El fútbol, sobre todo en los Mundiales y particularmente en la Argentina, y en especial con todo lo que hace Messi, tiene ese poder hipnótico como el mar y como el fuego, que uno puede estar horas y horas y horas viéndolo y en ningún momento va a sentir que se cansa. Uno agradece a la vida poder ver demostraciones como la de ayer, y también se agradece al fútbol por transmitir las emociones que transmite. Al mismo tiempo, se detiene a pensar cuántas cosas pueden ocurrir en este caso, un partido de fútbol, tan parecidas a cómo es la vida. Ese concepto, esa idea que a veces se repite y en muchas oportunidades de tanto repetirse se deforma, del “se juega como se vive”, cuando se entiende y cuando se analiza y cuando se pone sobre el tamiz, sin caer en las exageraciones, tiene mucho de verdad. Argentina vs Egipto En cada uno de los partidos que ha jugado la Argentina hay parte del sufrimiento, de la resiliencia, del corazón, del talento, de la improvisación y del método, del esfuerzo, la creatividad. Pero también del trabajo, de lo que cada uno de nosotros todos los días ponemos en nuestro movimiento, en nuestra cotidianidad, en nuestra acción de vivir la vida.

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