De susto en susto, Argentina sobrevive. Si la clasificación en Miami fue agónica, el billete en Miami para los cuartos de final fue milagroso. Inexplicable desde lo futbolístico, solo queda recurrir a lo esotérico, a un pacto con las parcas. Messi le miró a la eliminación y le dijo que no, que hoy no, que no estaba listo para marcharse. En menos de un cuarto de hora, deshicieron las maletas cuando ya casi estaban a punto de embarcar para Buenos Aires.Un cabezazo de Romero y zurdazo de Messi empataron en un abrir y cerrar de ojos un partido que tenían perdido contra Egipto. Pero es que en el 92, lejos de especular, otro remate con la testa de Enzo Fernández les dio la victoria. Un triunfo que nadie imaginaba. Un pase en el que poquísimos confiaban. Quizás solo Messi y sus muchachos, que se negaron a ondear la bandera blanca. Por jerarquía pero también por fe están en las ocho mejores.La albiceleste resucita, vuelve del más allá de los eliminados, donde la esperaban Brasil y Cristiano RonaldoArgentina fue mejor luchando contra sus fantasmas que contra Egipto. Sacó todo su orgullo cuando tenía el agua al cuello, porque no le queda ni siquiera el consuelo de que el arbitraje le fuese en contra. Para nada. Las jugadas grises le favorecieron, cayeron todas de su lado, con el penalti a Tagliafico y, sobre todo, con el gol anulado a Ziko por una falta casi al lado del córner de la portería de Egipto.Pero la albiceleste entró en barrena y casi colapsa. Demasiado emocional, apenas ofreció soluciones futbolísticas más allá de los 14 minutos finales que fueron una absoluta locura y que acabaron provocando el llanto de Leo Messi, míster Mundial, que no quiere que su historia se acabe. Acabó manteado.Enfrente tenía uno de los peores rivales porque si de algo va sobrado Esgipto, gigante dormido de África, es de regate. Los Salah, Ziko o Hassan, capaces de desesperar a cualquier defensa, tuvieron en su mano a Argentina. Se les escapó.Entendió Scaloni que Argentina necesitaba un nuevo impulso tras necesitar de la prórroga (y de un gol de rebote tras un córner) para eliminar a Cabo Verde y el seleccionador de la albiceleste introdujo un cambio por línea, tres en total, y siempre pensando en atacar mejor con las incorporaciones de Tagliafico por el lateral izquierdo, desde el criterio en la circulación de Paredes en el medio y a partir de la movilidad y los desmarques de Julián Álvarez en el área.Ocho goles en cinco partidosEl diez asiste a Romero y marca el tanto del empate para liderar la Bota de Oro y para dar fe a su selecciónSi algo tiene Argentina es que ha aceptado con una integridad casi monacal el hábito de campeona que debe defender el título y siempre entra a por el partido. Otra cosa es que la claridad de las ideas en el césped, donde a la hora de la verdad o inventa Messi o hay poquísimas luces. Con la ambición y con el carácter, que está, no siempre alcanzará. De momento, sí.Por primera en el Mundial norteamericano, la albiceleste comenzó perdiendo y eso todavía la puso más al borde del abismo porque además ponía a prueba los nervios y la capacidad de reacción con el marcador en contra tras el cabezazo de Yasser Ibrahim, que se aprovechó del punto débil de Lisandro Martínez, la altura.Tocaba dar la vuelta. Si entra una, entran todas. Ese pareció ser el pensamiento de los argentinos en las gradas del estadio de Atlanta, tan frío por el aire acondicionado como por el temor de la hinchada de la albiceleste a un adiós prematuro.El problema es que enfrente estaba Shobeir, el joven portero del Al Ahly. Y si en algo se han especializado los muchachos de Messi es en convertir el guardameta rival es el nuevo Buffon. Ya pasó con Vozinha en dieciseisavos y ahora con Shobeir en los octavos.Egipto tuvo a la campeona en sus manos y se le escapó en el minuto 92 con el gol a la contra de EnzoPudo solventar el jeroglífico pronto la albiceleste cuando Hassan, el extremo del Oviedo, trabó en el área a Tagliafico solo cuatro minutos después del 0-1, pero Leo Messi es humano desde los 11 metros. Es el segundo penalti que falla en el torneo porque Shobeir le adivinó el lado y le dejó sin el empate.Argentina siguió intentándolo con paciencia y atacando por las bandas pero todas sus mejores ocasiones acabaron igual, en los guantes de Shobeir. Es lo que pasó con el cabezazo a bocajarro de MacAllister tras un buen centro de De Paul por la derecha o en un remate al primer toque de Julián tras una internada de Tagliafico por la izquierda. Ahí estaba el portero egipcio, vestido de amarillo con sus manoplas rojas.Y donde no llegaba, el poste se aliaba con él como en una falta directa en la que Messi superó la barrera y que repelió la madera.Argentina se iba perdiendo al descanso pero lo peor estaba por llegar porque en una cabalgada espectacular Hassan se plantó en el área y le regaló el gol a Ziko. Era el 0-2. Pero la alegría les duró poco porque el VAR detectó un pisotón de Attia a Lisandro en la recuperación del balón en una decisión polémica.Salvados por la campana, pensaron los argentinos. Pero a renglón seguido los mismos protagonistas calcaron la jugada y esta vez sí que subió a la gigantesca pantalla 360 grados del estadio.Argentina lo tenía todo en contra. Nadie hubiera dado un dólar por ella. Entonces pasó lo inesperado, lo inexplicable y lo imposible. La albiceleste se levantó. Resurgió de sus cenizas, resucitó, volvió del más allá de los eliminados, donde la esperaban Alemania, Brasil y Cristiano Ronaldo.Liderada por un Messi incombustible, se rebeló contra el destino que tenía ante sí. Casi de la nada, en seis minutos igualó la contienda. El diez le puso un balón a la cabeza de Romero que acortó distancias y en una jugada embarullada se sacó un zurdazo que empataba el encuentro con su octavo gol en el Mundial, en lo que significaba su noveno partido consecutivo marcando.Cualquier hubiera optado por bajar pulsaciones y buscar la prórroga. No lo hicieron ni Egipto -y eso les costó la eliminación-, ni Argentina, que juega con el corazón en un puño, para bien y para mal. Paredes cortó una tres contra dos de los faraones, que insistieron. Del posible 2-3 y de reclamar un penalti se pasó al 3-2. Un balonazo largo le cayó a Lautaro, que levantó la cabeza y centró para que Enzo confirmase que el Mundial es distinto a todo y que aquí Argentina y Messi tienen varias vidas.Periodista que cubre la información de Deportes en La Vanguardia desde 2006. Vibra con el fútbol y el ciclismo. Asiduo del Camp Nou, de Castalia y de los puertos del Tour