OPINIÓN

Ángela María Ceballos

Hoy la conversación sobre la gestión del talento humano ha cambiado de manera profunda. Ya no gira únicamente en torno a la compensación, los beneficios o las estructuras organizacionales. Sin dejar de reconocer la importancia de estos factores, hay una pregunta que, desde mi perspectiva, está redefiniendo la manera en que atraemos, desarrollamos y fidelizamos el talento: ¿Qué sentido tiene trabajar aquí?

Puede parecer una diferencia sutil, pero estoy convencida de que refleja un cambio estructural en la forma en que las personas se relacionan con las organizaciones.

Durante años, el empleo se construyó desde una lógica principalmente transaccional: estabilidad, desarrollo profesional, competitividad y una compensación justa. Aunque estos elementos siguen siendo necesarios, hoy ya no explican, por sí solos, las decisiones que toman las personas. Cada vez resulta más evidente que la conexión con un propósito influye de manera directa en la vinculación, la permanencia, el compromiso y el desempeño.