En 1991, en plena explosión del grunge, el mismo año en que Nirvana lanzaba ‘Nevermind’, tres jóvenes afincados en Los Angeles con aspiraciones artísticas decidieron encerrarse en un garaje, colgarse los instrumentos y hacer ruido. La historia de Dogstar podría confundirse con la de cientos de bandas nacidas al calor de esa nueva subcultura musical y juvenil que abrazaba las guitarras distorsionadas, una estética descuidada y unas letras cargadas de melancolía y desencanto social. Sin embargo, había algo extramusical que diferenciaba a aquella banda del resto. En sus filas, uno de sus miembros estaba destinado a triunfar lejos de los focos del rock alternativo.
Keanu Reeves, bajista de la banda, ya apuntaba maneras en la gran pantalla. Ese mismo año el actor nacido en Líbano y criado en Canadá protagonizó la película de acción ‘Point Break’ (aquí traducida como ‘Le llaman Bodhi’), dirigida por Kathryn Bigelow, en la que encarna a un agente novato del FBI infiltrado en una banda de surfistas, y un drama sobre dos gays que ejercen la prostitución callejera titulado ‘My Own Private Idaho’, de Gus Van Sant, junto al malogrado River Phoenix.
Según la versión más extendida, Reeves y el futuro batería de su banda se conocieron en un supermercado ese mismo año. Robert Mailhouse también era actor, principalmente de televisión. Ya había dado el salto a la pequeña pantalla con un papel en una de las series más populares del momento, ‘Days of Our Lives’. Su rostro era familiar para millones de estadounidenses, pero no tanto como el de Reeves, un ídolo juvenil para la llamada generación X cuya trayectoria cinematográfica apenas estaba despegando. Estaban por llegar papeles como el de Jonathan Harker en ‘Drácula, de Bram Stoker’; Neo en la taquillera ‘Matrix’ o, más recientemente, John Wick en la entretenida saga de acción y mamporros del mismo nombre.










