar las cuentas.Sin ir más lejos, este mismo miércoles los costes de endeudamiento de Japón se han disparado a su nivel más alto en 30 años, mientras los inversores se muestran preocupados por la caída del yen y el impacto del plan de gasto a largo plazo de casi 2 billones de euros que impactará en la ya enorme deuda del país. La venta masiva de bonos del gobierno japonés este año ha elevado el rendimiento del bono de referencia a 10 años al 2,87% el miércoles, su nivel más alto desde 1996. Los inversores temen que las políticas de la primera ministra Sanae Takaichi, centradas en un plan de gasto de 2,3 billones de euros (casi como dos economías de España) en 14 años, impulsen la venta masiva de deuda a largo plazo. Algunos también temen que el Banco de Japón, que ya elevó los tipos de interés al 1% el mes pasado, se quede rezagado y permita que la inflación supere su objetivo del 2%. La economía de Japón es como dos trenes que van a colisionar antes o después.