Entrevista Exclusivo suscriptores El expresidente de la Corte Constitucional habló sobre los 35 años de la Constitución y los retos en la polarización del cambio de Gobierno.Manuel José Cepeda forma parte del equipo de Colombia en la Corte Internacional de La Haya. Foto: Claudia Rubio. Archivo EL TIEMPOEDITOR MESA07.07.2026 15:56 Actualizado: 07.07.2026 16:14 PERIODISTA JUDICIAL07.07.2026 15:56 Actualizado: 07.07.2026 16:14

En entrevista con EL TIEMPO, el expresidente de la Corte Constitucional advierte sobre los riesgos de impulsar una asamblea constituyente en medio de la polarización, defiende el papel de la Corte como garante de los derechos y sostiene que el mayor reto de la Carta de 1991 no es cambiarla, sino cumplirla.Estamos en el Congreso Mundial de Derecho Constitucional y nos acompaña Manuel José Cepeda, uno de los padres de la Constitución de 1991, expresidente de la Corte Constitucional y una de las voces más respetadas del derecho en Colombia. Cuéntenos, ¿cuál es el objetivo de este evento? Vemos asistentes de África, Asia, Europa y América Latina hablando de la Constitución colombiana y del derecho constitucional en el mundo.La Asociación Mundial de Derecho Constitucional organiza cada cuatro años un congreso para discutir cuáles son los principales desafíos que enfrentan las constituciones en el mundo. Para Colombia es un gran honor que hayan escogido al país como sede de este encuentro. Eso refleja, primero, que la Constitución de 1991 es una constitución muy respetada en el mundo entero. Segundo, que se admira lo que ha pasado con la Corte Constitucional, la acción de tutela y la protección de los derechos. Y tercero, que el mundo quiere mirar cómo Colombia, pese a tener tantos problemas, ha logrado afrontarlos dentro del respeto por la Constitución. Por eso hay 2.500 profesores de derecho constitucional de todo el mundo reunidos en la Universidad Externado, en Bogotá.Uno de los mensajes que vimos durante la instalación fue que la Constitución del 91 no debería tocarse y que hay que proteger su esencia. ¿Por qué cree que se está dando ese mensaje? ¿Cuál es la importancia de que una Constitución se consolide y se desarrolle sin reformas de fondo o grandes cirugías, salvo que exista un consenso nacional como el que hubo en 1990 y 1991?Es un punto muy importante. La Constitución de 1991, como muy bien lo anotas, fue una Constitución hecha por consenso, fruto de un acuerdo muy amplio entre múltiples fuerzas políticas. Solo no participó una fuerza política, que fue la única que se negó a rechazar el uso de la violencia como arma política. De resto, prácticamente el 98 % de la representación política firmó los acuerdos para convocar la Asamblea Constituyente. La Constitución del 91 no se hizo contra nadie; se hizo para proteger a todos. Y lo más importante es que fue la primera en la historia de Colombia que no fue impuesta por el ganador sobre el perdedor. Es una Constitución de todos y para todos. Por eso, el mensaje que ha surgido de este Congreso Mundial es que se proteja la Constitución del 91 frente a la polarización. Muchos países atraviesan situaciones de polarización y el riesgo es enorme, porque si uno de los extremos quiere apropiarse de la Constitución, cambiarla e imponer una constitución de bolsillo, pierde sentido ese pacto fundamental que nos une y nos protege a todos. De ahí ese llamado tan importante para Colombia. El tema de una constituyente, primero por fuera de los canales establecidos por la Constitución y luego mencionado en varias ocasiones por el presidente Gustavo Petro, tomó fuerza e incluso llegó a la campaña presidencial. ¿Cree usted que ese riesgo todavía existe?Yo creo que ese riesgo existe porque ha sido planteado desde hace mucho tiempo por un sector minoritario. Lo que ocurrió es que durante estas elecciones se convirtió en un tema de campaña y por eso adquirió una dimensión mucho mayor. Desde hace años ha habido sectores que han querido promover un cambio total de la Constitución. Pero es muy peligroso que, en un ambiente de polarización, se convoque una Asamblea Constituyente sin acuerdos previos, sin consenso y sin un norte claro. Eso no lo tenemos hoy. Por eso, en alguna entrevista que concedí a EL TIEMPO, propuse reformar el artículo de la Constitución sobre las asambleas constituyentes para que la ley mediante la cual se consulta al pueblo si quiere o no una constituyente sea aprobada por una mayoría calificada de dos terceras partes del Congreso. Eso obliga a que siempre exista acuerdo y consenso, y evita que quien se considere ganador intente aplastar al otro imponiéndole una constitución de bolsillo.Presidenta de la Corte, magistrada Paola Meneses durante el Congreso en Derecho Constitucional. Foto:Corte.Treinta y cinco años después, ¿qué le falta a la Constitución del 91? ¿Qué errores pudieron haberse cometido?La Constitución de 1991 ha sido reformada 68 veces. Eso demuestra que, a medida que Colombia cambia, surgen nuevos temas y es necesario hacer ajustes. Y eso está bien. Está bien que la Constitución evolucione y responda a las necesidades de las personas. Si existe un problema en la Constitución, puede reformarse mediante un acto legislativo, sin necesidad de convocar una Asamblea Constituyente. Ahora bien, ¿qué le falta? Le falta que sea aplicada mediante políticas públicas