Hay ciertos partidos que deben ser jugados como lo jugó ayer la Selección Argentina. Porque el fútbol es todo: juego, marca, habilidad, físico, corazón, garra, toque. Una mezcla perfecta hecha deporte. Argentina jugó con la mezcla de todo eso ante Egipto. No podía irse derrotada como estaba. No podía irse Messi como se fueron Modric, Cristiano o Neymar. Él no. Y al rescate fueron sus compañeros. Argentina es una Selección que tiene la mezcla perfecta. Que puede perder también, claro, pero que venderá cara su derrota. Ayer lo demostró otra vez. Estaba 0/2 en el minuto 79. Ya había errado un penal Messi. Ya estaban disfrutando todos su derrota. Messi sabía que no estaba en “su” partido. Que no había estado bien. Pero todos sabíamos que alguna iba a tener… Apareció Messi y mostrando que no estaba fino tuvo que tirar el centro dos veces hasta encontrar solito y solo a Cuti Romero. Y adentro 1/2. Nacía otro partido. Uno de 15/20 minutos. Y el estadio se le vino encima a Egipto. La sensación inmediata en Atlanta fue que Argentina lo empataba. Y fue.

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