que realmente protejan a la gente. El gran responsable de que las promesas de la Constitución se hagan realidad son los gobernantes y los políticos. Si la Constitución promete, por ejemplo, el derecho al trabajo, deben existir políticas macroeconómicas y de estímulo al empleo que permitan garantizarlo. No es posible que una sentencia le garantice trabajo a todo el mundo. Ahí hay un papel fundamental para los gobiernos, el Congreso y también para los actores económicos. Y lo mismo ocurre con prácticamente todos los mandatos constitucionales. Lo que falta es más política, mejores políticos, mejores gobiernos y mejores congresos promoviendo la aplicación real y efectiva de la Constitución.En 1991 Colombia no tenía Corte Constitucional. Existía la Sala Constitucional de la Corte Suprema. ¿Cuál es la importancia de contar con un tribunal constitucional independiente como el que se ha desarrollado en Colombia?La mayoría de los países cuentan hoy con un tribunal constitucional porque la interpretación de la Constitución es una tarea compleja. Se necesita un órgano especializado que se dedique exclusivamente a interpretar la Constitución, entendiendo las realidades del país y respondiendo jurídicamente a las necesidades y expectativas de las personas. Esa tarea es muy difícil y por eso se requiere una Corte Constitucional. Además, se necesita un gran árbitro para resolver conflictos que dividen a la sociedad, que generan polarización o enfrentamientos complejos. Eso es lo que ha ocurrido en Colombia durante estos 35 años. El país ha atravesado situaciones muy difíciles y muchas veces termina diciendo: “Esperemos a ver qué resuelve la Corte Constitucional”. Una vez la Corte decide, se pasa la página y el país puede seguir avanzando. Y hay un tercer aspecto. Muchas veces los procesos políticos se traban, no logran aplicar la Constitución o no avanzan en la garantía de los derechos. Cuando eso ocurre, una Corte Constitucional cumple un papel fundamental porque interviene para proteger los derechos de las personas frente a fallas del sistema político, de las regulaciones o de las políticas públicas. Eso ha dado pie a que algunos sectores digan que las cortes están legislando, cuando en realidad parecen estar llenando vacíos que otras ramas del poder público no han resuelto...Exactamente. Existe un gran dilema: si no se tapa el hueco, ¿se deja que las personas se caigan en él y se mueran allí? La respuesta es no. Las cortes tienen que intervenir para impedirlo, sobre todo cuando caer en ese hueco significa perder la vida, la salud, la pensión, la libertad de prensa, la libertad de expresión o la libertad de protesta. La Constitución protege esos derechos y, si no existe una protección efectiva, los jueces deben intervenir para garantizarla. Sin entrar en una discusión política, tenemos a un presidente que afirma que quien fue reconocido como ganador de las elecciones no es realmente el presidente electo y que ganó quien quedó de segundo. ¿Cómo se sale de una situación así?La Constitución de 1991 ha demostrado durante 35 años una gran capacidad para afrontar toda clase de problemas. Este tema está contemplado en la Constitución. El presidente de turno no le entrega el poder al ganador. El ganador es elegido por el pueblo, el Consejo Nacional Electoral certifica quién ganó y esa persona se posesiona ante el presidente del Senado. El presidente saliente no tiene nada que ver con el acceso al poder del presidente electo. Por eso, desde el punto de vista constitucional, no importa que el presidente de turno diga que no reconoce al ganador. El ganador es declarado por un órgano constitucional y la Constitución establece el mecanismo para que asuma el cargo, respetando la voluntad popular. El tema del empalme es distinto y más delicado. El empalme se hace en beneficio del pueblo. Busca que exista una transición ordenada y que el nuevo gobierno conozca los problemas del país para prepararse y resolverlos. No es un diálogo entre opuestos. Es una institución diseñada para que quien llega sepa qué está pasando y pueda empezar a atender los problemas que afectan a las personas. Finalmente, doctor Cepeda, ¿cuál es su mensaje para el colombiano de a pie que nunca ha tenido una Constitución en sus manos y que no conoce sus artículos? ¿Por qué debería importarle?La Constitución es fundamental porque es la regla básica que permite jugar el partido. Ya que estamos en un mundial, podríamos decir que la Constitución fija las reglas del juego. Es la que determina cuándo hay una falta, cuándo se cobra un tiro libre o cuándo hay un penalti. Pero, sobre todo, establece las garantías para los jugadores. Define qué está permitido y qué no, cómo funciona un país y cómo funciona la vida cotidiana de las personas. Por eso, como esta ha sido una Constitución viva y con un impacto real en la vida de la gente, en Colombia se han presentado hasta la fecha cerca de 12 millones de acciones de tutela. En un país de 53 millones de habitantes, esa cifra demuestra que millones de colombianos han comprobado que la Constitución los protege. Cuando alguien le comete una falta a un colombiano, la Constitución entra a protegerlo. Por eso es tan importante conocerla: porque allí están los derechos y las reglas del juego.Redacción Justicia Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.